Exposición Individualago 2021 - nov 2021· Por Juan José Santos

Lina Espinosa

Galería Rafael Pérez Hernando

Imagino a la artista que por fin llega a su estudio en el sexto piso de un edificio de Bogotá (Colombia). Deseando concentrarse en el dibujo, perderse en las líneas, con ellas y entre ellas. Al abrir la ventana la epopeya de la rutina se apodera del taller: gritos, frenazos, bocinas, ambulancias, vendedores, predicadores sin licencia. La artista retoma su papel e intenta continuar con las suaves curvas generadas por el giro de su muñeca. No lo consigue: el ruido que proviene del exterior la posee como un demonio colectivo. Se desespera. Sigue trabajando: agarra los lápices con furia, los restriega por el folio como una médium espiritista. Agujerea el papel, lo arruga, lo pintarrajea con puntos, líneas esquinadas, manchas, borrones. Entra en un creativo estado nervioso, y así sale el dibujo: las marcas de color son amasijos de nervios, axiomas y comandos eléctricos.

No tengo que imaginar mucho. En una de las salas de la Galería Rafael Pérez Hernando se muestra Fonografías (2012), un video en el que las manos de la artista “transmiten” la algarabía de la calle, como si se hubieran convertido en un sismógrafo de los sonidos urbanos, manejando de manera arbitraria, agitada, lápices y otros elementos como chinchetas de oficina. “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”, me dijo una de las trabajadoras de la galería. Este audiovisual es obligatorio, al menos si se quieren entender los dibujos que se muestran, y que fueron todos ellos realizados el día en el que se grabó el video: el 18 de octubre del 2012. Habría sido fantástico que toda la exposición se hubiera alimentado únicamente de lo que Lina Espinosa (Bogotá, 1964) hizo durante esa mañana. Dos meses abierta al público, una exhibición de lo que hizo la creadora durante unas horas desde la soledad de su taller. Lo digo sin ironía. Lo cual no desmerece el resto de creaciones que se muestran en “Líneas improbables”.

Exposición Individual: Lina Espinosa — imagen 1
Lina Espinosa. Trazos y silencios, 2008. Alambre cosido sobre papel. 44 x 58.5 x 10.5 cm (17 21⁄64 x 23 1⁄32 x 4 9⁄64 pulgadas). Foto: Luis y Víctor Vioque. Cortesía: Rafael Pérez Hernando.

Obras recientes, muy recientes, comparten espacio con trabajos anteriores. Entre las primeras destaca Historias que no fueron (2019), una cortina compuesta por pequeñas piezas reflectantes, lágrimas que caen en una lluvia con sombra: la proyección de las figuras en la pared de la sala es parte de la obra. El juego de sombras se establece en otras obras de menor tamaño, como Ancestro encontrado (2018), alambre de bronce que podría ser una joya arrastrada, o en Otras olas (2019), que sintoniza con los neuróticos dibujos antes citados.

Muchas de las esculturas de pequeño formato combinan lo presuntamente lujoso con lo encontrado, con la basura de vertedero, arrojando una “línea probable” entre el objeto artístico y el resto inútil, lo cubierto de oro y lo hecho de plástico. 

Tanteo (2013) y Cobija (2019) son como una burla al material: el primero está hecho de cabuya de fique, una cuerda usada en construcción, y el segundo, de alambre de bronce: la composición es similar, el producto, entre lo laico y lo sagrado. Afirmación que se reivindica con las formas de exponer: pueden estar atados a una cuerda o introducidos en vitrinas transparentes. La maestría se resume en la capacidad de estas pequeñas obras que cuelgan cosen, o emergen, de evocar sensaciones o estados de ánimo: nostálgico, enmarañado, divertido, doliente. Todo es, eso sí, trabajado con delicadeza, con la incerteza de que si una corriente de aire penetra en la galería, las obras volarían por el techo. El trabajo de Espinosa tiene una vertiente poética que no se esconde: el mismo texto curatorial –impreso en un papel arrugado– está compuesto por unos breves versos, que comienzan con “Líneas improbables/habitan el silencio”. En la línea cosida sobre papel, Generaciones (2019), un punto al inicio y otro al final, nos recuerdan que esta historia, o las historias, son vínculos que entran y salen.

Silencio que es interrumpido de nuevo. Un coche pasa por el exterior de la galería: el sonido se introduce en el espacio y acompaña al espectador que regresa al inicio: a ese dibujo performativo, o esa performance del dibujo. Los resultados derivados del trabajo documentado en Fonografías demuestran una labor de “hacer el azar” de manera concienzuda, un ejercicio de amateurismo, en el que la artista se transforma en la manipuladora de unos títeres, los lápices, que bailan al son de la agitada vida de una calle colombiana. Vemos las huellas, los signos, los accidentes, e intuimos el ritmo.

Lina Espinosa, por Juan José Santos | artnexus