Exposición Individualago 2021 - nov 2021· Por Alessandra Simões

Carlos Vergara

Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro - MAM Río

Un artista que indaga sobre la historia del arte y al mismo tiempo se cuestiona a sí mismo. Fue esto lo que reveló la reciente exposición “Carlos Vergara – Prospectiva”, que recorrió la producción del celebrado artista en el Espacio Monumental del Museu de Arte Moderna do Rio de Janeiro. Con obras producidas desde el 2003 hasta obras recientes e inéditas, como las pinturas de gran formato (las mayores realizadas por él hasta el momento), la muestra fue curada por el propio artista (por eso, también, el carácter autorreflexivo de la exposición), y buscó trazar un recorrido marcado expresivamente por asuntos relacionados con lo ancestral.

No se trata de hablar de religión, como el propio artista puntualizó: “no es un proyecto cristiano o antropológico”. Sin embargo, al transformar en arte los caminos que ha recorrido, el artista construye sus propios mitos: “Esos lugares todos tienen señales de lo inefable, de lo sagrado. No busco la religión. Son caminos de lo sagrado, señales de lo sagrado”. Las pinturas de gran formato, por ejemplo, fueron creadas a partir de monotipias hechas en el Muelle de Valongo, en la zona portuaria adonde llegaban los esclavos africanos, y en los recorridos del tranvía de Santa Teresa, barrio carioca donde mantiene su taller, en Río de Janeiro. Otros destaques de la muestra son las nuevas obras de la serie Sudario, con monotipias hechas en su viaje al sur de Francia, en mayo pasado, cuando llevó a cabo el camino de lo Sagrado Femenino, supuestamente efectuado por las Tres Marías: María Magdalena, María Jacobé (o Jacobina, madre de Santiago) y María Salomé, además de santa Sara, la esclava egipcia que se convirtió en patrona de los gitanos, huyendo de los romanos.

Exposición Individual: Carlos Vergara — imagen 1
Carlos Vergara. Sin título, de la serie Sudários (Sudarios), 2003-2019. Monotipo sobre tela. 40 x 40 cm (15 3⁄4 x 15 3⁄4 pulgadas) cada uno. Colección del artista.

El acto de traer la imagen de afuera para dentro del museo –en una manifestación contraria a lo usual del arte contemporáneo de ocupar el espacio urbano– hace a Vergara demiurgo de la propia historia del arte; artista que recompone sus mitos y, al mismo tiempo, los mitos de la historia, revelando así un automovimiento circular infinito de la historia y del artista consigo mismo. El desplazamiento de la pintura de la tela hacia las calles encuentra en Vergara la reafirmación de las posibilidades sin fin que ofrece el arte. Más allá de expresivos juegos plásticos, como luminosidad, transparencias, contrastes, etc., el artista refuerza el poder que el arte tiene para reinventarse.

Todo esto puede verificarse en la exposición de proporciones monumentales. Fueron cuatro los grandes conjuntos de obras; Sudarios, Naturaleza Inventada, Prospectiva y Amontonamiento. La muestra estuvo acompañada de una serie de acciones, encuentros y conversaciones, así como expandidas fuera del museo, con intervenciones de los artistas Lynn Court y Xadalu.

En el núcleo Naturaleza Inventada, se expusieron diez esculturas en acero y dos pinturas de 3 x 6 m y 2 x 6 m, en torno de una gran mesa escultórica, también de acero, con doce sillas creadas por el artista y el diseñador Zanini de Zanine. Ese fue un espacio de encuentros activado en conjunto con el público, a partir de acciones y conversatorios abiertos.

La serie que da nombre a la exposición, Prospectiva, fue compuesta por tres pinturas recientes e inéditas, de gran formato, las mayores pintadas hasta ahora por Vergara –5.40 x 5.40 m cada una–, a partir de las monotipias hechas en el Sitio Arqueológico Muelle de Valongo, reconocido por la Unesco por su importancia histórica, ya que allí llegaron cerca de 900 mil africanos esclavizados a la América del Sur.

Vergara habla de la importancia del tranvía, de los caminos, de las encrucijadas: “Los rieles indican siempre una doble acción: traer o llevar”, puntualiza el artista, que en Río Grande del Sur visitó Restinga Seca, en donde nació el artista Iberê Camargo (1914-1994), cuyo padre era tornero mecánico de trenes. “Hice entonces un monotipo en el riel que lo llevó al mundo. La imagen de los rieles siempre es elocuente para mí”. En el último bloque de la exposición había una relectura de su icónica obra Empilhamento (apilamiento), una gran columna conformada por muñecos de papel kraft y papel corrugado apilados, que llegaba hasta el tercer piso del museo, como una torre de babel.

Vergara nació en 1941 en Santa María (Río Grande del Sur) y se radicó en Río de Janeiro desde la adolescencia. Su última individual en el MAM Rio fue “La dimensión gráfica”, hace diez años. El artista ha caracterizado su producción más reciente con una investigación muy particular sobre los límites del código pictórico, estableciendo asimismo un combate directo con la naturaleza física y cultural del país de donde extrae sus registros, índices de su existencia real, distante del circuito institucional del arte.

Para explicar el título de esta exposición, él afirmó: “Mi idea es mirar hacia el frente, vivir el presente y proponer, a través del trabajo y del encuentro con el público, nuevas posibilidades y perspectivas”. Así, completa su meta de dialogar con el pasado, mirando hacia el futuro. Existe en su trabajo la presencia constante de esta inquietud, una urgencia que combina con la insistencia en la ejecución; por eso, su obsesión con los rieles; está siempre recorriendo alguno en busca de soluciones estéticas. Es así como Vergara continúa sorprendiéndose a sí mismo y a los propios recorridos del arte.

Carlos Vergara, por Alessandra Simões | artnexus