Exposición Individualjun 2022 - nov 2022· Por Max Hernández-Calvo

Cecilia Jurado Chueca

Vigil Gonzales

En “Micaela: la sangre de todas”, la artista CJ Chueca toma una figura emblemática de la historia del Perú para abordar el presente social y político del país. El eje de la muestra es Micaela Bastidas (Tamburco, 1744-Cusco, 1781), la célebre prócer de la independencia peruana. Bastidas fue consejera y compañera de lucha de Túpac Amaru II, su esposo, en la gran rebelión indígena de fines del siglo XVIII, que desde el departamento de Cusco dio inicio al largo proceso de emancipación de lo que entonces era el Virreinato del Perú, inspirando a su vez a las luchas independentistas hispanoamericanas, pero que culminó con la tortura y ejecución pública de ambos esposos y sus hijos, en la Plaza de Armas de Cusco.

Exposición Individual: Cecilia Jurado Chueca — imagen 1
Cecilia Jurado Chueca. PIEL: APU I, 2021. Látex y acero inoxidable, pintura de aluminio. 90 x 60 cm (35 7⁄16 x 23 5⁄8 pulgadas). Cortesía: Vigil Gonzales.

Chueca enmarca doblemente su interés por Bastidas; por un lado, temporalmente, al presentar la muestra en el año del bicentenario de la República del Perú (2021) (además de coincidir con el día de conmemoración de Bastidas, el 4 de noviembre), y geográficamente, al exponer en la galería cusqueña Vigil Gonzales, haciendo que esta mujer mestiza, de raíces indígenas, españolas y africanas, empoderada, y figura icónica de la lucha anticolonial, nacida hace más de 278 años, emerja como un reclamo presente –y permanente– de la capacidad de lucha de las mujeres (y hombres y genderqueers) por mejorar nuestras condiciones vitales, enfrentándonos a las distintas formas que adoptan la opresión y la explotación.

El proyecto está conformado por cuatro partes. Tres de ellas se dan en la exposición, cada una de estas presentada de forma independiente en las tres salas de la galería, y la cuarta es el programa público “Sesión de retratos Las Micaelas”, llevado a cabo en dos fechas, una, en la Plaza de Armas de Urubamba, y la otra, en la Plaza de Armas de Cusco. Para la “Sesión de retratos Las Micaelas”, Chueca pintó retratos rápidos en acuarela roja de mujeres y niñas paseantes, retratándolas a la manera de Micaela Bastidas, y conversando con sus modelos durante el proceso sobre el personaje que inspiraba los retratos. De esta manera, la artista buscaba no solo difundir información sobre la prócer independentista, sino fomentar la identificación de las mujeres de la comunidad con Bastidas, implementando simbólicamente un retorno múltiple de ella que hace eco de las últimas palabras de su compañero de lucha Túpac Amaru II: “volveré y seré millones”.

La exposición misma apuesta por un acercamiento tanto descriptivo, vía la figuración, como metafórico, especialmente a través del color y los materiales. Así, en la primera sala, tenemos un cuadro pintado en tonos rojos, titulado Micaela lavándose las heridas en el río, que retrata a Bastidas de espaldas, con el rostro girado mirándonos, y la instalación Cuerpo en Cusco (Micaela), una pared de ladrillos rotos que forman una pared sobre la que se ha chorreado pintura blanca (el rojo y blanco son los colores de la bandera del Perú). Este muro, que por sus roturas podría recordar a una pared de fusilamiento (si bien Bastidas fue estrangulada), alude a la ejecución pública de Bastidas en Cusco y el papel de su gesta y sacrificio en la fundación de la República. Junto a estas piezas se encuentra una serpiente de cerámica decorada con un patrón geométrico. Esta escultura, titulada Mestiza, representa un choque y una fusión culturales, donde la serpiente es una representación del mal en la cultura católica, mientras que para la cosmología andina es un animal asociado a la sabiduría; además, la palabra quechua para serpiente es “amaru”.

En la segunda sala, Chueca usa el cambio de piel como imagen de renacimiento. Unas pieles de látex parcialmente tensadas sobre bastidores de aluminio, que dibujan la silueta de una montaña, forman la serie Apus. Sobre el suelo hallamos pieles de serpiente, que evocan la idea de renovación y conectan al amaru con las montañas-divinidades (apus) de látex.

El color azul y la representación del agua son los rasgos clave de la tercera sala, tal como se puede ver en la pintura Transmutada (ACC), que muestra un remolino en el que se vislumbra la silueta de Bastidas dentro de este, o Unu Kalpay, que representa una catarata. El título del primer lienzo insinúa la transmutación de la prócer en agua, pero adoptando la forma –y la fuerza– de un remolino y una cascada.

Mediante esta serie de paralelos y evocaciones, CJ Chueca no solo remarca la actualidad de la historia peruana, sino que presenta la apuesta de la gesta anticolonial como algo natural que nos llama con su fuerza imparable.

Cecilia Jurado Chueca, por Max Hernández-Calvo | artnexus