Exposición Individualago 2021 - nov 2021· Por Susana Sulic

Darío Pérez Flores

Mark Hachem

Una gama estridente de verdes, rojos y azules se refleja en las vitrinas y los espacios aledaños de las veredas de la Place des Vosges, en pleno corazón del París histórico. El espacio real y el circundante son invadidos de vibraciones de color. Se trata de la muestra del venezolano Darío Pérez Flores (Valera, 1936), intitulada “Dinámicas visuales”, en la Galería Mark Hachem.

El artista, de joven, en su país natal, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, donde realizó piezas abstractas con materiales recuperados; posteriormente efectuó estudios de Literatura en la Universidad Central de Venezuela, sin abandonar sus trabajos en la línea figurativa del arte. Por esa época fue edificada la Ciudad Universitaria de Caracas, actualmente patrimonio de la historia cultural de América Latina, en la que artistas como Calder, Léger y Vasarely marcan definitivamente los espíritus de varias generaciones de artistas hacia la modernidad artística.

Pérez Flores, durante los años sesenta, expone en diferentes salones y en el Studio Actual de Caracas una serie de semiesferas en metal cromado, sonoras y móviles. En 1970, obtiene una beca y se establece en Francia, donde estudia Historia del Arte en la Universidad de Vincennes, y allí asiste a los cursos de Frank Popper. La experiencia colaborativa, la práctica de distintos materiales, así como la herencia de la Bauhaus, abren nuevas puertas a la teorización. Pérez Flores, sistematizando sus primeras intuiciones, reflexiona sobre el arte cinético y se consagra a la escultura geométrica en plexiglás. En 1972 participa con Carlos Cruz-Diez en una exposición en la Embajada de Venezuela en París, donde despierta el interés del público.

Exposición Individual: Darío Pérez Flores — imagen 1
Darío Pérez Flores. Prochromatique N°1163 (Procromático N°1163), 2019. Acrílico sobre tela maroflado sobre madera y barras metálicas. 100 x 100 x 5 cm (39 3⁄8 x 39 3⁄8 x 1 31⁄32 pulgadas).

En las obras que conforman la exposición, se advierte su intención de investigar e integrar el movimiento como parte esencial. Obras con predominio de líneas horizontales y verticales, blancas y negras, de un mismo fondo acromático, en las que se produce un movimiento sutil gracias a un sistema de motores. Y luego, mientras el aspecto óptico reemplaza la mecánica, el color toma predominancia en gamas estridentes. Todos los elementos se van articulando en un sistema lógico.

A partir de los setenta, surgen los denominados Procromáticos (Prochromatiques), donde las líneas verticales contribuyen a la frontalidad; hay un emplazamiento por delante de finas varillas coloreadas al juego de líneas del fondo. La superposición de estas estructuras produce un efecto casi virtual. Así, las líneas verticales predominantes parecen suspendidas en la superficie pictórica. El relieve sobresaliente al plano crea una resultante atmosférica, cromática y singular. La galería destaca unas veinte piezas decisivas por su número e importancia, realizadas entre 1987 y el 2019.

Su serie Dinámica cromática es notable en originalidad. Por ejemplo, un rectángulo central rodeado por dos triángulos forman un vacío, que, al integrarse a la pared, le permiten al artista efectuar un cuestionamiento del soporte. Las formas recortadas y agenciadas, pintadas en tela, sobre la base de madera y de volumen saliente, producen una vez colgadas una nueva estructuración. Puestas en relieve y en interacción unas con otras, en partes separadas pero conexas, son abstracciones puras. Aparece así un nuevo elemento: la dimensionalidad, que condiciona la percepción, una nueva transición: la interacción y la lectura según la situación. Como en una partitura donde el silencio crea una zona ambigua, pero con vibraciones. Las fechas de estas ocho piezas van desde 1993 hasta 2016-17. El juego rítmico regular se encuentra allí roto. Ofrece una nueva solución a la Gestalt o aspecto de la forma.

Otro aspecto para señalar es cómo el artista introduce la ambigüedad continuidad-ruptura. Los elementos desarrollados en el espacio son de una adaptabilidad y una combinación innovadoras. Permiten no solo una percepción distinta, sino también el juego entre interacción y azar. Las esculturas acromáticas en negro profundo, blanco y media tinta hacen pensar en la atmosfera de los negativos. Como también los tintes impactantes de las estampas coloreadas de antaño. Son ellas posibles reminiscencias de la infancia, como cuando trabaja las imágenes, en el taller de fotografía familiar.

Partiendo de la fragmentación, alude a fenómenos inconclusos. Como en la Escultura o la Columna de 1982 y 1996, respectivamente, de notables dimensiones. Cuatro móviles escépticos y minimalistas son lanzados al espacio al mismo tiempo que lo condicionan.

El espectador percibe una sensación sutil: entre la sorpresa y la intriga de querer descubrir los secretos de la obra. Y esta es una característica del talento del artista en todas sus etapas. Todos elementos para hacer progresar al observador-visitante en la reflexión y construcción de una filosofía sobre la obra y el mundo.


SUSANA SULIC

Darío Pérez Flores, por Susana Sulic | artnexus