Exposición Individualdic 2021 - may 2022· Por María Luz Cárdenas

Luis Villamizar

Galería Abra-Caracas

“Archivo abierto: Luis Villamizar” constituye una exposición muy especial que continúa el Proyecto Archivo abierto de la Galería Abra-Caracas para el conocimiento y difusión del conceptualismo pionero en Venezuela, dando a conocer las raíces históricas de aquellas tendencias que privilegiaron los procesos de pensamiento en el arte más allá de su realización. Antes presentaron los “Archivos abiertos” de Carlos Zerpa, Pedro Terán y Maruja Rolando. El valor primordial del proyecto es acentuar la reflexión acerca de la compleja interacción entre el discurso expositivo, los archivos y documentos y el público, para dejar ver un saber que se ha situado en espacios casi invisibles, vacíos. Esto obliga a cambiar el lugar de la mirada dentro de una exposición y detenerla en las obras más tiempo del normalmente previsto. La muestra funciona como un artefacto autocrítico, hacia las formas de entender los procesos contemporáneos, su historia y su memoria. El archivo adquiere una fuerza, más que documental, poética y transgresora de los modelos convencionales de acercamiento a la obra de arte. La exposición pasa a ser un espacio de investigación y producción de conocimiento, un lugar vivo para las ideas, que muestra los engranajes del pensamiento del artista y abandona el carácter neutral de la sala expositiva tradicional. La curaduría en esta ocasión estuvo a cargo del equipo Silva-Zarins.

Exposición Individual: Luis Villamizar — imagen 1
Luis Villamizar. Suicidio / Quebrada honda (3 y 4), 1976. Fotografía: Gelatina de plata B/N. 57 x 45.4 cm (22 7⁄16 x 17 7⁄8 pulgadas). Foto: Luis Villamizar. Cortesía ABRA Caracas.

Luis Villamizar (Maracay, 1947) desarrolló un trabajo discreto, poco difundido, muy interesante y experimental, que incluye instalaciones de carácter efímero, acciones, fotografías, películas en Super 8, videos e instalaciones. Perteneció a la significativa generación de Claudio Perna, Pedro Terán, Carlos Zerpa, Héctor Fuenmayor, Yeni y Nan, Diego Rísquez, Antonieta Sosa y Eugenio Espinoza, y a inicios de los ochenta, en Nueva York, expuso junto con Marta Minujín, Ana Mendieta y Liliana Porter. Esta exposición funciona como un eje articulador del lenguaje que el artista desplegó bajo perspectivas críticas sobre la problemática social, las teorías científicas, la relación con la naturaleza y el paisaje, pero también como una narrativa que repropone el valor del archivo como metodología de recuperación de la memoria, en un país que poco atiende a su valor. Desfetichiza los objetos al yuxtaponer permanentemente materiales documentales, fotocopias y reconstrucciones. El recorrido se estructura a partir de catorce conjuntos de fotografías y fotocopias intervenidas fechadas desde 1974, que revelan las inquietudes del artista en la comprensión del cuerpo, la naturaleza, los procesos ecológicos y los procesos urbanos, en un momento histórico en el que la ciudad se transformaba con la construcción del metro y otras edificaciones.

Con las Guías perdidas en los Médanos de Coro, de 1976, señala el problema de la fragilidad de la existencia y la fuerza de la naturaleza que arrasa y sepulta; Suicidio, registro de un salto al vacío y una acción pictórica en un edificio en demolición en Caracas, donde reconceptualiza el tema de la muerte y revela un subyacente sentido del humor; la serie Caras, fotocopias en movimiento, que introducen el uso de materiales efímeros para capturar los movimientos del rostro. Espiral de hojas en la Colonia Tovar, se inscribe en la tradición de intervenciones del paisaje, profundizando en la fragilidad y la transitoriedad de la naturaleza. El gran salto, de 1982, registra una acción en Nueva York, donde residió algunos años. Los videos de la sala reproducen acciones e intervenciones en las calles de Caracas como los paisajes reciclables de los Cartoneros de Bello Monte, de 1976, y la escultura sonora Tal día como hoy, de 1977, donde integraba sonidos escondidos entre bolsas de basura regadas en la calle. En ellas exploraba la idea de cómo el espacio urbano condiciona y es condicionado por las prácticas de los cuerpos que lo habitan. Asimismo, se proyectó Shhh, de 1978, una producción que gira en torno a las fantasías, ensoñaciones y alucinaciones urbanas de un campesino afectado por el tabaco para mascar. A ello se suman tres vitrinas con cerca de cincuenta documentos, testimonios, proyectos, cartas, registros de acciones, textos, catálogos, fotografías, artículos de prensa, páginas de publicaciones con ensayos críticos y carteles que permiten reconstruir su período iniciático como artista. En sus trabajos es posible establecer redes de sentido entre la naturaleza, la ciencia, el arte. Dinamiza el espacio y sus relaciones con el universo. Son obras inteligentes y reflexivas, sin pretensiones de monumentalidad, pero de una enorme fuerza conceptual. Con ellas se intenta crear una construcción multitemporal de la historia y la producción artística que no atiende a disciplinas artísticas, sino que opta por nuevas narrativas expositivas donde la fotografía y el documento resignifican su importancia.

Podríamos entender la exposición como la punta de un iceberg mucho más complejo, que tiene sus raíces fuera del espacio expositivo, en las interacciones moleculares que se dan en sus bordes y entre los resquicios del pensamiento de los artistas, sus procesos, sus dudas y avances. Es un tipo de proyectos que permiten el acceso a los caminos internos del acto creador, sus contradicciones y avances, así como trazar caminos a la investigación y reflexión de los orígenes del arte contemporáneo.