Beto De Volder

Beto de Volder. Sin título, 2016. Díptico. Acrílico sobre tela. 90 x 90 cm (35 7⁄16 x 35 7⁄16 pulgadas). Cortesía del artista y Del Infinito.

Monografíajun 2022 - nov 2022· Por Mercedes Casanegra

Beto De Volder

Red de conexiones/asociaciones en su lenguaje

El conjunto del bagaje de recursos y fuentes de inspiración del artista es variado y ecléctico. El grafito y el lápiz fundaron a la línea como protagonista de sus obras. El abc del dibujo se erigió en la plataforma de lanzamiento de su amplia y constante trayectoria. A continuación, el protagonismo de la línea, casi siempre curva, cerrada o abierta, dinámica hasta rozar una aproximación con el campo de lo cinético, se transformó en el centro del trabajo del artista

El término “Diagrama”, casi como un título de apertura, abre la introducción o “prólogo” singular del primer libro que publicó Adriana Hidalgo, editora, sobre la obra de Beto de Volder en el 2011, volumen que forma parte de una colección de ediciones monográficas sobre artistas argentinos de generación intermedia en plena actividad, titulada “Los sentidos. Libros sobre artistas”. Esas dos páginas de apertura del libro no contienen un texto, sino que trazan una suma o enumeración de términos, cuya función es nombrar los elementos protagónicos que constituyen, por una parte, el amplio vocabulario artístico de De Volder, desde los soportes, telas, papel, MDF; formatos, recursos formales y técnicos; variedad de líneas, simple, doble, curva y contracurva; una suma de relaciones con tendencias y modalidades artísticas afines con el lenguaje que De Volder estaba creando como propio y que se volvió enseguida identitario. Fue algo así como un mapa de su poética. 

Monografía: Beto De Volder — imagen 1
Beto de Volder. Sin título, 2012. Goma EVA sobre tela. 150 x 260 cm (59 1⁄16 x 102 23⁄64 pulgadas). Colección Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, Argentina.

El conjunto del bagaje de recursos y fuentes de inspiración del artista es variado y ecléctico. El grafito y el lápiz fundaron a la línea como protagonista de sus obras. El abc del dibujo se erigió en la plataforma de lanzamiento de su amplia y constante trayectoria. A continuación, el protagonismo de la línea, casi siempre curva, cerrada o abierta, dinámica hasta rozar una aproximación con el campo de lo cinético, se transformó en el centro del trabajo del artista. Se trató de una variedad de recursos, técnicas y medios, entre los cuales el grafito fue, tal vez, el primero. Y, se impuso tanto la variedad como la enumeración: línea simple, doble, formas variables, en círculos, en óvalos, aproximación a la forma de cintas, entre otros. Sobre todo, combinaciones plurales y diversas, como un vocabulario que, si bien es abstracto, intentó y logró ser sintético y, a la vez, dinámico, elocuente y prolífico. Casi como si lo infinito fuese la meta de su camino, sin detenerse a lamentar la repetición, ya que esta no solo parece indispensable, sino también paralela a la pluralidad de variaciones nunca idéntica, sino aproximada. La tendencia convertida en fórmula marcaba un proyecto, la idea global, hacia una tácita pluralidad y abundancia de formas. Vendría al caso citar la fórmula “menos es más” de Mies van der Rohe. Los elementos que componen el lenguaje artístico de Beto de Volder suman una variedad acotada, como si el artista se hubiese propuesto un amplio horizonte, a través de un impulso autorreferencial de sus propios componentes, a los cuales, a la vez, potencia. La línea es el elemento central; sin embargo, se volvió múltiple e infinita.

Monografía: Beto De Volder — imagen 2
Beto de Volder. PLC, Punto, Línea, Curva, 2011. Goma EVA sobre muro. 300 x 800 cm (118 7⁄64 x 314 61⁄64 pulgadas). Instalación en Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina.

Por otra parte, la cita que De Volder hizo al nombrar en su Diagrama a Jean Arp, 1886-1966, uno de los principales dadaístas de comienzos del siglo XX, propone una nota de particular interés en el proceso de exégesis de la producción del argentino. La sola anotación de su nombre supone una conexión sutil desde algún enfoque propio con su propuesta estética. Las esculturas de Arp, aunque a menudo en bronce, aluden a formas blandas que sugieren interpretarse como biomorfas, en sentido amplio. Así, en sintonía con un espíritu cercano al del artista franco-alemán, algunas obras del argentino, realizadas con tubos de aluminio, en general pintadas con esmalte rojo o amarillo, entre otros, marcaron una diferencia con los acrílicos anteriores sobre MDF, cuyo espesor era casi plano. En nuestra opinión, las citadas piezas de De Volder sugieren una sutil alusión a un espíritu biomoro, una determinada vitalidad subyacente, como si estas poseyeran, además, una autonomía propia entre cierta animalidad o humanización. Este parentesco puede resultar peculiar; sin embargo, es un paso posible en el ejercicio de interpretación de algunas o varias de las obras del artista.

Monografía: Beto De Volder — imagen 3
Beto de Volder. Sin título, 2006. Grafito sobre papel. 9.5 x 5.5 cm (3 47⁄64 x 2 11⁄64 pulgadas). Colección particular.*

Interesa volver sobre el tema de la línea, de evidente presencia en la obra de De Volder, y que se convierte casi en un modo de concepto, y que es protagónica en su producción y conduce a observar la identidad de su lenguaje artístico, como también parentescos y relaciones con otras tendencias y otros rumbos. A raíz de este enfoque, citamos la exposición temática colectiva e internacional acompañada de una detallada investigación, como fue “On line. Drawing through the twentieth century” (En línea. El dibujo a través del siglo XX), con curaduría de Cornelia H. Butler y Catherine de Zegher, realizada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 2010. La nómina de artistas, en la que se contaron desde Kazimir Malévich hasta Vasily Kandinsky, desde Lucio Fontana hasta Jackson Pollock y Lygia Clark; desde Georges Vantongerloo hasta Julie Mehretu, entre tantos otros invitados –y cuyas obras se incluyeron–, fue extensa, y, como línea de tiempo, abarcó la centuria entre 1910 y 2010, en cuanto período de producción de obras y artistas seleccionados para integrar aquella muestra histórica.

Monografía: Beto De Volder — imagen 4
Beto de Volder. Sin título, 2007. Grafito sobre papel. 56 x 77 cm (22 3⁄64 x 30 5⁄16 pulgadas).*

A propósito de la presencia de la línea, se ha escrito que la curva es protagónica en la obra de de De Volder. Sin embargo, dada la introducción que citamos con respecto a la creciente consideración y focalización de la línea en el desarrollo de su trabajo, sugerimos una mayor precisión al hacer referencia a esta protagonista central, aunque no única, que es la línea curva, y que tiene una destacada presencia en su lenguaje artístico. No resulta redundante subrayarlo, ya que desde un cierto tiempo atrás, la línea tiene cada vez más presencia en el lenguaje de las artes visuales contemporáneas, en especial en el dibujo, aunque también en la pintura, e incluso en el objeto, entre otros. Y, más allá de la opción del tipo de trazo lineal, siempre en opciones abiertas y muy variadas, De Volder combina modos múltiples en los cuales la línea mantiene su protagonismo. Es posible que los primeros ejemplos hayan sido los dibujos del tipo arabescos múltiples (esta denominación es nuestra), de 2006, y otra en grafito sobre papel, que ilustra una serie de semicírculos agrupados en vertical, que en conjunto y estrecha distancia componen una forma blanda. Otra serie de 2007, muy original, se trata de formas blandas y ondulantes creadas a partir de muy finas líneas en grafito, con las cuales el artista construye formas que logran un efecto corpóreo tubular.

Monografía: Beto De Volder — imagen 5
Portada libro: DE VOLDER Beto De Volder, Buenos Aires, 2011. Editorial: Adriana Hidalgo Editora S.A. Idioma: español. 160 páginas.*

La línea curva ha continuado su presencia de otras maneras; por ejemplo, a través de formas tubulares presentadas en colores diversos como el amarillo; tal el de la obra de 2011, que ilustra la tapa del libro editado por Adriana Hidalgo, y se trata de una forma tubular de aluminio pintado, cuyas curvas libres y abiertas zigzaguean en sus movimientos posibles, que construyen una presencia ágil y dinámica desde el punto de vista visual. Un enfoque de interés es el que le dio Alberto Passolini, artista, a uno de los textos del libro sobre De Volder. El título de este es Doblador de milongas. Allí, el artista escritor, en este caso, realizó una aproximación a la interpretación del protagonismo de las curvas en las obras de De Volder, relacionado nada menos que con la tradición de la música ciudadana porteña del tango y la milonga. Sobre todo en esta última, cuyo ritmo es más rápido, y, de acuerdo a nuestro artista, eso en el baile mismo se convierte en “firuletes”, que en el dialecto porteño y ciudadano significan vueltas más bien lúdicas y más veloces en la milonga que en el tango, por las características propias de esa particular música ciudadana. Son varias y de real interés las derivaciones que Passolini formula en torno a esta analogía entre curvas de las obras de De Volder y los pasos ágiles y zigzagueantes de la milonga porteña. Y, sin reservas, el artista y escritor, al plantear el paralelismo entre el Broadway Boogie Woogie de Piet Mondrian y la milonga ciudadana, se remonta a orígenes que agregan una riqueza de contenido a esa fuente de inspiración que habrá sido para él la música del arrabal porteño, cuna de esta. Y, no por casualidad, De Volder nació en Nueva Pompeya, barrio de las orillas de la ciudad de Buenos Aires y una de las cunas del tango y la milonga, músicas y danzas correspondientes y de análogo origen. Por lo tanto, esta analogía enriquece el sentido y la exégesis de la obra del artista argentino, residente hoy en Nueva York. Final y paradójicamente, el argentino y porteño De Volder hoy está más cerca de Broadway y sus musicales que del porteño sur tanguero de la ciudad de Buenos Aires, aunque los tiempos de su vida, no de su obra, ya no necesiten estar acompasados.

Al no poder referirnos a todas las etapas del desarrollo del artista, escogimos dos series: PLC, Punto, Línea, Curva, Centro Cultural Borges, 2011, goma EVA sobre muro. Aquí, la protagónica línea se resuelve a sí misma como fragmentos de líneas ondulantes compuestas por sucesiones de puntos en negro sobre fondo blanco. Nos referimos a una instalación mural de goma EVA negra sobre muro blanco, 300 x 800 centímetros. Otra, muy parecida, estuvo instalada en el bar restaurante del Malba, Colección Eduardo F. Costantini, 2011.

Monografía: Beto De Volder — imagen 6
Beto de Volder. Sin título, 2021. Acrílico sobre tela. 63.5 x 63.5 cm (25 x 25 pulgadas).*

Por último, como cierre, hacemos referencia a un conjunto de obras de pequeño formato abstractas sobre papel de 29 x 21 centímetros. El fondo de todas es negro, y cada una está compuesta por una sola imagen, y se trata de dibujos de línea coloreados por grafito de color, cuyos trazos no se esconden. Cada figura protagónica –si bien todas son abstractas– posee, de manera curiosa, una cierta corporeidad blanda, creada a partir del tratamiento mismo del grafito. Las figuras, aun en su mutismo, poseen identidad propia. Los trazos mismos dentro de la figura crean un sutil volumen. En la página 138 del libro publicado por Adriana Hidalgo se observa algo así como una fina estructura aérea, que en su parte interna “sostiene” una figura abstracta, la cual es plana; sin embargo, se advierte también cierto volumen. Es posible que el resto de las figuras hayan sido concebidas de modo similar, pero no han quedado rastros de la estructura de líneas. “Se podría plantear que lo que De Volder ha estado haciendo desde que volvió al arte es pensar no cuerpos geométricos, sino geometrías como cuerpos”. Esta fue la conclusión de Santiago García Navarro al cerrar su aporte al libro publicado por Adriana Hidalgo, ya citado. Resulta sorprendente la visión de futuro de las palabras del escritor argentino en esta cita que transcribimos, ya que fue anterior al conjunto de obras más recientes de Beto de Volder, constituido por la serie de figuras amarillas ocre sobre fondo azul grisáceo.

Por último, luego de este recorrido, sin dudas, de larga longitud temporal, el artista continúa en la prolongación de su rumbo artístico, que no es otro que una búsqueda de continuidad de su innovación poética. Así es que, de manera relativamente reciente, luego de dejar de lado, tal vez temporalmente, los calados, se volcó a figuras planas que, aunque parezca contradictorio, poseen una corporalidad que resulta, desde el punto de vista de cada imagen, muy elocuente. En suma, se destaca en estas obras también un componente lúdico –de interés central para el artista–, que finalmente es el elemento que define su vitalidad.

* Cortesía del artista y Del Infinito

MERCEDES CASANEGRA

Beto De Volder, por Mercedes Casanegra | artnexus