Vigo es una de las figuras claves de la poesía visual en Argentina, y desde luego, en el resto de América Latina. El dibujo, el grabado, la xilografía, la edición, las acciones artísticas, la promoción de colectivos y la generación de redes: en todos estos ámbitos él desplegó su infatigable energía. Pero fue sin duda la poesía visual la que mejor se correspondió con sus aptitudes, su vocación y su talento. El núcleo, en definitiva, del conjunto de su proteiforme actividad artística. Así lo han comprendido tanto la curadora Belén Gache como el coleccionista Juan Espino-Sánchez Grande, quienes unieron sus esfuerzos para hacer de esta muestra de Vigo lo que en realidad es: la exposición de un poeta visual.

Edgardo Antonio Vigo (1928-1997) nació en La Plata, y, después de recibir el título de profesor de Dibujo de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, viajo en 1953 a París –como era entonces preceptivo para los artistas latinoamericanos– y tuvo su primer contacto con la escena vanguardista de la época. Lo debieron impresionar especialmente Oulipo, la Internacional Letrista, e Jean Tinguely, a juzgar por los “poemas matemáticos” y los proyectos y primeros diseños de “máquinas inútiles e imposibles” que hizo a su regresó a Argentina. En los años 60 construyó dos de estas últimas: Bi-tri-cicleta ingenua con ruedas incapaces de rodar y ese Palanganómetro mecedor (que no se mece) para críticos de arte y que dedicó a los críticos de arte de entonces, en un gesto en el que se mezclaban el desdén y la irritación por la poca o nula atención que prestaban a su trabajo. O la poca comprensión de este. A esa época también pertenece su iniciación en el grabado y en la xilografía, que tan útiles le resultarían en las etapas posteriores de su trayectoria artística. Pero el verdadero punto de inflexión en esta última habría que situarlo en 1962, cuando comienza a publicar la revista Diagonal Cero, dedicada a la poesía experimental, que le permitió desplegar ampliamente su talento de poeta visual y de una manera tan firmemente entrelazada con la de editor, y cada uno de sus números puede considerarse una obra de la poesía visual en sí misma. Poesía liberada de los géneros históricos, de la letra, e incluso, de la constricción de la página para mejor desplegarse como acontecimiento visual polisémico en collages, en postales, en libros de artistas y en revistas ensambladas. Es decir, en lo que habría de convertirse en los contenidos preferidos del Mail Art, del Arte Postal, del que Vigo terminó siendo un protagonista de primer orden.
Esta exposición estaba articulada por cuatro capítulos o secciones. La primera, dedicada a materiales originales provenientes de las revistas Diagonal Cero (1962-1969) y Hexágono´71 (1971-1975), probablemente la primera revista ensamblada que se hizo en América Latina, y entre las primeras de su género en el resto del mundo. Con la primera, Vigo puso en marcha la red de contactos internacionales con artistas y poetas visuales de América y Europa que le permitiría, entre otras muchas cosas, organizar en 1969, en el Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires, la “Expo/Internacional de novísima poesía”.
Hexágono ´71 le permitió expandir aún más la red internacional de contactos y colaboradores, y al mismo tiempo le brindó la oportunidad de incorporar a su arte temas políticos y sociales que estaban en consonancia con el clima político de aquella época, marcados en América Latina por el auge de los movimientos guerrilleros, y a escala internacional, por el Mayo del 68 y la Guerra de Vietnam. Resultaban elocuentes, en este sentido, páginas de la revista como “Souvenir de Vietnam”, “El ojo del Che” o “El artista es el opio del arte”.
La red de contactos generada por ambas publicaciones le resultó muy útil a Vigo cuando, en la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado, se concentra en el arte postal. Los documentos pertenecientes a esta etapa de su trabajo los reunió la exposición bajo el título “Libro Internacional y Nuestro libro Internacional de Estampillas y Matasellos”. Dos proyectos suyos, en los que contó con una amplia gama de colaboradores y corresponsales, entre los que figuraban Vittore Baroni, Jean François Bory, Ulises Carrión, Herve Fischer, Bill Gablioni, Graciela Gutiérrez Marx y Clemente Labin, entre otros. Para ambos, Vigo creó, aparte de sus obras, sus estampillas y matasellos propios.
El tercer apartado de la muestra estuvo dedicado a las Revistas de arte correo y poesía experimental con las que colaboró Vigo, señalamientos y otras gráficas. Entre las revistas figuraban: Ephemera: a monthly journal of mail and ephemeral Works, editada por Ulises Carrion; Libellus, periódico de arte dirigido por Guy Schraenen; DOC(K)s, publicada por Julien Blaine, y Ghost Dance: The International Mag of Experimental Poetry, editada por Hugh Fox, que dedicó su número 18 a uno de los “señalamientos” de Vigo. El señalamiento consistió en extraer el zumo de unos limones para posteriormente reinyectarlo en estos.
La muestra la cerraba un cuarto apartado, Vigo y la xilografía, dedicado a las xilografías, la técnica que él cultivo en respuesta a su concepción del arte como generador de obras reproducibles y de fácil y económica circulación y posesión. En 1967, Vigo fundó en la ciudad de La Plata el Museo de la Xilografía, que reúne actualmente más de 3.000 estampas, muchas de ellas donaciones de artistas. Es un museo ambulante que carece de sede.
