El circuito de exhibición de Miami está dando cada vez más espacios durante su Art Week (que coincide con la edición de Arte Basel Miami Beach) a artistas que forman parte de su comunidad artística o han formado parte de esta. La edición de Art Week, 2019, tal vez ha sido una de la que más ha potenciado esta proyección. Entre numerosas exposiciones personales, realizadas, tanto en galerías como en las instituciones museística, podemos contar, por ejemplo, “Carlos Estévez. Cities of the mind” en el Lowe Art Museum (UM), “Tomás Esson Miami Flow II” (Fredric Snitzer Gallery), “John William Baily. The Roses of Fibonacci” (LnS Gallery) y “Teresita Fernández. Elemental” (PAMM). También destacan exposiciones colectivas como, entre otras, “For Now: Contemporary Venezuelan Art of the Miami Diaspora” (Coral Gables Art Museum) o “10-A Decade” en el espacio Dimensiones Variables.
“Julio Larraz. Behind the Curtain of Dreams” en la nueva sede de Ascaso Gallery ha sido, probablemente, la exposición más abarcadora de las realizadas en torno a un artista, dentro del circuito galerístico de la ciudad en esas fechas. Esta muestra, formada por casi una treintena de pinturas, incluye también seis esculturas, tres de ellas con dimensiones monumentales, producidas especialmente para la ocasión. Obras que, entre pintura y escultura, cubren más de seis años del trabajo de Larraz. Todo ello la convierte en la muestra más completa e importante realizada en los últimos años por el artista en Estados Unidos.

“Behind the Curtain of Dreams”, acompañada de un documentado catálogo, despliega todo el poderío poético y discursivo que ha caracterizado la trayectoria de Larraz. Esta trayectoria, que ha producido una obra de estilo personalísimo de gran singularidad expresiva, lo convierte en una de las figuras fundamentales en el escenario de la neofiguración. Y es precisamente la distintividad que alcanzan los rasgos pictóricos de su neofiguración, lo que aporta singularidad a la expresión de su poética. En este sentido, es una neofiguración, donde la relación fondo-figura está armonizada por el empleo de una paleta de colores planos. Una paleta de trazo con expresividad resuelta, que habilita la profundidad en el encuadre de la mirada hacia los horizontes de las obras. Hay también en Larraz una especie de vocación por la síntesis narrativa, aquella que destiló de sus inicios como ilustrador antes de sumergirse en el mundo de la pintura neofigurativa. Es visible esta sinergia narrativa en pinturas como, por ejemplo, Forest Murmurs, de 2015, Au Revoir, de 2016, o Undocumented, de 2015, entre otras muchas más. En esa síntesis pictórica de dimensión narrativa, el mundo de los objetos y las cosas, es captado por una imagen donde el detalle que produce la figuración nunca llega a ser explícito. Entre otras cosas, porque el tratamiento de la luz, un poco a la manera posimpresionista, evita la determinación de contornos precisos. Y esa leve “borrosidad” en los contornos que su lenguaje neofigurativo imprime a las representaciones implica que nuestra percepción de esas imágenes tenga mayor espesor de subjetividad.
Desde el punto de vista discursivo, la mirada paisajística es otro de los caracteres que asoman en esta selección de obras. Son muchas las pinturas que abordan el género del paisaje, y no pocas veces con un aliento neorromántico. Espacios naturales ideales que envuelven la presencia humana, como sucede en Dreaming of Petrarca, de 2015, y en Flower Storm over Punta, de 2018, por solo citar algunas. El mundo de Larraz tiene apariencia de realidad, precisamente, por el modo en que su lenguaje neofigurativo asume las representaciones del mundo. Pero esa apariencia de realidad se ve contrastada cuando conjuga en una misma pintura dimensiones espacio-temporales diversas como sucede, por ejemplo, en Forest Murmurs, de 2015, o en Au Revoir. Barcos que surcan los cielos (Au Revoir), teléfonos de la era modernista frente a muros que se muestran infranqueables. Son pinturas que dan cita en un mismo escenario a dimensiones culturales de sentido simbólicamente disociadas. De ahí, ese efecto de surrealidad que respiran muchas de las pinturas, pero también esculturas como, entre otras, las monumentales Retrofit y Strong Man, ambas de 2019.
En Retrofit, Larraz retrotrae la mitología de la Grecia clásica al imaginario de la contemporaneidad. Para ello, reproduce la estatua de la diosa Niké, conocida como La Victoria de Samotracia. Pero sustituye las alas de esta diosa por dos turbinas de aviones que parecen llevarla por el universo a la velocidad de la luz. Es el mundo de Larraz como secuencia de imágenes que se van sucediendo sobre la realidad, a la manera de ensoñaciones. Lugares deseados pero inexistentes, situaciones que son añoranza, escenarios que nos invitan a recordar lo que somos mientras nos adentramos en el imaginario fascinante de Julio Larraz.
