Mientras que, en esta epístola, sin intención lúgubre, se recuerda hoy el descubrimiento de las tierras que han dado origen a poderosas culturas indígenas, en Nueva York, reflexionamos acerca de una sucesión de hechos de orden social, racial, político, económico, cultural, científico y urbanístico. Estos géneros han convivido intensamente en esta ciudad y en sus artes visuales. Cada vez más, diversos acentos en obras en la vía pública han despertado preguntas. Por ejemplo, ¿qué son estas especies de andamios que empezaron a habitar la ciudad de Nueva York hace un quinquenio? ¿Es acaso esto obra de una artista que consiguió auspicio para realizar una de sus creaciones públicas con acento efímero? ¿O es una buena idea de una empresa constructora que, al rediseñar los soportes para el trabajo de los obreros, en una reflexión humanista ha coincidido con embellecer y alegrar la ciudad con estas especies de paraguas de acero reciclado, plástico e iluminación?

A mitad del 2020 –ya esperando la vacuna–, empezamos a visitar exposiciones con la inseguridad diaria de si seguirían abiertas y si arriesgábamos nuestra salud y nuestras vidas. En pleno Manhattan, el Shed, en Hudson Yards, y el High Line hicieron presente la alta tecnología manifiesta en realidad virtual al aire libre a través de la exposición “The Looking Glass” –y en galerías interiores–, al alcance del peatón y su teléfono. En ambos espacios, la realidad virtual escapaba a la pura tecnología para enfundarse en juegos de imaginería surrealista, multidisciplinaria y emotiva, debido, por ejemplo, a Tomás Saraceno, Bjarne Melgaard y Olafur Eliasson.
La ciudad, el país y el domun (mundo) han estado en una peculiar cuarentena de poco menos de dos años. ¿Qué aconteció en Nueva York durante tal paréntesis? Esta carta no requiere un orden estrictamente cronológico porque sería agregar a esta reflexión un peso no imprescindible ahora. Antes de que la Covid-19 se escuchara por todos los ámbitos, ya se habían iniciado desplazamientos inmobiliarios y humanos dentro de ciudades, provincias y países, incluso en las empresas de negociación de arte. Al abocarse cada vez con mayor intensidad a la tecnología en casi todos los trabajos, estos viraron desde las oficinas y las escuelas hacia las casas para evitar los contagios masivos. Galerías neoyorquinas y europeas de gran prestigio y alcance financiero ya venían abriendo sedes en muchos lugares, siendo Asia o el Mediterráneo sus nuevos anclajes, y ofreciendo diversas actividades más allá de transacciones pictóricas. De manera específica, en Chelsea, diversas galerías se dispersaron a los suburbios de esa zona, en fraccionamientos a locales económica y espacialmente más accesibles. Quienes contaban con casa de veraneo o de fin de semana dejaron las oficinas –así como los estudiantes no volvieron a las aulas–, convirtiendo esas viviendas en sedes semipermanentes a la espera de noticias alentadoras de la salud. Otras galerías tomaron las maletas hacia East Hampton o áreas semejantes, donde el imprescindible nutriente estético calmaba la ansiedad de estos extraños tiempos barrocos sin definición ni protección.

Parte 1 y Parte 2, obras privadas de Gabriel Orozco, se vieron en dos exposiciones sucesivas, en Kurimanzutto East Hampton (Nueva York). Orozco es un artista devotamente experimental y conceptual. En su hacer multidisciplinario da vuelta al círculo varias veces, en diversos sentidos y con objetivos no estrictos, sino fluctuantes. Es la primera vez que se presentan estas obras, realizadas en 2013. Constituyen un conjunto altamente elaborado en el sofisticado lenguaje del artista. En ellas, el color es su factor vocal destacado. Las piezas realizadas en papel, trabajadas en pliegues, superposiciones, eventuales secciones de collage y la acción de transparencias aglutinantes por medio del gouache, manifiestan una versión intimista de su obra. El círculo, que el autor revela como parte de la geometría y de la naturaleza, ofrece al público una dinámica de simetría y distensión que es lenguaje de muchas de sus obras, aunque sean en materiales, tamaños y temas diversos.
Kurimanzutto East Hampton, espacio temporario, ocupa un edificio muy pequeño, ensamblado en una secuencia de seis prestigiosas galerías en un centro comercial de techumbres individuales. Con esto, retornamos al tema inmobiliario inicial en Nueva York, y lo realzamos en la trilogía de los espacios feriales que tanta dimensión requieren en cada emisión. Las Ferias –varias a la vez– han reabierto en Nueva York: Independent, Affordable y The Armory, entre otras. Esta última, la mayor, con nueva sede, se expandió al Javits Center logrando una comodidad y seguridad importantes, debido a la situación del virus, que aún requiere medidas de protección. Los pasillos amplios, los booths no atiborrados, varias áreas de descanso y de cafetería, e iluminación adecuada, dieron una buena experiencia a esta emisión de The Armory. En cuanto a obras, intenso colorido, semifiguración, sin ignorar combinaciones con geometría; ascendentes grafitis, predominio de cerámica y de textil, variedad de dimensiones, obras aisladas, polípticos, y alto porcentaje de creaciones abocadas a la no discriminación humana. Una realización colectiva en uno de los extremos feriales convocó a colaborar en formato mural, como confirmación de la interacción por tanto tiempo suspendida.
GRACIELA KARTOFEL

