Exposición Individualago 2021 - nov 2021· Por Max Hernández-Calvo

Gilda Mantilla y Raimond Chaves

80m2 Livia Benavides

“El calor derrite los estilos” parte de las indagaciones de los artistas a bibliotecas especializadas en temas amazónicos, en la ciudad de Iquitos, en la selva peruana.

A partir de esas investigaciones, Mantilla y Chaves recopilaron imágenes, dibujos, gráficos, partituras, textos, noticias, citas, extractos de textos, entre otros, con miras a explorar las maneras en que estos materiales construyen simbólicamente un territorio determinado.

Los artistas se interesaron especialmente en la manera cómo funcionan las imágenes comunicacionalmente, considerando sus distintas cargas, relativas a sus orígenes, funciones, especificidades, materiales, canales de circulación, etc. Una de sus principales preocupaciones es la manera en que nos relacionamos con las imágenes, tanto a partir de lo que muestran como de lo que ocultan, lo que describen y lo que ofuscan. Partiendo de dicha comprensión, Mantilla y Chaves atienden a los procesos asociativos que ponen en marcha y que nos llevan a otras imágenes y a otras reflexiones, yuxtaponiendo imágenes diversas y resaltando determinados detalles y rasgos, que orientan, reorientan y desorientan nuestras lecturas de ellas.

Exposición Individual: Gilda Mantilla y Raimond Chaves — imagen 1
Gilda Mantilla y Raimond Chaves. Tierra de nadie, 2019. Políptico. Impresión digital gyclée en papel de algodón enmarcada. Dimensiones variables.

Mediante este trabajo de descontextualización y recontextualización de las imágenes, los artistas impulsan un desplazamiento metonímico (por semejanza, por contigüidad), pero también metafórico, trasladando y sustituyendo sus sentidos, entre ellas, con miras a precipitar una reflexión sobre su papel en la construcción de esa categoría geográfica y cultural que es el territorio amazónico.

La exposición está estructurada por grupos de obras, que denominan capítulos: Tierra de nadie, que incluye un políptico formado por fotos tomadas de medios impresos como diarios, revistas, libros, algo que se hace patente en la trama offset de la impresión, así como en las distintas tonalidades de la foto (diferentes matices de blanco, sepia y amarillo), que corresponden al estado del papel, pues son escaneos del material. La imagen, el grano, el color y las texturas de la impresión, errores incluidos, son claves que nos permiten imaginar la fuente de donde proviene cada fotografía (periódicos, libros, revistas), pero también su antigüedad y su función (documental, informativa, promocional, etc.).

En el capítulo Gabinete abstracto, se incluyen piezas basadas en un juego de sección de amenidades de un periódico o semanario, en el que debemos rellenar las zonas punteadas de un dibujo para descubrir una figura oculta. En primer lugar, Mantilla y Chaves sintetizan ese diagrama, resaltando su dimensión abstracta, y, por otro, lo convierten en un objeto escultórico formado por recortes de metacrilato negro, siguiendo el patrón lineal del dibujo. Así, partiendo de una imagen visualmente descompuesta por las líneas que la atraviesan, materializan esa fragmentación y la radicalizan, dispersando las partes del dibujo. En otras palabras, los artistas traducen una imagen en un objeto, que a su vez crea una nueva imagen, enteramente distinta a su fuente, que también contiene la imagen escondida del original, pero ahora imposible de ser descifrada.

Trama interpuesta incluye una barandilla de acero junto con imágenes de rejas y cuadrículas. La deriva formal que se da a partir de estas estructuras permite interpretar, por ejemplo, que el puma enjaulado de una de las fotografías es una de las consecuencias del desarrollo de la cartografía y la organización del espacio en coordenadas. Dicho en pocas palabras, de la geografía al colonialismo y la explotación.

En Secretos de la Amazonía, una proyección doble de diapositivas contrapone imágenes tomadas de material impreso con leyendas que describen otras fotografías. El paralelo entre ambas proyecciones crea una suerte de cortocircuito entre las descripciones y las imágenes, en donde ninguna de ambas ofrece suficiente información para resultar conclusiva, considerando las ambigüedades del texto, así como los grados de abstracción de las fotografías relativos al encuadre, la trama offset, defectos de impresión, etc.

En Un determinado relato vemos un video en el que Mantilla y Chaves incorporan todos estos asuntos de sus búsquedas en el archivo amazónico, y, nuevamente, confrontan imágenes creando asociaciones inesperadas que precipitan una deriva interpretativa. En este capítulo también se incluyen impresiones digitales de imágenes fotográficas de medios impresos, en las que los artistas han borrado la fotografía, dejando solo la leyenda que la acompaña. El texto invita a generar la imagen que le corresponde a esa descripción, pero también en el vacío de la información sobre el texto, especulamos sobre su sentido y sus funciones.

Había una vez un museo de historia natural presenta un video del peculiar Museo de Historia Natural de Iquitos, remarcando su pequeña escala y sus desconcertantes “displays”, con dos piezas escultóricas abstractas en acero galvanizado (que hacen referencia al pez paiche y al delfín rosado, especies del río Amazonas), una pintura que parece un paisaje y una fotografía de unos militares con trajes camuflados, creando un entorno desconcertante.

Articulando críticamente las nociones de archivo, imagen y territorio, Gilda Mantilla y Raimond Chaves nos proponen un ejercicio reflexivo sobre nuestro papel como receptores y como agentes de recirculación de discursos, de formas, de contenidos, es decir, de soportes para la construcción de una noción de lugar que puede habilitar o impugnar distintos modos de relacionarnos con él.

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