“Good Blue Day”, la exposición de Eugenio Espinoza en Piero Atchugarry Gallery, abarca cinco décadas de producción artística. Sin ser una retrospectiva ni estar organizada cronológicamente, la muestra permite apreciar cómo el uso de la cuadrícula y la superficie pictórica tienen un papel primordial en el desarrollo de una obra cuyos orígenes se remontan al conceptualismo, la abstracción geométrica y el minimalismo.
Dos piezas tempranas ilustran su interés por la retícula y el marco como soporte. En la primera, Sin título (Unique Reconstruction, de 1972), la tela se despega del marco en la esquina superior izquierda, y al mismo tiempo la parte superior de la obra se descuelga mostrando la maleabilidad de la pieza. En la segunda, Sin título (1972), un rombo se convierte en una cometa o papalote al amarrar la esquina inferior izquierda del lienzo con una soga y anclarlo simbólicamente al piso. Mediante el uso de objetos comunes como la soga y el lienzo crudo, la creación de formas flexibles y un manejo único del espacio, Espinoza crea un lenguaje particular que pone en tela de juicio, no solo la estética de la abstracción geométrica, sino también las categorizaciones propias del modernismo que predominan en Venezuela a partir de la década de los cincuenta.

A través de su obra icónica, Impenetrable (1972) –un gran lienzo sostenido horizontalmente por una estructura de madera elevada sobre el que aparece pintada una cuadrícula negra que ocupa todo el espacio evitando que el espectador pueda acceder a él–, cuestiona la forma como se percibe y se exhibe la obra de arte. Aunque la instalación no hace parte de esta exposición, es mencionada continuamente en el catálogo y proporciona una base histórica y conceptual para la muestra. Uno Dos Tres (2013), por ejemplo, es una tela de grandes dimensiones pintada con la misma retícula negra. Lo que a simple vista parece ser una nueva versión de las cuadrículas de lona de los años setenta, es en realidad la superposición de tres capas de tela templadas en marcos de aluminio que, por su flexibilidad, permiten que los lienzos se arqueen y se conviertan en un objeto escultórico sutilmente tridimensional. Espinoza juega nuevamente con la mente del observador, quien percibe un solo plano, cuando en realidad son tres lienzos superpuestos.
Según explica Claire Breukel, curadora de la exposición, “En los últimos siete años, la transición del uso del lienzo (sin soporte) al metal con el fin de lograr una cuadrícula plana ideal lo ha liberado cada vez más y le ha permitido actuar sobre la superficie de la cuadrícula manifestando múltiples situaciones. El juego, específicamente la activación, así como la utilización de símbolos y significantes comunes, sigue siendo crítico para su práctica”1. Tres piezas, Facetious (2015), Translucent (2015) y Flavor (2015) cuestionan la percepción y el manejo del espacio a partir de nuevas propuestas formales. Espinoza cambia la tela por la superficie de aluminio y el acrílico por el esmalte, a la vez que introduce colores pasteles, aplicados en forma irregular, de tal forma que dejan ver la superficie metálica del soporte, y elementos colgantes que recuerdan los móviles de Calder.
En el 2019, Espinoza experimenta lo que Breukel denomina “un periodo existencial, una energía intensa”. En Walgreen (2019), une cuatro lienzos blancos pintados con cuadrados de colores para formar un cubo de grandes dimensiones. Al unir las cuatro telas las convierte en un objeto, el cual “desobjetualiza” al mostrar la tela descolgada, que permite ver el bastidor de madera en una de las esquinas. Además, juega con la percepción que el espectador tiene de la obra al elevarla colocando un coco en una esquina inferior. En esta pieza, al igual que en las demás obras recientes, Espinoza genera un diálogo entre las naturalezas pictórica y escultórica de la instalación.
El uso de objetos comunes o encontrados, que hacen referencia al arte povera, puede interpretarse como una crítica al consumismo y a la destrucción del medio ambiente en obras como Nostalgia and Prophecy (2019), una maraña de fieltro cortado sostenido por una canasta de plástico, y Scientific Terrorism (2019), que incluye un costal de café y una botella de cerveza.
El fieltro les da un carácter maleable y orgánico a las piezas hechas con fieltro sobre bases cuadradas de madera, tales como The Mind (2019), Unfold (2019), Taxidermist (2019), las cuales invitan a reflexionar sobre la relación entre el cuadrado como punto de partida y el concepto de “cuadro”.
Después de cincuenta años, el punto de partida sigue siendo el cuadrado como unidad. Sin embargo, las obras más recientes transmiten un espíritu liberador que no solo admite sino que estimula conversaciones a partir del diálogo que se establece entre la rigidez de la estructura geométrica original y las formas fluidas e imperfectas que crean los demás elementos, como el alambre y el fieltro.
NOTA
1. Claire Breukel. “Good Blue Day: A Colorful Rebellion”. Eugenio Espinoza Good Blue Day. Catálogo de la exposición (Miami: Piero Atchugarry Gallery), 2019, p. 11. Traducción de la autora.
