Exposición Individualdic 2021 - may 2022· Por Alessandra Simões

Carmela Gross

Galeria Vermelho

La ciudad no es apenas lo material, sino la razón crítica que atraviesa la obra de la artista Carmela Gross. Esta definición, dada por la propia artista en una entrevista (2017) reproducida en su site, revela como la aproximación al espacio urbano en su trabajo incorpora una visión peculiar de lo urbano y su relación con el arte. Es esto lo que se puede ver en la muestra individual “grietas, chispas”, en la Galería Vermelho, en São Paulo, donde, además del video Luz del Fuego II, del 2018, se expusieron tres instalaciones inéditas: X, Fuente luminosa y Cabezas, todas del 2021.

En todas las obras, los signos urbanos se transforman en materialidades, componiendo una poética en la que la ciudad se revela visualmente “transcodificada”. En la fachada de la galería, la instalación X trae la iluminación brillante presente en el paisaje de las grandes metrópolis, creando una tensión entre el eje vertical y el horizontal, haciendo que la gran superficie rígida de la pared se conecte con el suelo. La idea de juntar esos dos ejes es fundamental en la obra de Carmela Gross, y especialmente en la obra X, que requiere la participación física del observador.

Exposición Individual: Carmela Gross — imagen 1
Carmela Gross. Luz del Fuego II. 2018. Video blanco y negro sin sonido. 16’59’’.

El fuego es un elemento constante en la individual. El video Luz del fuego II emplea imágenes de incendios publicadas en los periódicos de circulación diaria. Fuego en autos, construcciones, llantas y calles marca las imágenes que representan conflictos y confrontaciones en diversos países. Imágenes de incendios que consumieron instituciones culturales brasileras en los últimos años también componen la obra. Así, la instalación se constituye como un documento negativo, en negro y blanco, de los acontecimientos que desde el 2008 han ocupado las páginas de los principales periódicos del mundo.

El fuego reaparece en Fuente luminosa (2021) en el formato de lava de volcán. En la instalación, Gross dibuja sobre la pared con gas incandescente contenido en lámparas de neón rojo. El procedimiento da como resultado la metáfora visual de la materia del volcán, hecha con hilos y líneas que componen dibujos, ajustados para expresar una dinámica propia y una coherencia interna que posibilita la ampliación del impacto de la explosión de la materia y de roca liquidificada por el calor y por la presión.

La instalación Cabezas está compuesta por 226 dibujos, con dimensiones variadas, hechos sobre papel con tinta china, que remiten una vez más a la idea de la carbonización. Los dibujos están hechos con una mancha de tinta sobre vidrio. Posteriormente, Carmela Gross colocó sobre la mancha un papel fino que absorbe la tinta, y, después de seco, retiró cualquier sobrante blanco, perforando el lugar de la boca y el lugar de los ojos de las caras humanas. Esas figuras informes se insinúan por acaso. No se trata, entonces, de una manera buscada o construida, sino de un proceso que induce al descubrimiento de rostros no imaginados. Es una multitud posible, de una ciudad que abarca cualquier diversidad, como São Paulo, “metrópolis material” de la poética de Gross. La dimensión agigantada de todas las cabezas reunidas promueve un impacto significativo en la percepción visual de la obra.

Nacida en São Paulo, ciudad en donde vive y trabaja, Carmela Gross incluye en su obra un aspecto afectivo cuya génesis está en el espacio público. Desde 1969, año en el que finalizó el curso de grado en Artes en la FAAP (Fundación Armando Alvares Penteado), en São Paulo, Gross se ha referido a la ciudad como su universo vivencial. En estos más de cincuenta años su cuerpo de trabajo se fue construyendo con un vocabulario en común con el que se ve en las calles, avenidas y demás configuraciones urbanas, como el neón que la artista incorpora desde las fachadas de los establecimientos comerciales. Además de las obras de la Galería Vermelho, la artista presentó recientemente la instalación Boca del Infierno en la 34 Bienal de São Paulo, y una nueva obra de grandes dimensiones en la pared externa del MAM-RJ. También en la bienal se presentaron los trabajos Carga, Jamón y Barril, obras que estuvieron en la 10ª Bienal de São Paulo, en 1969. Con la pandemia, y como varios artistas en sus casas-talleres, Carmela Gross mantuvo una rutina diaria de trabajo pesado, que al final poco alteró sus prácticas de producción artística “solitaria”. Ella siguió pegando, dibujando, envolviendo, manchando, perforando, pintando, para crear estas obras que reflejan la relación de la solidez de los cuerpos con la ciudad (entre estos cuerpos, el cuerpo mismo de la artista).

Esta individualidad poética de Gross no significa un desprendimiento de su relación colectiva con la urbe. Hay una afectividad constituida a partir de los elementos de la ciudad, de la experiencia viva con la ciudad, que va formando el cuerpo y la experiencia de la artista, que ya trabajó en plazas públicas, con niños; en las periferias, en comunidades, etc. Esto es, todo un universo del lenguaje urbano que acabó tornándose el centro de su trabajo. La artista siempre toca su sesgo peculiar respecto a cómo aborda la ciudad, como lo hizo en la divulgación de la muestra en la galería Vermelho: “Cuando yo digo que trabajo con elementos de la calle, me refiero a aquello que constituye mi cuerpo. Toda la experiencia vivencial, histórica, memorizada e incorporada en mi manera de ser informa la obra, pero el trabajo desde siempre fue solitario. Es una experiencia que se hace cuerpo, en el mismo sentido de incorporar. El trabajo es mental, es físico, pero es solitario. Se trata de una disciplina de la soledad”.

La percepción de los espacios y sus entornos, como los edificios, la arquitectura, la aglomeración de personas e informaciones, está en la médula de la obra de Carmela Gross. Su trabajo, altamente concentrado en la vivencia de una única ciudad (São Paulo), acabó volviéndose una inmersión y vuelta a las dimensiones y capas diversas, como explica la artista: “El trabajo tiene una capacidad de aunarse con el entorno. A veces parece que fue hecho para un lugar específico, pero de verdad, es la capacidad que tiene de contraer y absorber el entorno; es un polo donde todo lo que está en su entorno acaba formando un determinado sentido con el trabajo. No es el trabajo el que va hacia un lugar específico, es lo contrario, el lugar se torna específico porque allá se realizó aquel trabajo”.

Carmela Gross, por Alessandra Simões | artnexus