Exposición Individualjun 2022 - nov 2022· Por Pilar Altilio

Clorindo Testa

Galería Del Infinito

Apelando a recuperar su estilo tan particular, la muestra “Testa, proyectos y otros juegos”, que se pudo ver en Galería Del Infinito, resultó un desafío particular, pues la arquitectura del espacio de exhibición contrasta particularmente con una parte de sus obras, que mantienen un espíritu de obra en construcción. Es que Clorindo Testa (1923-2013), arquitecto y artista visual, supo concebir su trabajo como un juego dinámico, donde se mezclaban la experimentación y el concepto. La sala principal reunió pinturas, esculturas, instalaciones y obra en papel, mientras que en otra complementaria se montaron las maquetas y los dibujos en papel de algunos proyectos que fueron “rechazados”, o que nunca llegaron a concretarse. Su esposa e hija crearon una fundación para preservar su legado, y algunas de las obras que se vieron en sala nunca habían conocido un espacio de galería. Con un plus interesante, ya que trajeron una de sus mesas de trabajo, aquella que contiene las innumerables huellas que el tiempo fue dejando, sobre la que se apoyan una serie de dibujos inéditos sobre papel, que permiten percibir cómo se plasmaban sus ideas en la intimidad del taller.

Exposición Individual: Clorindo Testa — imagen 1
Clorindo Testa. Confesionario (Obispo vivo), 1989. Madera, hierro y pintura en aerosol. 170 x 60 x 90 cm (66 59⁄64 x 23 5⁄8 x 35 7⁄16 pulgadas).

Se requirieron para el montaje seis días, ya que había que instalar los apuntalamientos, curiosos sistemas de uso corriente en arquitectura para sostener muros y techos, que Testa resignificó trasladándolos a otro espacio como parte de un señalamiento sobre su idea de “apuntalar” la cultura mediante la labor de los artistas. Con el mismo criterio de traspasar metafóricamente el uso de lo destinado a ser útil apenas temporalmente, la instalación Obispo muerto, hecha con papel, madera y pintura en aerosol, obra de 1989, nos muestra un cuerpo yacente y plateado que se vincula con el inventario dibujado por el obispo Martínez Compañón, del Virreinato del Perú, quien, a finales de 1700, mandó a España dibujos sobre las costumbres, la fauna, la flora, las vestimentas, y lo que estaba sucediendo en el lugar, omitiendo describir el sufrimiento humano y la esclavización detrás de todo eso. Se integra por similitud a una segunda pieza, Confesionario (obispo vivo), que acoge dentro una silla en un espacio muy limitado sobre el que pende La mitra del obispo, hecha en papel madera, pintada de plateado, color del metal que era extraído de las minas del Perú para llevar a Europa. En la sala principal, Jaula con perros, obra de 1997, juega con un detalle que no todos consideran; el mismo artista lo describió: “Puse los tres perros, y uno de ellos tenía seis patas, pero nadie lo advirtió. Podés inferir de eso que, por más que la gente se vaya transformando y aparezcan cosas rarísimas, nadie va a tener ningún asombro. Todo se va a amoldar a ese tiempo”. Si viviera, seguro tendría mucho para decir en estos tiempos pandémicos, de esa rapidez con que todo se transforma y el tiempo que el espectador utiliza para prestar atención a los detalles en otro juego de su parte, cargado de una cierta insolencia que lo describe.

Algunas tintas del mismo año de su fallecimiento llevan la leyenda “la ciudad debe ser muy ordenada” y “los dibujos deben ser muy prolijos”, frases que operan de manera completamente contraria si miramos los ritmos con que las palabras están escritas, como si estuvieran sacudidos por un tremor interno. Entre los proyectos “rechazados”, algunos están firmados en gran parte también por los discípulos del maestro, y arquitectos de su estudio, Oscar Lorente y Juan Fontana. Son verdaderos ejemplos del hecho estético presente en sus construcciones; están las maquetas y los dibujos en tinta del edificio Loma Negra (Torre Fortabat), del Fira de Barcelona, de una vivienda ecológica de recursos renovables presentada al primer Concurso Nacional de Casas Sustentables, en 2009; de una planificación urbana para Nordelta de 1998, y de un auditorio para arteba esbozado en 2013, de coloridos volúmenes múltiples. “Hacía el ejercicio de presentarse a todos los concursos posibles, siempre estaba rodeado de arquitectos y de estudiantes jóvenes, y en ese formar equipo era que le gustaba trabajar”, señalaron en la galería que lo acompañó en muchas ocasiones. Algunas de sus emblemáticas obras pueden verse en Buenos Aires, como la imponente Biblioteca Nacional, proyectada con espíritu brutalista en los años 70, y su obra póstuma en el barrio de La Boca, de la Fundación Andreani, reasignación conceptual que mantiene la fachada para dar paso a una serie de espacios que recuperan el espíritu de conventillo del mismo barrio, con sus colores vibrantes.

Clorindo Testa, por Pilar Altilio | artnexus