Exposición Individualdic 2021 - may 2022· Por Anny Bello

Luis Salazar

Sala TAC-Trasnocho Cultural

“Art in America” es una muestra individual de Luis Salazar, artista de dilatada trayectoria en la escena del arte contemporáneo en Venezuela, que siempre ha contravenido los fundamentos legitimados del arte mediante una estética de ruda concepción y expresión.

La presente exposición está compuesta por una treintena de obras, entre pinturas, dibujos, fotografías, objetos e instalaciones, realizados recientemente, reunidos en ejes temáticos. El artista plantea una lectura sobre la situación del arte, las relaciones territoriales con América Latina, el mercantilismo, los estereotipos, la crítica y la teoría. Su técnica apunta a emplear materiales de desecho y objetos encontrados, que no enmascara, sino que muestra con irreverencia y provocación, rompiendo con el principio de la prolijidad en la práctica artística.

Exposición Individual: Luis Salazar — imagen 1
Luis Salazar. Modernismo 2, 2018-2019. Acrílico sobre tela. 162 x 220 cm (63 25⁄32 x 86 39⁄64 pulgadas).

Con la obra Tucy, se inicia el recorrido en sala. En esta primera área se ubica, igualmente, un dispositivo digital que muestra una secuencia fotográfica de instalaciones improvisadas en la calle, ejecutadas con objetos encontrados, para revelar metafóricamente la decadencia de la cultura de masas. En la siguiente obra, conformada por tres telas tituladas Contemporary Art Map Party Mix, hace un mapeo o “mix” del contexto cultural actual. A través de juegos de palabras, lleva a cabo conexiones irónicas con los sistemas del arte, movimientos artísticos, galerías, ciudades erigidas en centros artísticos y coleccionistas. Se apoya en el recurso del artista norteamericano Steven Parrino, de quitar partes del soporte, y, con esos faltantes en la tela, acentuar las ausencias en ese panorama que ha dibujado.

Incluye también el arte concreto brasileño, con pinturas que hacen referencia a algunos de sus artistas relevantes, como Lygia Clark y Hélio Oiticica, en diálogo con Gego, Cruz-Diez y Alejandro Otero. En estas pinturas escribe sus nombres, identificando sarcásticamente sus aportes como fórmulas sin innovaciones. En el centro de la sala, se ubica una instalación de piedras y objetos dispuestos en fila, y enlazados con una cinta, para simular la dependencia y uniformidad de un sistema que no da posibilidad a lo disonante.

A continuación, a través de un par de pinturas retrata a los críticos de arte Arthur Danto y Dave Hickey, a los que mordazmente ensalza a la categoría de súper estrellas. En la serie Modernismos, entre los que se encuentra la obra Modernismo 2, realizada en acrílico sobre tela, reinterpreta a Las señoritas de Avignon de Picasso, exacerbando la composición con símbolos con los que suele identificarse a América, como las calaveras, la sensualidad, la jovialidad, mediante la estética del pop art. Seguidamente, una instalación de objetos encontrados sobre los que ha hecho un dripping contrapone la tecnología al caos de lo cotidiano.

Más adelante, en otro grupo de pinturas construye una situación irreal entre Sol Lewitt y Günther Förg, con cruces entre lo abstracto y minimalista, sustituyendo el cromatismo habitual en las obras de estos artistas, con manchas en las escalas de blancos y negros. Luego, en Eugenio Espinoza no tiene luz, de la serie Espinoza, reinterpreta la retícula, elemento clave en el trabajo de este artista venezolano, como una manera de romper con el discurso establecido en torno al espacio y la luz.

Llegando al final del recorrido, Salazar se enfoca en el arte abstracto geométrico con piezas elaboradas con retazos de tablas colocadas sobre una hilera de bloques de concreto. Desmonta, de este modo, el cuidado por lo formal y el encumbramiento de esta tendencia, al mismo tiempo una especie de catálogo documental. En la última sala rememora el arte griego, con pinturas en las que dibuja figuras emblemáticas de este período. Tal es el caso de Fendi, que vincula con una reconocida marca de la moda, y ha colocado como símbolo de banalidad, en posición acrobática y rebajada a imagen de entretenimiento. Finalmente, en una última instalación, realizada con un jergón, cuelga todo cuanto cuestiona: la belleza, la función del arte, el rol del artista, a modo de recipiente en el que va depositando sus inquietudes y reflexiones.

Con una reconocida habilidad de arqueólogo urbano y conocedor de la historia, Salazar apunta con pasión a sacudir el entramado sobre el que se sostiene el pensamiento cultural y artístico. Sus hallazgos, objetos e ideas, son artefactos que arrastran una compleja carga de información y significados. Los pone en diálogo, traspone, despoja, disocia, mostrando, así, sus inconsistencias. No se coloca en el borde, pasa al otro extremo con incitador cinismo. En este sentido, su obra vuelve al canon para destruirlo. Desencadena un desmantelamiento de la imagen y del discurso, a través de talante primitivo y relacional que resalta la decadencia de lo que es considerado pertinente y vigente.

Luis Salazar, por Anny Bello | artnexus