Para su segunda exposición en la galería parisina, la artista mexicana Alejandra Laviada (Ciudad de México, 1980) presenta sus creaciones más recientes. Fue en los Estados Unidos donde adquirió una doble formación que asociaba pintura y fotografía, de donde surge una obra original que tiene sus fuentes en la construcción y la geometría. En este último trabajo, los juegos de recorte y plegado simulados, de contrastes entre los colores, de oposiciones entre luz y sombra, y de ilusión sobre la tercera dimensión, son el eje de una reflexión plástica, donde lo que interesa sobre todo a la artista es la correspondencia entre las formas geométricas y las infinitas posibilidades que procura la asociación del acto fotográfico con la creación pictórica, o con la instalación y el ensamble iniciales.
Desde hace ya varios años, Alejandra Laviada practica esta “construcción-deconstrucción y reconstrucción” (según sus propios términos) en el espacio y del espacio mismo, combinando objetos y materiales diversos –sillas, sillones, neumáticos, etc.– para materializar la obra final mediante la fotografía de estos conjuntos, que surgen a veces de manera fortuita dejando, en estos casos, una oportunidad al azar o a lo irracional. En su serie anterior intitulada Geometry of space (Geometría del espacio, 2014), Laviada hace alternar la fotografía, la pintura, los colores y el objeto de madera en una sucesión y una sinfonía de formas, donde el gesto en el espacio –que reúne y separa– parece actuar en un infinito, liberado de las fronteras originales. Esta búsqueda sobre la abstracción la había llevado, unos años antes, con su muy exitosa serie Broken (Roto, 2010-2011), a interesarse en las placas de vidrio recortadas o quebradas, rotas en mil pedazos o solamente impactadas, y a observar, así, en el contraste entre las zonas de sombra y de luz, el surgimiento de una especie de “dibujo” casi caligráfico, una poética inducida por el accidente, por lo imprevisto o el azar, que la foto deja fija y hace existir, como si la imagen accidental fuera a desaparecer.

En América Latina, los artistas vinculados al movimiento madí, pintores y escultores a la vez, interrogaron también los límites geométricos del marco, autorizándose todo tipo de audacias. Pero lo que distingue el trabajo de Laviada de aquellas experiencias puramente espaciales y pictóricas, es la introducción de otra mirada, aquella que la fotografía añade o impone al espacio; esta otra dimensión tanto estética como material que esa nueva mirada hace posible. La exposición de Bendana-Pinel presenta once obras dispuestas en una única sala. El conjunto, formal y plásticamente armonioso, revela la coherencia de una búsqueda tanto técnica como conceptual y plástica.
El impacto visual de la policromía (colores primarios) es perceptible desde la entrada, y Painted Geometries (Geometrías pintadas) hace legible la interrogación de Laviada sobre las relaciones entre pintura, escultura y fotografía. En efecto, las investigaciones de la artista son guiadas por un cuestionamiento y tal vez una redefinición del papel de la fotografía y del lugar que ocupa en el arte contemporáneo. No olvidemos que la colorización de la fotografía y de las películas documentales en blanco y negro se practicó desde hace casi un siglo, aunque haya sido con una finalidad diferente.
En efecto, el hecho de fotografiar objetos de madera pintada y de pintar luego las fotografías, todo este proceso de intercambios entre técnicas, en donde, gracias a un hábil artificio, lo “real” desaparece dando lugar a lo “artificial”, sin que sea indispensable para el visitante tratar de separar lo que es pintura de lo que es la fotografía, procurando una sensación no solo intelectual, sino también física. La artista no toma en cuenta los límites, enreda las pistas del conocimiento, nos invita a un goce “primitivo”, el que producen el color y la forma, tanto en la retina como en la emoción y en todos los sentidos. Sun Salutation (Saludo al sol, 2019) ofrece un diálogo entre la obra fotográfica coloreada, colgada en la pared, y los elementos en metal pintado colocados sobre el suelo que recuerdan, aunque sin llegar a ser la réplica exacta o invertida, las formas figuradas de la parte superior. Ya no se sabe dónde están los “verdaderos huecos” y los “verdaderos llenos”, imaginamos que las formas del suelo “se despegaron” del marco, nos ponemos a soñar con una transferencia imposible. Y así, con esos ires y venires de la mirada, toma cuerpo el placer que procura una obra trabajada y lúdica a la vez.
Desde la entrada, la mirada es atraída por la esquina derecha de la pieza, en donde, directamente sobre las paredes que la conforman, se han pintado dos triángulos formando una especie de pirámide abierta. Esta museografía, que funciona como una instalación, reúne cinco pinturas (acrílico sobre impresiones fotográficas, obras únicas de 2019) de tamaños y colores diferentes (amarillo, negro y blanco; rojo, gris y granate; azul, gris y negro), dispuestas sobre uno y otro de los dos pedazos de pared, tanto dentro como fuera del espacio rojo. Este conjunto arquitecturizado, espacios en el espacio, ha sido dinamizado no solo por el color cálido de un rojo bermellón deslumbrante, sino también por la energía misma que se desprende de las formas estructuradas que lo acompañan, creando una complicidad adicional a través de la triangularidad dominante que constituyen estas fotografías pictóricamente intervenidas. Otras obras como Floating Origami in Blue (Origami flotante en azul, 2019) se acompañan de imágenes virtuales creadas por la luz que refleja estos triángulos de colores sobre las ventanas.
La exploración de Alejandra Laviada en el campo de la fotografía, el pigmento, la forma y el color está en plena evolución. Sus exposiciones en las galerías nos permiten seguir la progresión del trabajo de esta joven artista que ha sabido encontrar un lugar totalmente singular en un contexto mexicano, en el que la geometría vivió sus días de gloria durante los años 70, cuando Mathias Goeritz, Manuel Felguérez y Helen Escobedo abrieron esa vía, seguidos de Federico Silva, Hersúa o Sebastián. Renovando el discurso pictórico y formal heredado de sus mayores, la artista nos ofrece una mirada contemporánea sobre el vínculo existente entre la geometría, la fotografía y el color.
