Alex Trimino, artista colombiana residente en Miami, ha ensanchado los caminos abiertos en siglos anteriores por el Movimiento Art and Crafts, y luego por la Bauhaus, al fusionar dos vertientes de tiempos culturales disímiles: el milenario uso de la fibra, con la incorporación de bordados, tejidos, crochet, o cuerdas e hilados junto con toda suerte de textiles; y el legado de los pioneros del arte de neón que, desde los sesenta, emplearon ese material propio de los anuncios en la sociedad del espectáculo en obras minimalistas, postminimalistas y conceptuales. Para crear sus esculturas e instalaciones textiles y lumínicas, ella retoma el hilo de textiles sostenido desde la prehistoria, casi siempre por manos de mujeres, y lo desteje para entretejer formas nuevas. Y con esas fibras que contienen signos tanto de las memorias de sus propios ancestros como de las culturas originarias de América, va recubriendo pacientemente los tubos de la industria del neón –casi siempre en manos de hombres–, o, como se advierte en su pieza Shadows Play, de 2021, los hace dúctiles a su propia expresión, logrando que se curven en formas sinuosas, casi imposibles para el medio, entretejiendo gestos y rastros culturales vitales.

En el texto de la exposición “HyperLeak”, desplegada en certero diálogo con el trabajo de Felice Grodin, quien también aborda formas transformativas correlacionadas con “un mundo contradictorio que –como afirma– es simultáneamente global y territorial y esencialmente vulnerable”, la crítica Patricia Hernández escribe que la obra de Trimino “se filtra a través de las grietas del presente” y revela “conexiones históricas aún más fuertes de lo previsto”. De adolescente, ella rehuía aprender a tejer, porque veía a las mujeres de su familia, todas tejedoras, confinadas a lo doméstico, y sentía la urgencia instintiva de cortar esa atadura que arrastraban por igual la abuela materna, con la cual creció, colombiana descendiente de inmigrantes italianos y casada con un americano de origen polaco; y las generaciones de mujeres de la familia paterna, que “siempre estaban cocinando o tejiendo”. Ella vivía, por su parte, “desbaratando todo” y fue desarrollando una fascinación por las matemáticas y la tecnología. Pasaron décadas hasta cuando encontró en los textiles la tridimensionalidad ausente de otros medios y la compresión de la progresión algorítmica que hay en una pieza de crochet. Comprendió que “a su manera, las abuelas poseían y transmitían ese conocimiento”.
Una obra reveladora de Trimino es Loom, de 2011: sobre una instalación de piso a techo de un telar proyectó la imagen de su torso extrayendo fragmentos de un trozo de madera que, a su vez, aparecen físicamente adheridos al telar y esparcidos. Lo virtual y lo matérico se encuentran en su cuerpo y originan una obra que desde hace una década se reinventa con su nomadismo cultural y con una continua experimentación técnica: puede identificarse con el “arte radicante” de Nicolas Bourriaud, término que “designa un organismo que hace crecer sus raíces a medida que avanza” y que da origen a la “forma-trayecto”, capaz de “poner en marcha las propias raíces en contextos y formatos heterogéneos, negarles la virtud de definir completamente nuestra identidad, traducir las ideas, transcodificar las imágenes, trasplantar los comportamientos, intercambiar… y favorecer una multiplicidad de arraigos simultáneos o sucesivos”.
Con excepción de Hallucination of the Insane, de 2015, pieza lúdica, bio-mórfica y autorreferencial sobre la “locura” creativa de su práctica incesante de revestir tubos de neón con texturas, borlas, retazos, hilos, amarres textiles, o incorporarlos a objetos que contienen historias fragmentadas, todas las obras en “Hyperleak” fueron creadas en 2021. Cada pieza responde orgánicamente a memorias vitales. Trimino incorpora objetos que eran de la familia o que le ceden amigos y que tienen una historia, del mismo modo en que revisita el legado de tejidos de culturas de pueblos nativos y aún vivos como los Wayúu de Colombia: “Cito sus patrones geométricos cuando tengo que conectar piezas. Al unirlos tengo en cuenta ese legado tejido por mujeres que transmiten así la memoria del origen del universo”. Esos fragmentos de conectores míticos revisitados aparecen en el despliegue de Artillery. Su conjunto de tubos fluorescentes intervenidos con una miríada de textiles, se proyecta hacia el espacio en hilos tensados que culminan en borlas. La instalación extiende su campo de colores en la pared, así como en la superficie luminosa y reflexiva del plexiglás de verde fluorescente que transforma la superficie de una banca heredada. La obra marca un proceso experimental por la reciente incorporación de ese material fascinante que “sin luz refleja luz”, y posee la fuerza poética de un objeto artificial que ocupa el espacio con naturalidad. Sus piezas emanan una multiplicidad cultural traducida en formas que adquieren resonancia por su convergencia entre la experiencia personal y colectiva: Trimino entreteje los caminos de múltiples culturas para incorporarlos en una visión experimental que se aparta de lo que Bourriaud denuncia como “esa estandarización de los imaginarios decretada por la globalización económica”.
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ADRIANA HERRERA
