Carla Chaim

Carla Chaim. Project to Resize the Room (Proyecto para redimensionar el salón), 2017. Acción realizada en Future Generation Art Prize, Palazzo Contarini Polignac, Venecia, Italia. Video, color, mudo. 24’37”. Foto: Tassia Quirino.

Monografíaago 2021 - nov 2021· Por Cecilia Fajardo Hill

Carla Chaim

Multiverso cuerpo-mente

Interpretar la obra de Chaim como conceptos opuestos es pasar por alto su interdisciplinariedad y los múltiples niveles de significado y realidad material que coexisten en su arte. La artista misma describe la naturaleza dialógica de su arte al incorporar evidentes realidades contradictorias como la creación de “[…] un tercer significante, un objetivo y un asunto que están más allá uno de otro, más allá de una decisión”.

El dibujo y el cuerpo son los dos epicentros del arte de Carla, conjugados en contexto con tiempo y espacio. Su obra materializa una serie de universos en desarrollo únicos y concentrados: un espacio cerrado específico, la superficie de un papel, el fragmento de un paisaje o un momento en el tiempo; todos ellos transformados por las acciones del cuerpo de la artista. Hay una quietud y una simplicidad engañosas en cada una de sus obras, y esta es una de las razones claves de por qué son tan singulares en el contexto del ámbito artístico contemporáneo. Su obra es íntima, aunque no emotiva; es inestable, aunque parezca controlada; no tiene fin, aunque sea una acción realizada; no es narrativa, aunque esté impulsada por la temporalidad; es profundamente corporal, aunque renuncie al protagonismo del cuerpo interpretativo al dispersar su centralidad en el espacio, el dibujo y el proceso. Entonces, resulta tentador pensar que su obra incorpora una serie de dicotomías: negro versus blanco; racionalidad versus subjetividad; control versus azar; cuerpo versus geometría; específico versus universal; apolítico versus político; negativo versus positivo; monumental versus antimonumental; conceptual versus formal, etcétera. No obstante, interpretar la obra de Chaim como conceptos opuestos es pasar por alto su interdisciplinariedad y los múltiples niveles de significado y realidad material que coexisten en su arte. La artista misma describe la naturaleza dialógica de su arte al incorporar evidentes realidades contradictorias como la creación de “[…] un tercer significante, un objetivo y un asunto que están más allá uno de otro, más allá de una decisión”. Y explica: “creo que es un acto de magnetismo, un acto de vinculación que también rechaza pero transforma y nos muestra otro universo, otra dimensionalidad de aspectos de la vida”1.

Algunos de los autores que han analizado su obra nos advierten que tengamos cuidado de no resaltar demasiado el papel que la abstracción geométrica tiene en su arte, y de no plantear que su aparente cuerpo interpretativo “neutral” (sin destacar el género o lo personal) es la encarnación de un cuerpo universal. Fernando Cocchiarale, quien ha escrito en forma esclarecedora sobre el arte de Chaim, resalta la noción del multiverso en su obra, basado en el propio libro-objeto de la artista titulado Multiverso; sin embargo, nos advierte que “los proyectos de la artista no son una invención formal sino la formulación espacial de campos de experiencia”2. Multiverso es una gran noción para pensar en la obra de Chaim porque abarca sus aspectos conceptuales y simbólicos, y también su materialidad, su estética, donde el cuerpo, el dibujo, el performance, el espacio, los conceptos, se reúnen todos como una experiencia compartida, sin separación ni jerarquía.

Monografía: Carla Chaim — imagen 1
Carla Chaim. Terra, ouro, palha (Tierra, oro, paja), 2019. Instalación en el estudio del artista con barras de cobre, piedras de grafito, papel de grafito, papel de aluminio, ladrillos, papel impreso, barra de aceite roja sobre papel japonés, grafito sobre papel, papel carbón. Dimensiones variables. Foto: Vinicius Postiglione.

Tiene sentido que el dibujo y el cuerpo sean los pilares de la obra de la artista. El dibujo es el medio experimental por excelencia, un medio asociado con la concepción y conceptualización de ideas, con el experimentalismo, con el concepto rebelde de lo inconcluso, de proceso, de intimidad, y también con el desafío de la idea objetivada del arte con A mayúscula. El cuerpo es una entidad política, orgánica, viviente, con una impactante historia de transgresión del statu quo, en particular desde la década de los cincuenta. No es de sorprender que algunas de las referencias artísticas para Chaim sean artistas con un sólido trabajo corporal como Helena Almeida, Chris Burden, Lucinda Child, Lygia Clark, Merce Cunningham, Antonio Dias, Hudnilson Junior, Janine Antoni, Dora Maurer, Ana Mendieta, Robert Morris, Lygia Pape, e Yvonne Rainer. El cuerpo ejecuta múltiples realidades y, como tal, encarna realidades contradictorias y múltiples posibilidades.

Es conveniente ver la obra de Chaim en el contexto del campo filosófico de la fenomenología basada en la centralidad de la experiencia: temporal, conciencia, conciencia espacial, conciencia de los otros (intersubjetividad), etc. Específicamente, el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty se enfocó en el papel del cuerpo en la experiencia humana: acción cinestética, acción desde el cuerpo, la espacialidad del cuerpo, etcétera, haciendo énfasis en el papel del cuerpo en la experiencia humana. Cabe destacar que para Merleau-Ponty, el cuerpo está impregnado de conciencia, idea que se opone a la tradicional separación cartesiana de cuerpo y mente que caracteriza la creencia jerárquica judeocristiana dominante de la racionalidad sobre la subjetividad y la experiencia corporal. La experiencia del cuerpo no reside únicamente en la mente ni en el ambiente físico. Como escribió Merleau-Ponty: “Más bien, mi cuerpo es, por así decirlo, yo en mi acción involucrada con las cosas que percibo, incluidas otras personas”3. En la obra de Chaim el cuerpo está inmerso en la conciencia y la subjetividad; su obra es una forma de conocimiento subjetivo desde el cuerpo, aunque se manifieste como un performance o un dibujo o los dos al mismo tiempo. Además, la artista le dedica especial atención a la oposición de Baruch Spinoza a la dualidad mente-cuerpo, defendiendo su inseparabilidad, y también a la idea de Michel Foucault del cuerpo controlado. Esta última tiene especial importancia en el concepto de la nueva situación política opresiva del Brasil de hoy. Chaim escribe: “Yo creo (hablando del cuerpo controlado) que mi interés en el campo social es la manipulación que puede ejercerse en una sociedad y de la que a veces no nos damos cuenta. La ruptura de la individualidad, la cosificación del individuo, me preocupan mucho. Pienso mucho en este cuerpo controlado […]”.

Monografía: Carla Chaim — imagen 2
Carla Chaim. Espinha de peixe (Espina de pez), 2016. Video, color y audio. 8’52”.

Chaim tiene formación como bailarina, y esto moldea el conocimiento y la disciplina, y también la vasta noción de las posibilidades del cuerpo en el espacio hasta llegar a gestos íntimos como doblar un trozo de papel o cubrir gestualmente su superficie –desde un espacio pequeño hasta uno grande– con barra de óleo negro, por ejemplo. Cada acción se inspira, se fortalece y se expresa mediante esta conciencia del cuerpo, y el dibujo se convierte en una materialización de este, a menudo una recomposición y una extensión de sí mismo más allá del cuerpo mismo. Yo creo que esta es una de las motivaciones claves del compromiso de Chaim con la abstracción. Se deriva del cuerpo y el espacio, y no puede reducirse a una limitada interpretación de la abstracción como una idea modernista de geometría; debe verse como una expansión, una manifestación diferente de la acción del cuerpo en el espacio, en la arquitectura, sobre la configuración de la tarima, sobre la página; sobre todos los elementos cotidianos que determinan mucho de lo que somos, cómo actuamos y cómo imaginamos el mundo y el espacio que en él ocupamos. Chaim disipa sin “violencia” ni autorreflexión todo absolutismo que pueda estar relacionado con la geometría: la supremacía de la tradición estética del modernismo brasilero; o la forma en que la geometría predetermina y limita el cuerpo y su imaginación (arquitectura, matemáticas en la vida cotidiana, espacio, etc.), y como un mundo de posibilidades, como algo que puede tornarse vulnerable, subjetivo, personal, extenso (él mismo, pero también algo más). La relación dialógica del cuerpo y la geometría en la obra de Chaim es una forma de habitar, y también una forma de disolución y una subjetivación de lo concreto.

Monografía: Carla Chaim — imagen 3
Carla Chaim. Movimento singular do verde para seu complementar no tempo desaparecido (Movimiento singular del verde hacia su complementario en el tiempo desaparecido), 2008. Video, color, mudo. 4’.

Es importante señalar que la artista evita una situación demasiado controlada o racional cuando materializa sus “acciones pensadas” en los performances en video. Aunque en la mayoría de los casos repite la acción varias veces, a menudo escoge el primer corte porque en ese primer intento el cuerpo todavía no es capaz de ejecutar plenamente la acción pensada o tiene dificultad para hacerlo, y por un momento el cuerpo y la mente están en cierta forma juntos, pero a la vez son independientes uno de otro. Esto no tiene nada que ver con la división cartesiana de cuerpo y mente, sino con la coexistencia, en un momento dado, de varias realidades: corporal, mental, conceptual, estética y subjetiva.

Por ejemplo, en Espinha de peixe (Espina de pez), de 2016, la artista se mueve en el espacio siguiendo con los pies el diseño estilo zigzag del piso, creando una especie de danza que, aunque parece predecible, se convierte en una exploración meditativa y lúdica del espacio, más allá del diseño del piso. A medida que Chaim se mueve de un lado para otro añadiéndole complejidad e incertidumbre al movimiento en el espacio, la geometría de este se torna orgánica, relativa. Algo similar ocurre con Projeto para alinhar o corpo (Proyecto para alinear el cuerpo), de 2018, mientras la artista camina hacia adelante y hacia atrás siguiendo las líneas verticales alternas más oscuras que componen el diseño del suelo. El video enmarca múltiples elementos geométricos: el salón, las ventanas, el piso y el zócalo, mientras el cuerpo de la artista, en recogimiento, lentamente, se mueve dentro de los límites del espacio y su configuración geométrica. El cuadro principal del video muestra tres ventanas negras verticales centradas sobre la pared del fondo, haciendo eco a la figura vertical de la artista, vestida también de negro. La fragmentación de la simetría se produce en forma discreta, a través de la organicidad del cuerpo, su libre albedrío, el suave golpeteo de los pies sobre el piso, todos contradiciendo y ampliando la rigidez de la configuración espacial. En estos dos videos el cuerpo pone en duda, sin violencia, el statu quo del espacio arquitectónico, creando una forma de poética del espacio, habitado por el cuerpo en forma que contradice el modelo cartesiano de modernidad –dualidad mente-cuerpo– que está en el centro del carácter moderno. Estas obras nos recuerdan M 3x3, de 1973, de Analivia Cordeiro, un video basado en una investigación de la vide danza y del Análisis del Movimiento de Rudolf Laban, creado en Brasil durante la dictadura. En esta pieza, las bailarinas, que llevan trajes con diseños geométricos, se mueven mecánicamente en una estructura reticular marcada en el piso. A pesar de los movimientos sistemáticos, los cuerpos, en su organicidad, desafían la estructura misma que determina los movimientos. Esta obra se presentó por primera vez en la televisión pública de Brasil y se convirtió en una metáfora de la imposibilidad de controlar un cuerpo humano, sin importar cuán limitado esté desde el punto de vista político o físico. Podemos observar cómo Chaim inserta contradicciones una y otra vez en una situación o un espacio dados, y, de este modo, pone en duda una noción totalitaria o fija del cuerpo, el tiempo y la arquitectura. Esto es más evidente en su Project to Resize the Room (Proyecto para redimensionar el salón), de 2017, Premio de Arte Generación Futura, 2017, presentado como un Evento Colateral de la 57 Bienal de Venecia. En esa ocasión, Chaim, con mucha precisión, cubrió de lado a lado con papel carbón el piso de un enorme corredor flanqueado por tapices y candelabros del Palacio Contarini Polignac. Después de haber transformado el ambiente con lo que parecía un lustroso espacio negativo, en lugar del blanco piso de mármol, la artista procedió a desprender el papel carbón, comenzando desde el punto más lejano del corredor hacia la cámara. El acto de quitar el plástico ya no estuvo regido por la geometría del espacio, sino por el cuerpo de la artista, creando una forma irregular, un montículo incontrolable que transformó más el espacio al hacerlo amorfo. El material negro adquirió vida propia, se convirtió en una figura informe en medio del corredor, moldeada por los esfuerzos del cuerpo de la artista.

Monografía: Carla Chaim — imagen 4
Carla Chaim. Pesar do Peso I y II (Pesar del peso I y II), 2014. Impresión de archivos a tinta. 83 x 109 cm (32 43⁄64 x 42 29⁄32 pulgadas).

Todo lo que la artista hace involucra intrínsecamente la idea de dibujo. Los tres performances mencionados podían analizarse, además, como un compromiso con elementos del espacio como formas de materialización de dibujos visibles o invisibles. En algunos videos, la artista documenta claramente el proceso de dibujar. Por ejemplo, en Movimento Singular do Verde para seu Complementar no Tempo Desaparecido (Movimiento singular del verde hacia su complementario en el tiempo desaparecido), de 2008, observamos a la artista desde atrás, desnuda de la cintura hacia arriba, dibujando con barras de óleo atadas a sus brazos cruzados, en lugar de usar las manos. La obra se presenta como un monitor de video, flanqueado por dos dibujos producto de la acción. Los dibujos muestran líneas semicirculares orgánicas, desordenadas y enredadas que contrastan con el metódico movimiento circular del cuerpo de Chaim. En cambio, Tropics (Trópicos), de 2011, una producción de video de tres canales, muestra a la artista vestida de blanco sobre blanco, midiendo la pared, para dibujar tres formas geométricas que limitan y circunscriben el cuerpo en tres posiciones diferentes: sentado, de pie y acostado en el piso. El primer video materializa la organicidad e incontrolabilidad del cuerpo, aun bajo movimiento disciplinado, y en Trópicos, retrata el cuerpo circunscrito y controlado. La artista explica que “con frecuencia, la geometría está ahí con el fin de percibir el cuerpo, lo orgánico, como en la serie de performance fotográfico Pesar do Peso (Pesar del peso), 2014”. En estas fotografías vemos a la artista vestida de negro, saltando en el aire, realizando movimientos que hacen eco a los rectángulos negros de la pared que están en posición vertical y horizontal. Mientras observamos con toda claridad la relación entre el cuerpo y la forma geométrica, también percibimos la tensión entre la organicidad del cuerpo y la rigidez y fijación de los rectángulos.

La interacción entre control y libertad, entre lo orgánico y lo geométrico, entre mente y cuerpo, impregna la totalidad de la obra de Chaim. La idea de Spinoza de que la mente y el cuerpo tienen la misma materia y son inseparables es crucial para la artista. Ella observa: “Todo lo que le sucede al cuerpo es percibido por la mente en forma de emoción y pensamiento, así como lo que le sucede a la mente, el cuerpo lo percibe. Uno respondiendo al otro todo el tiempo, en forma cíclica, hablando y actuando en el mundo”. De ahí que, por esta razón, Chaim se cuide de no darle más poder a la mente sobre el cuerpo, y viceversa. Ella se formó como bailarina y tiene una habilidad específica para controlar el cuerpo y expresarse con él; de igual modo, lee y escribe mucho sobre conceptualizar cada obra. Al final, es al cuerpo al que se le da el papel de materializar con libertad intuitiva y procesual las acciones de pensamiento sin traducir en forma racional las ideas de la artista. Lo que ella describe como “la confluencia de la relación mente/cuerpo” podría describirse como un acto de coexistencia e intensa especificidad –de la mente y el cuerpo–, ya que estos coexisten sin oprimirse uno a otro. La artista escribe: “Yo creo que cuando el cuerpo se entrena y se ensaya, la mente ejerce la máxima influencia en los gestos y movimientos, y eso no me interesa. Estoy interesada en un cuerpo que responda de manera ‘más’ autónoma y más espontánea. Ellos están interconectados y me doy cuenta de cómo cada uno se expresa y actúa en el mundo. Uno depende del otro y es una conversación cíclica”.

Monografía: Carla Chaim — imagen 5
Carla Chaim. Trópicos, 2011. Video de 3 canales, color y audio. Loop.

Esta interrelación se expresa claramente en la idea de Chaim del dibujo desde el cuerpo. Projeto para curvar o Corpo (Proyecto para doblar el cuerpo), de 2016, es un ejemplo interesante de cómo la artista decidió seguir con su cuerpo una forma orgánica, enmarcada de modo que el paisaje se transforma en un ambiente vertical que contiene la verticalidad del cuerpo, que, al caminar a lo largo de la línea curva donde el agua y la arena se encuentran, se desvanece finalmente en el espacio. Para la artista, “la acción enmarcada y el cuerpo que camina son exactamente iguales a sus dibujos; un dibujo grabado, un dibujo basado en el tiempo, un dibujo visual”.

Las nociones de temporalidad y proceso son claves para el dibujo. Con frecuencia, Chaim crea una forma particular de temporalidad, por lo general meditativa, lenta, tranquila, sin propósito en la mayoría de los casos (no sabemos adónde va ni si algo sucederá). Incluso, cuando el espectador decide manipular y explorar, por ejemplo, los libros plegados de la artista como Multiverse (Multiverso), de 2014, u obras sobre papel, la temporalidad del espectador debe ser lenta, delicada, concentrada. A este respecto, ella explica que “los dibujos tratan de un proceso, y los videos graban este proceso. […] Son acciones basadas en el tiempo. Hay una concentración, una contemplación de la acción del cuerpo presente. […] Trabajo tratando de crear una interpretación que está directamente relacionada con el proceso, a lo largo del tiempo, y no solo logrando algo cuya forma final sé cómo será. Como un auto-boicot”. Chaim relaciona esta “falta de conocimiento” con la idea de romper las normas y perder el control no solo como algo personal, sino también como algo relacionado con la forma en que la gente de Brasil está acostumbrada a desviarse de la norma. Proceso y temporalidad se relacionan, por tanto, con un momento específico prolongado y también con disminuir la importancia del resultado final.

Monografía: Carla Chaim — imagen 6
Carla Chaim. Mole I (Blando I), 2019. Barra de óleo negro sobre papel japonés. 151 x 97 cm (59 29⁄64 x 38 3⁄16 pulgadas). Foto: Ivan Padovani. Cortesía: Galeria Raquel Arnaud.

En algunos casos sus dibujos cobran vida ante nuestros ojos en un video; en otros, adoptan la forma de una gran intervención del espacio –como en Colapso de Onda, de 2014–; en otros, puede ser un dibujo íntimo sobre un papel plegado, con múltiples lados y excesiva complejidad, como en Multiverse (Multiverso), de 2015. En algunos dibujos utiliza grafito, como en Risco (Riesgo), de 2019. En esta obra, las líneas son caóticas e intensas, estalladas; en otros, como Rabisco (Trazo), de 2019, hecho con barra de óleo negro sobre papel japonés, la materialidad está asociada en forma impactante y profunda con la potencia de los trazos de la mano y la intervención corporal. Estos dibujos son grandes; algunos del tamaño del cuerpo de Chaim, se hicieron colocando el papel sobre la pared y dibujando con intensa gestualidad, en movimientos nerviosos y rápidos. Estos dibujos plasman los vestigios de las agitadas acciones del cuerpo de la artista para representar, al final, la ausencia de este. En dibujos como Mole I (Blando I), de 2019, hecho con barra de óleo negro sobre papel japonés, la forma es irregular, pero los trazos individuales y las líneas coexisten en un solo plano de color negro intenso. Según la artista, la serie Mole se hizo sobre una mesa baja, con su cuerpo sobre el papel, creando un lago de color, una forma negra que cambia cuando se camina alrededor del papel sin que haya un evidente lado derecho durante su creación. Para Chaim, “Estos dibujos son un momento en el que la forma se ha congelado en el tiempo. […] Son formas que se expanden y se contraen, son dibujos/cuerpo”.

Monografía: Carla Chaim — imagen 7
Carla Chaim. Rabisco (Trazo), 2019. Barra de óleo negro sobre papel japonés. 206 x 98 cm (81 7⁄64 x 38 37⁄64 pulgadas). Foto: Ivan Padovani. Cortesía: Galeria Raquel Arnaud.

La obra de la artista se caracteriza por su coloración monocromática, ya sea blanca o negra; sin embargo, hace poco, con la situación política de Brasil, introdujo el color rojo, y explica: “Utilizo el rojo como un color político. Como un grito, como una bomba”. En su reciente instalación Terra, ouro, palha (Tierra, oro, paja), de 2019, conjugó un enorme dibujo gestual rojo ubicado en la pared con el arreglo de frágiles banderas negras en un espacio hecho con papel carbón y apoyado en delgados palitos de madera. Estas pertenecían a la serie He wanted to be a flag (Él quería ser una bandera), de 2017, que son abstracciones, y también banderas asociadas a las recientes protestas en Brasil. Para la artista, son una forma de engañar la abstracción, “[…] Es una bandera anarquista de un ritual colectivo. No es una bandera institucional, es frágil y está presente, comenzó en 2017 como una respuesta a lo que estamos viviendo aquí en Brasil […]. Es también una bandera negra de duelo”. La obra de Chaim no trata directamente con objetos, pero como propone múltiples niveles de realidades materiales y simbólicas coexistentes, estas son banderas que representan cuerpos en las calles, o su ausencia, y también geometría y espacios negativos en la arquitectura. Existen como ellas mismas en relación con el espacio y con el contexto social y político de Brasil.

Monografía: Carla Chaim — imagen 8
Carla Chaim. Sem título III (Carbono Vermelho) [Sin título III (Carbón rojo)], 2020. Papel carbón rayado sobre papel. 78.5 x 54 cm (31 x 21 1⁄4 pulgadas). Cortesía: Galeria Raquel Arnaud.

El título de la reciente exposición de Chaim, “The Little Death” (La pequeña muerte), en la galería Raquel Arnaud, en 2018, se refiere a un orgasmo y al duelo, a deseo y a resistencia frente a la creciente opresión en Brasil. Allí, la artista exhibió las banderas negras (banderas de anarquía y duelo) junto con el video Somatu, de 2018, en el que la artista dirige una coreografía de tres bailarines que se unen y se transforman en un solo cuerpo y se separan de nuevo. La coreografía y las banderas expresan una dialéctica de las luchas de dominar y liberar el “cuerpo controlado”. Como sucede con todo el arte de Chaim, en su obra reciente se fusiona la presencia del cuerpo-mente en el dibujo –ya que la artista considera que el acto de dirigir las escenas es también un acto de dibujar– dentro de una noción multiverso de realidades interrelacionadas y al mismo tiempo visiblemente contradictorias. Chaim describe su obra reciente como visceral, “proveniente de una voluntad más firme, de una forma de expresión más latente, más profunda, más intensa, intrínseca y violenta, y que surge también como respuesta a la situación de Brasil”, y también, cada vez más personal. Es la dialéctica del (dibujo) cuerpo comprometido, ubicado e íntimo que es permeable al otro, que es tan transformativo y único de la obra de Carla Chaim.

NOTAS

1. Entrevista escrita de Cecilia Fajardo-Hill a Carla Chaim entre el 9 y el 20 de octubre de 2019. Todas las citas de la artista se tomaron de las comunicaciones durante este periodo.

2. Fernando Cocchiarale, “Colapso de onda”, en Freitas, Douglas ed., Premio CCBB contemporáneo: exposiciones: 2015-2016. Río de Janeiro: Tisara y Centro Cultural Banco de Brasil, 2016, pp. 74-75.

3. Enciclopedia de filosofía Stanford, entrada para “Fenomenología”, https://plato.stanford.edu/entries/phenomenology/

CECILIA FAJARDO-HILL

Carla Chaim, por Cecilia Fajardo Hill | artnexus