Señala la artista María Elisa Pifano (Barquisimeto, Venezuela, 1958): “La cerámica es para mí la combinación ideal de la escultura y la pintura”. Lo cierto es que en “Lienzos de barro”, título de la primera exposición individual que presentó recientemente en la galería Graphicart, vimos cómo ella pudo expandir los límites de la arcilla y lograr piezas que oscilan entre el arte cerámico propiamente dicho y la pintura y la escultura. En efecto, trabaja el barro tanto para piezas bidimensionales como tridimensionales.
Tradicionalmente, se asocia a la cerámica con la creación de piezas volumétricas con fines utilitarios, desde hace varios años, también con intención artística. En cualquiera de estas dos modalidades, se amasa la arcilla y se la trabaja en el torno, se la moldea como un churro o, como en este caso, creando formas con láminas de barro. No cabe duda de que Pifano adquirió dominio de este medio por la sólida formación que ha obtenido desde su etapa formativa, continuándola incluso en su práctica profesional. A mediados de los años noventa estudió en Baldwin Pottery y en Parsons School of Design en Nueva York. En esta última institución se interesó en las clases de azulejos y murales dictadas por Frank Giorgini, terminando su periplo académico como Diseñadora de interiores. Años después profundizó aún más en el medio cerámico con Malinda Wright y Jake Alee, en el Tyler Junior College en Texas. Finalmente, en 2015, realizó un curso intensivo de escultura en Cerámica en Greenwich House Pottery durante una estadía temporal en Nueva York.

Cabe señalar, sin embargo, que no solo su educación formal ha determinado las cualidades que apreciamos en las obras recientemente expuestas. La fuerte tradición moderna, de manera específica, la abstracción geométrica que imperó en los años cincuenta en Venezuela, ha moldeado de alguna manera su visión y el concepto presente en sus composiciones. En efecto, ver estos Lienzos de barro (por nombrar solo una de las cuatro series que conforman esta exposición) es rememorar la excelencia geométrica que se aprecia en determinadas fachadas concebidas por Alejandro Otero en la Ciudad Universitaria de Caracas, o bien, murales de otros artistas de la talla de Víctor Valera, Carlos González Bogen, Mateo Manaure, por nombrar solo algunos. Esta referencia de carácter constructivo se mantiene en las cuatro series presentadas en la exposición, y su principal diferencia radica en las soluciones formales y técnicas existentes entre sí.
Como bien explican las curadoras Patricia Morales y Verónica Liprandi en el texto curatorial, en las series tituladas Bocetos en piedra, Composiciones, Moradas y, por supuesto, Lienzos de barro, la artista “logra moverse con destreza entre los límites de la bidimensionalidad y la tridimensionalidad”. La primera distinción por señalar es precisamente la forma como maneja el plano y el volumen. En efecto, para María Elisa Pifano ha sido un desafío llevar el barro a la bidimensionalidad. Lo realiza de varias maneras: en Lienzos de barro, la artista organiza las figuras geométricas, ya sea mediante trazados en blanco y negro –lo que acercaría estas piezas al dibujo–, y en otras, con criterio más cercano a lo pictórico, aplica el color. En ambas modalidades, el resultado es una imagen plana, sustentada precisamente en diferenciaciones de forma y color entre las diversas figuras geométricas. En Composiciones y Bocetos en piedra, en cambio, los procedimientos varían. En la primera continúa indagando acerca de familias cromáticas que son armónicamente análogas. El detalle es que las figuras no se trazan sobre el soporte o lámina de barro, sino que son pequeños volúmenes que se adosan sobre ese plano. El efecto es de un relieve.
En Bocetos en piedra se mantiene la idea de una composición en relieve entre diversas figuras, solo que las figuras o los elementos adosados están “enlazados” por trazos lineales hechos con lápiz cerámico. Por otro lado, esta serie presenta otro distintivo, y es que la artista no usa aquí esmaltes. El color resultante, una vez realizada la quema, es el de la arcilla natural, que aparece con múltiples matices. Ello se da por los diversos componentes químicos presentes en los distintos tipos de arcilla utilizados. Moradas, por otra parte, son piezas propiamente volumétricas. Semejan construcciones arquitectónicas en las que imperan la forma y el espacio. Finalmente, el mural titulado Círculos y cuadrados resalta no solo por su virtuosismo técnico y por el contraste de figuras geométricas en positivo/negativo, sino, como señalan las curadoras, por sus “reminiscencias de los icónicos ambientes psicodélicos de los años sesenta”.
Todo lo antes expuesto da cuenta del rigor y la creatividad existentes en la obra cerámica de María Elisa Pifano. Su objetivo: transformar el barro en lienzo, volverlo piedra. En definitiva, son piezas que expresan dos aspectos esenciales: armonía y belleza.
