Exposición Individualdic 2021 - may 2022· Por Caridad Botella

Adrián Gaitán

NC-arte

Ornamentos de madera cubiertos de oro, estuco o yeso para dar un acabado falso; se podía rascar la superficie para encontrar la esencia debajo de la ficción. La arquitectura barroca reflejaba la necesidad de seducir a través de las apariencias, su exceso característico encubría una crisis, la del siglo XVII. A través de los materiales, representaba historias que trascendían la falta de nobleza de estos, narraban aquello que escondían. El primer contacto visual con la exposición “Nobleza obliga” del artista Adrián Gaitán remite a ese mundo: cual fachada de yeso, engaña al ojo tal como lo hacen el oro hueco o un falso mármol. El artista da unas pistas y el espectador reconstruye a partir de ahí, tal y como el título de la exposición abre el inicio de una frase que podemos completar. ¿A qué obliga la nobleza? Para empezar, a meternos en la trama de la ficción social y el decorado que la sustenta.

Exposición Individual: Adrián Gaitán — imagen 1
Adrián Gaitán. De la serie Nobleza obliga #5, 2021. Zapato, madera, tierra. Foto: Oscar Monsalve. Cortesía: NC-arte.

La curadora y académica Julia Buenaventura construye el discurso curatorial a partir del hecho histórico que narra la venta de títulos nobiliarios para costear las bodas de Carlos II de España, que se dieron a finales del ya mencionado siglo. A partir del hecho histórico, Buenaventura revisa dicha práctica transaccional, agregando la particularidad de la venta de cargos públicos en América, realizada para financiar, por ejemplo, la Armada del Mar del Sur. Estos hechos concretos son un buen caldo de cultivo para urdir el diálogo entre artista y curadora, para recorrer el sutil engaño o la basta verdad representados aquí. Como afirma Buenaventura: “de tanto oro recibido solo se cosechan deudas”; sobre esas deudas está construida la sociedad poscolonial hasta nuestros días. Siempre en deuda con otro, siempre en agradecimiento a alguien o algo.

La gran instalación de “Nobleza obliga” (primer piso) es un espacio dentro del espacio, un dispositivo de preguntas, de pullas por observar críticamente para no caer en la trampa, una serie de provocaciones llenas de un serio sentido del humor que llevan al espectador a un terreno teatral, a transitar una “puesta en escena”, en palabras de Gaitán. (Lo teatral es clave aquí, si tenemos en cuenta la importancia del teatro y las escenografías efímeras en el Barroco). Una pared con motivos calados en papel de colgadura nos permite mirar hacia adentro y desde adentro, hacia afuera, experimentando la inclusión/exclusión de la pieza. La exclusividad del privilegio “del adentro” se erige en escenario que está siendo observado, revisado y criticado. Por otro lado, desde “el adentro” se proyectan hacia “el afuera” las sombras de la ilusión del que desea pertenecer, del que toma nota de lo que se debe hacer. Desde la distancia la pared parece de tela, pero al aproximarse un poco más revela su identidad: es de lona, de saco, de tela plástica. En “el adentro” encontramos, entre otros, un piano forrado con un colchón hallado en la calle del que solo podemos imaginar el olor; un reloj de pie caído con tronco de palmera –como si lo tropical desmembrara al deseo de tener buen gusto–; a los lados, pilares hechos de restos de madera –como colosos en una Noche de San Juan–; una lámpara de araña hecha con bolsas de té que tamizan una cálida luz, oriental como las hojas que la componen. Hasta se sugiere el diseño de un jardín francés que luce un tipo de planta suculenta –Kalanchoe–totalmente despojada de aires versallescos. Los símbolos de poder, riqueza y abolengo están formalmente presentes, son reconocibles como elementos que hemos visto en la realidad, o la representación en las casas de nuestros familiares, en los libros o en la televisión, pero una vez que tocamos con los ojos, que los sometemos a escrutinio, los materiales se revelan tal y como son: burdos, sin caché, de la calle, desechables, corrientes, y por este mismo guiño, no podemos más que lanzarnos a interpretar, a preguntar, y también a sonreír al entender el juego de adivinanzas que despliega Gaitán.

Esta historia puede arrastrarse hasta nuestros días. La continuidad de significado que recorre los siglos, las generaciones y las sociedades que los habitaron imprime a la serie Nobleza obliga un carácter atemporal que podemos entender desde nuestra contemporaneidad; los símbolos se mezclan para pensar el hoy desde la necesaria perspectiva histórica. En el segundo piso, la pieza Nobleza obliga #5 presenta el mazo de una pica; esta ha sido sustituida por unos zapatos de vestir de hombre, se percibe que están muy usados, que no sobra para comprar otro par, pero, aun así, han sido embolados. Los zapatos de domingo de un trabajador, comprados con el sudor del trabajo y brillantes como debe ser, que no se diga. La ficción artística y la narrativa curatorial se dan la mano en un pacto de trabajo en conjunto, retador y provocador para una sociedad que sigue validando la superficie y la superioridad de ciertas formas de hacer y mirar.

Adrián Gaitán, por Caridad Botella | artnexus