Vik Muniz expone en São Paulo una serie inédita compuesta de veintidós obras únicas, todas producidas en el 2019. La exposición abrió al público en octubre del último año, en la Galería Nara Roesler.
Esa colección se inspiró en una extensa investigación sobre pinturas conocidas, en el imaginario colectivo, por sus reproducciones. Esa inquietud le surgió a Vik Muniz desde 1993, cuando se trasladó a los Estados Unidos y comenzó a interactuar directamente con obras originales en los grandes museos, obras que conocía apenas por las múltiples publicaciones y réplicas, difundidas en todo el mundo. Tal vivencia despertó en el artista un cuestionamiento sobre la ambigüedad entre vivenciar presencialmente la obra y, en contrapartida, relacionarse analíticamente con ella por medio de sus reproducciones. El impacto ha ocupado el centro de la investigación de Muniz sobre lo real y sus dobles, durante las tres últimas décadas de su carrera.
En el repertorio del artista, conserva una conversación con su abuela, que le dijo: “el mundo está hecho de cosas reales y de cosas imaginadas”. Ese dictamen influenció al artista en su manera de pensar, sentir y crear por medio de la dicotomía: ¿Cómo las cosas se relacionan con las ideas? Las pinturas presentadas en esta exposición traen esa característica personal en trabajos que provocan sensaciones entre capas de lo real y de lo mental. Ilusión y realidad agudizan lo imaginario por medio de la construcción formal.

Vik Muniz rompe el concepto de la temporalidad, en la fotografía, creando una ambigüedad al yuxtaponer pintura, ensamblaje y re-fotografía, lo que provoca un distanciamiento entre tiempo y espacio, en donde la representación está siendo construida. El resultado del trabajo es la tridimensionalidad. La pintura en la obra de Vik Muniz, al ser fotografiada, pierde la dimensión cronológica del momento en que ocurrió el encuentro entre el pincel y la tela. En ese proceso, el artista pinta de nuevo sobre la fotografía, vuelve a fotografiar cada etapa, conquistando una especie de fuga del tiempo y del espacio del acto procesual de la creación de la obra. Ese juego ilusionista pone de presente el perturbador encuentro entre ilusión y realidad.
Mediante esa lógica procesual, surge una arquitectura de superposiciones, de acomodaciones de capas y sombras proyectadas por cada una de las capas sobre las otras, que revelan sentidos de representación, una especie de aura de cada superficie, que empieza a funcionar como cuna para otra que se sumará con las nuevas.
Los trabajos de Superficie fueron construidos a partir de una cita de obras abstractas de diferentes pintores y orígenes, como por ejemplo, Waldemar Cordeiro, en la obra Idea visible, de color y masa sobre madera, revisitada en Leque (entramado en diagonales). Muniz reconstruye el Waldemar Cordeiro, en una producción de impresiones en chorro en papel “archival”, dispuestas en capas.
En el proceso de desconstrucción y reconstrucción de una obra, conservando la referencia al original, Muniz juega con el concepto de reproductibilidad técnica de Walter Benjamin, en una época en que la fotografía está presente en un flujo de imágenes cotidianas. En ese juego, Vik Muniz restaura el aura de la obra reproducida, por ser otra y única. Los trabajos son presentados en superficies y exploran dos abordajes recurrentes en su vocabulario artístico: ora un material en busca de significado, ora una imagen en busca de renovación física.
Esta negociación entrópica de pérdida de material y ganancia virtual lleva al espectador a cuestionar su relación con la experiencia física de la obra de arte, en un contexto en el que las imágenes y la misma idea de realidad son mediadas por la tecnología digital, hoy omnipresente en nuestra cotidianidad. Para el artista, la presencia física del espectador es fundamental para la comprensión y el diálogo con sus obras. El efecto que él persigue es que el lector de su trabajo pueda experimentar la transición entre el vivenciar la obra, en cuanto objeto real, y reflexionar sobre los efectos que ella provoca en su plano mental.
El fenómeno de la reconfiguración de la realidad derivada del advenimiento de nuevas tecnologías es la forma en que las imágenes se difunden. Esto lo aprovecha Vik Muniz para romper los paradigmas que tradicionalmente polarizaron la pintura y la fotografía, rescatando la relación entre lo material y lo pictórico presente en su producción desde el inicio de su carrera; en una de sus primeras series, Best of Life, el artista dibujaba fotografías famosas a partir de su propia memoria para entonces fotografiar los dibujos y exhibir las imágenes resultantes.
Aunque sus obras utilicen la pintura tanto en su proceso como en su concepto, ellas no son pinturas; aun así, en cuanto imágenes fotográficas de obras que existen de manera autónoma y física, tampoco son abstracciones. Son imágenes fotográficas no reproductibles que, de manera ambigua, valorizan simultáneamente las superficies materiales y conceptuales de la pintura y requieren la presencia física del espectador para tener éxito.
