El Museo Malba reabrió un proyecto que había comenzado en febrero de este año y tuvo un impasse sin presencialidad, en medio de las últimas restricciones. Se trata de un diálogo entre dos artistas latinoamericanas contemporáneas asociadas en un mismo punto creativo: el trabajo en la redefinición de los límites de la pintura. La muestra “Paralelo 1||3” se localiza en dos salas de los diferentes niveles del museo. Si bien debió esperar para concretarse, el equipo de trabajo logró aprovechar ese impasse para mejorar las condiciones de exhibición de un grupo de obras de dos mujeres que se conocen por Zoom, a partir de la convocatoria del museo. El título Fuera de serie, elaborado por la gestión de Gabriela Rangel –hoy exdirectora Artística de Malba–, tiene la curaduría de Francisco Lemus, quien propone dejar en claro que la idea fue presentar partes del trabajo de cada una, buscando esos puntos de contacto que comparten en clave de seguir un camino personal, algo que llaman elegir “la libertad de no gustar”. Ambas, efectivamente, han demostrado gran capacidad para plantear una experimentación indisciplinada que se nutre tanto de la cultura under como de algunos relatos de la tradición de aplicar el color sobre una tela. Reunir a Leda Catunda (São Paulo, 1961) con Alejandra Seeber (Buenos Aires, 1968) le permite al curador mapear dos escenas de producción que se mostraron muy activas en décadas cruciales como los 80 y los 90, marcadas también por el final de las dictaduras en ambos países de origen.

Leda Catunda es una artista que inicia su trayectoria a principios de los años 80, a los 21 años, y rápidamente se inclina por un trabajo que reemplaza la práctica tradicional sobre un lienzo blanco para utilizar telas impresas recolectadas, las más comunes y cotidianas, cosidas a máquina, formando un textil muy singular y colorido. Hechos con varias capas en planos crecientes y superpuestos, o en volúmenes suaves que se articulan como escamas, o bien, se entrelazan jugando a darle volumen al plano ligeramente engordado y colgado en la pared. Las telas más comunes que circulan entre las comunidades, con un detalle que le gusta remarcar: deben tener diseños impresos. Una vez seleccionadas, son pintadas por Leda Catunda como un cuadro abstracto, señalando claramente una expansión de la pintura y transformando lo cotidiano en objeto. Una visualidad que está presente en la apelación a ciertas formas discernibles como lenguas, barrigas, gotas, velas o insectos que al condensarse en obra se asocian también a la indumentaria, el consumo, y son parte del universo doméstico de la artista. Viviendo en una megalópolis como São Paulo, dice necesitar “la fisura de la ciudad para inspirarme”, y consiente que su trabajo tiene cierta familiaridad con el neoconcretismo, la cultura popular y el mundo natural.

Alejandra Seeber también tiene una base creativa en la experimentación, a lo que agrega el valor de avanzar sobre el plano de la tela libremente, comenzando con alguna idea que puede ser resabio de la caminata del día anterior, recuperando partes de señales del entorno cuando va camino a su taller, o en espacios interiores apenas esbozados. Su trabajo se hizo notorio en la escena de Buenos Aires de los 90, con un nuevo concepto que intentaba borrar de la obra toda asociación directa para mantenerse como pintura abstracta. Desde sus inicios buscó otra belleza que estuviera fuera del canon y se manifestara más crítica e irónica. Por ello, se declara más influenciada por el circuito off y el under, escenas que se atreven a dejar ver parte del proceso de producción, remarcando que no hay necesidad de perfección. Trabajando desde Nueva York a partir del 2000, logró impactar en varias generaciones sin estar tan presente, con un tipo de proceso sobre la tela que dejaba en claro los momentos menos gloriosos, partes en las que no es tan grato detenerse, como ella misma comenta en el video que puede verse en el sitio https://www.malba.org.ar/evento/seeber-catunda/
La pandemia cambió los ritmos de producción, pero de lo nuevo hay poco exhibido en sala. En la presentación de contenidos que pueden accesarse en el sitio oficial, Seeber comenta que volvió a concentrarse en pequeños relatos de lo cercano al no poder ir a su taller, una especie de bitácora similar al formato pequeño que apareció en el 2000 y puede verse en la sala. Catunda entendió que no necesitaba descansar de nada, y, aprovechando que no se traslada para trabajar por la pandemia, elabora una pieza de grandes dimensiones a la que puede dedicarle mucho tiempo. Muy buena la posibilidad de acceso virtual del sitio, para verla y disfrutarla, aun virtualmente.
