Si algo caracteriza el arte de Marlon de Azambuja es su relación con el papel determinante del legado moderno en la cultura brasileña. Legado poderoso e influyente en los ámbitos del arte y la literatura, pero sobre todo en la arquitectura. Ciudades como Río de Janeiro o São Paulo son actualmente inimaginables sin la impronta de la arquitectura moderna, y Brasilia, aún hoy, sigue siendo un logro mayúsculo de este paradigma arquitectónico a escala planetaria. Por eso, no me sorprende que la arquitectura haya sido durante tanto tiempo el asunto, la inspiración, el leitmotiv recurrente de la obra de un artista como él, con una memoria y una imaginación muy marcadas por dicho legado. Como lo demostró con creces esta exposición, que, por ser una antología o una muestra representativa de lo que ha sido su trabajo, ofreció pruebas abundantes de lo que vengo diciendo.
Así, bajo el título “Potencial escultórico”, se agrupaban en esta un conjunto de fotografías que documentaban cómo Azambuja, cubriendo con cintas adhesivas de colores los vacíos existentes entre columnas, muros o escaleras, generaba impactantes esculturas efímeras. Las fotografías agrupadas en la serie Metaesquemas documentaban, en cambio, otra faceta de sus intervenciones en el espacio. Utilizando cintas adhesivas de color negro, él unió los bordes de tapas del acueducto o del alcantarillado y rejillas de ventilación puestas en las aceras para componer figuras geométricas cerradas, que luego fotografiaba. Una manera ciertamente muy original de dibujar, contando con elementos callejeros, y de proponer una relectura sorprendente de estos.
Estas obras fueron realizadas hace una década o más, pero el deseo de releer y reinterpretar la arquitectura y las escenas urbanas reaparece en otras mucho más recientes. Es el caso de Gran fachada - New Whitney, la serie de dibujos hechos a partir de fotografías de los exteriores de la nueva e impresionante sede del Museo Whitney en Nueva York, diseñada por Renzo Piano. Las copias, en color y de gran formato, fueron enmascaradas cuidadosamente con roturador negro dejando en blanco solo las aristas, los biseles y los perfiles de este sofisticado edificio. Los únicos toques de color en estas imágenes: los árboles plantados en las aceras, y en la que Piano ha calificado de Piazza del arte. Más recientes todavía son los veinticuatro dibujos que integran la obra Catalogue Raisonné / Grain Elevator, hechos a partir de otras tantas fotografías de Hilla y Bern Becher, la pareja de fotógrafos alemanes que en los años 70 y 80 del siglo pasado realizó un inventario exhaustivo de la arquitectura industrial alemana. Las fotografías utilizadas por Azambuja están dedicadas a los graneros, y lo que él hizo con ellas fue recubrir el cuerpo de estos con roturador negro para que solo quedaran visibles sus aristas y perfiles.

La más reciente, sin embargo, de las piezas incluidas en esta muestra es una escultura hecha ex profeso para esta. Y digo “hecha”, aunque sería más apropiado decir “construida” porque eso es lo que realmente es: una construcción hecha con materiales de construcción disponibles en las tiendas de la ciudad, que se asemeja a la maqueta de una aglomeración de rascacielos en construcción. Su título, Brutalismo (Badajoz), es un homenaje a dicho movimiento arquitectónico, tan opuesto al minimalismo ahora imperante. El aspecto evidentemente inacabado de esta pieza caracteriza igualmente Lecciones de pintura, aunque en su caso no fuera notorio a primera vista. De hecho, esta es una obra inconclusa, un working progress, iniciado en 2013, y que Azambuja tiene previsto continuar hasta alcanzar la cifra de mil piezas. En esta ocasión enseñó las que ha efectuado hasta ahora: 263 pinturas de tamaño variable hechas a partir de cartabones, curvígrafos, escuadras y otros instrumentos de dibujo, habituales en las mesas de dibujo de los arquitectos antes del uso generalizado de programas como el AutoCAD.
La opción de Azambuja por las temáticas arquitectónicas no le impidió, sin embargo, presentar dos obras que interrogan o cuestionan la voluntad de orden, estabilidad y permanencia a la que responde normalmente la arquitectura. La primera de ellas se titula Desembarque, y consiste en un podio sobre el que se enfrenta, en un extremo, una bandada multicolor de pájaros de cerámica, y, en el otro, unos cubos de cemento pintados de blanco impoluto. Difícil no ver en esta obra una alegoría del contraste entre la exuberancia tropical del Brasil y el rigor geométrico, que es el sello distintivo de su arquitectura moderna. La segunda, Nocturnas, es un grupo de macetas con plantas, con las hojas pintadas por Azambuja. Las hojas van asimilando la pintura y van reverdeciendo, solo para que Azambuja las pinte de nuevo. Aquí se sugería, antes que una alegoría, una metáfora, esta vez de Goethe: “Gris es toda teoría, verde y dorado el árbol de la vida”.
CARLOS JIMÉNEZ

