Exposición Individualdic 2021 - may 2022· Por Sylvia Werneck

John Graz

Pinacoteca del Estado de São Paulo

El año 2022 marcará el centenario de la Semana de Arte Moderno, que agitó el panorama cultural de la ciudad de São Paulo, hasta entonces bastante tímido, ya que la efervescencia se concentraba en la entonces capital federal, Río de Janeiro. Muchos museos ya están anticipando las conmemoraciones, presentando muestras de exponentes del modernismo. La Pinacoteca del Estado de São Paulo abrió, en julio de este año, una exposición retrospectiva del artista suizo, radicado en Brasil, John Graz. Después de estudiar arquitectura, dibujo y decoración en la escuela de Bellas Artes de Ginebra, y diseño y publicidad en Múnich, Graz se trasladó a Brasil en 1920, para casarse con Regina Gomide, también artista. Los dos son considerados como los introductores del art déco en el país, junto con el pintor Antonio Gomide, hermano de Regina. Conviviendo con intelectuales y artistas como el crítico de arte Sérgio Milliet y el escritor Oscar de Andrade, Graz se sumó al grupo de los modernistas, siendo uno de los participantes en la Semana del 22 en el Teatro Municipal de São Paulo, con siete telas.

Exposición Individual: John Graz — imagen 1
John Graz. Sin título, 1980. Gouache y grafito sobre papel. 79.8 x 79.8 cm (31 27⁄64 x 31 27⁄64 pulgadas). Colección: Instituto John Graz. Foto: Isabella Matheus. Cortesía: Pinacoteca de São Paulo.

En suelo brasilero, el artista desarrolló un gran interés por la historia y cultura locales, tradiciones populares, y por los pueblos indígenas, cuya representación conforma uno de los núcleos de la retrospectiva, que fue dividida en seis secciones: Arcadia; Temática Indígena; Naturaleza brasilera: Historia y cultura popular; Indigenismo, y Abstracción y Diseño. El conjunto comprende cerca de 155 trabajos, entre pinturas, dibujos y estudios, además de proyectos arquitectónicos y de decoración, muebles, objetos decorativos y utilitarios. El contacto del artista con corrientes vanguardistas europeas como el fauvismo, cubismo y futurismo, se tradujo en una investigación plástica disciplinada, que dejó transparentar una práctica en la que la composición es cuidadosamente planeada en términos de equilibrio cromático y formal. Con frecuencia se nota un pensamiento plástico que se asemeja a la pintura mural, en la que diferentes escenas están dispuestas simultáneamente sobre la superficie. Un ejemplo es un gouache, sin título, de 1935, en el que Graz retrata “bandeirantes” e indígenas. En el tercio inferior se ve una canoa conducida por dos nativos desnudos empuñando los remos, mientras una figura vestida y con sombrero acomoda arcas en la embarcación. Al medio, otro “bandeirante” parece dar órdenes a un hombre sin camisa, por cuanto la porción superior exhibe figuras a caballo. La pintura está enmarcada, en ambos laterales, por manojos de plantas.

Como es común en la obra del artista, las figuras humanas no están individualizadas, sus rostros no presentan ningún detalle de trazos particulares –son personajes-tipo–, identificables apenas por elementos como el vestuario (o la ausencia de este), o por los objetos que llevan, como el arco y las flechas. La paleta privilegia los tonos terrosos, aunque acoja colores más fuertes cuando el asunto tratado es el carnaval u otras fiestas populares. De manera general, el artista es parsimonioso en sus trazos, siempre continuos, manteniendo sus composiciones libres de ornamentos innecesarios. Esta característica también puede ser observada en los muebles que proyectó, caracterizados por líneas “limpias”, diseño liviano y materia prima local con terminados naturales, que valoriza las cualidades de textura y color.

John Graz demostraba una aproximación racional a sus temas. Sus estudios evidencian una cuidadosa planeación, en cuanto a las proporciones, la composición y el uso de los colores. No es por casualidad que su alineación con las vanguardias es justamente con las corrientes de orientación apolínea, racionalista, las que se enfocan en los elementos estructurales del lenguaje pictórico como objeto de estudio. Los temas que atraían al artista son pretexto para una investigación formal, en la que se preserva la distancia entre el observador y el tema. Viviendo en São Paulo en la época en la que la región favorecía la valoración de personajes llevados a la condición de héroes, como los “bandeirantes”, y la idealización de los pueblos indígenas como “buenos salvajes”, Graz exploró las posibilidades de las imágenes de estos símbolos sin dotarlos de carga emocional. Aplicaba el mismo tratamiento a otros personajes retratados, como balseros, lavanderas, bordadoras o ambulantes, y hasta la fauna y la flora. Según la curadora Fernanda Pitta, “podemos percibir que las representaciones están marcadas por una concepción ‘romantizada’ del tema, así como una fuerte relación con una cierta idea de la forma ‘primitiva’, sintética y casi abstracta, investigada por artistas de las vanguardias, reflejada en el alargamiento de las figuras, en las extremidades ora puntiagudas, ora compactas, de seres humanos, animales y plantas”.

El conjunto de trabajos abstractos presentados en esta exposición data de las décadas de 1960 y 1970. En tres de ellos la abstracción es pura, mientras que en los demás se ven figuras que mezclan figuras humanas y animales. Aquí el artista utiliza una gama más amplia de colores, en un tratamiento bastante distinto del resto de su producción, que acostumbra ocupar todo el plano en su flirt con la síntesis de las formas; la composición abarca amplias áreas sin otro elemento distinto al color. Entretanto, mantiene un compromiso con la armonía decorativa, una constante de toda su trayectoria.

John Graz, por Sylvia Werneck | artnexus