La imagen, el espacio, el tiempo y la memoria son elementos estructurales en la obra del artista André Severo. Su búsqueda por dosificar estos elementos con la experiencia creativa y las posibilidades de la representación han sido una constante en su trabajo, como muestra la compleja relación entre las instancias de proceso y los soportes de registro, que mezclan producciones audiovisuales, fotografía performática, acciones vivenciadas directamente en el paisaje, etc.

La dimensión de su trabajo puede ser vista en la muestra “Andrés Severo - Archiperiscopio”, con curaduría de Paulo Herkenhoff, que tuvo lugar recientemente en el Centro Oi Futuro, en Río de Janeiro. Recorriendo un extenso panorama de la producción del artista gaucho (del sur de Brasil), la exposición presentó diversas obras que se basaban, sobro todo, en referencias de la historia del arte occidental para hablar sobre las relaciones humanas, naturaleza e imágenes. El título “Archiperiscopio” era una alusión al objeto óptico del mismo nombre (una asociación de dos espejos que permite una visión ampliada y de larga distancia) para dar cuenta de la obra y trayectoria múltiple de André Severo, que también es curador y productor.
Para el curador Paulo Herkenhoff, el “Archiperiscopio” es la metáfora de un régimen polisémico, múltiple, errante, plurívoco, heterotópico. “La obra de André Severo es sobre la circulación del arte-imagen. Su despojada presencia en videos, fotografías, libros y exposiciones escamotea la complejidad de ese desafío. No siempre el público tiene consciencia de que se encuentra con una propuesta de arte y que es un blanco de esta propuesta. Para el artista, toda circulación cultural es una forma de contrato social con la recepción”, afirmó el curador Paulo Herkenhoff, que inició la planeación de esta muestra hace cerca de tres años.
En el patio del local, una gran instalación, titulada Rastro, hecha a partir de una imagen de Gustave Le Gray (uno de los más importantes fotógrafos franceses del siglo XIX), presentó capas temporales de una intervención urbana del artista en un momento anterior, cuando Severo amplió una imagen producida por el fotógrafo, en formato de cartel callejero, y la pegó en muros de sitios públicos. Tiempo después, esos carteles fueron retirados, con restos de otros materiales que estaban por detrás y con fragmentos de nuevos carteles sobrepuestos, lo que se transformó en los paneles de Rastro.
Otros trabajos de la exposición también hacían referencia a nombres y momentos del arte canónico occidental, como la serie Onda, con pinturas que reproducían trabajos del francés Gustave Courbet (1819-1877), maestro del realismo. En la serie de dibujos Academia, con doce trabajos compuestos por cerca de cincuenta dibujos cada uno, el artista hace referencia a las academias de los siglos XVIII y XIX, donde los artistas aprendían a dibujar copiando obras de otros artistas. Los trabajos, en grandes formatos, constituían un enorme panel de dibujos yuxtapuestos y sobrepuestos.
La relación de la imagen con la representación y su papel ontológico para la cultura occidental motivó la creación de la videoinstalación Pasaje, compuesta por catorce videos elaborados a partir de la animación de una selección de fotografías de los estudios de movimientos realizados por Eadweard Muybridge de 1883 a 1887. Teniendo como posible lectura una especie de pasaje entre la muerte y la resurrección, la instalación retrata individuos aislados, fuera del tiempo y provenientes de distintos sectores de la vida, marchando en la misma dirección, cada uno viajando a su propio ritmo y a su propia manera.
Severo presentó también referencias literarias, como el trabajo El mensajero, serie de textos producidos a partir de un collage de trechos de diversos libros del poeta mexicano Octavio Paz (1914-1998). Doce textos fueron dispersados en diversos sitios del centro cultural. Producidos inicialmente en el contexto de una trilogía de exposiciones entre 2015 y 2021, los textos fueron utilizados en esta muestra como una especie de conductor poético y conceptual.
Maestro en poéticas visuales del Instituto de Artes de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, Severo ha participado en exposiciones en Brasil y en el exterior. Su obra, prolífica, múltiple y compleja, se presenta siempre como cíclica, con autorreferencias que prueban la búsqueda constante del artista por un sentido último en su proyecto poético. Mirar su trayectoria, iniciada hace veinte años, es una forma de entender cómo el artista llegó al estado actual presentado en “Archiperiscopio”, su primera individual en Río de Janeiro. Asuntos como el tiempo, el espacio, la memoria, estuvieron presentes desde sus primeros proyectos, hechos muchas veces en colaboración con otras personas y con la participación de no artistas, además de métodos de inmersión, como los viajes, las caminadas, las excavaciones, la producción de libros, los debates filosóficos. Severo muestra que las inherencias del arte están en el meollo de su poética, expresamente apoyada en un extenso andamiaje conceptual y filosófico, e inmersiones profundas en su subjetividad. Más allá de las cosas de la vida, Severo se interroga a sí mismo y al arte mismo. “Entiendo todo lo que hago como una sola cosa. Trabajo compulsivamente, y cada trabajo es un parte del todo, de lo que soy, que me ayuda a entender los procesos poéticos, pero también de búsqueda y de interrogación existencial”, afirmó el artista.
