Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Max Hernández-Calvo

Ximena Garrido-Lecca

Proyecto AMIL

Un constante zumbido de maquinaria satura el ambiente. Son los equipos de aire y regadío que mantienen en funcionamiento el gran laboratorio de cultivo de coca que Ximena Garrido-Lecca ha creado en las galerías de Proyecto AMIL. La iluminación empleada –luces fluorescentes bajas instaladas a lo largo de los tubos de regadío y cultivo hidropónico de las plantas de coca– refuerza esta sensación de laboratorio.

Lecturas botánicas: Erythroxylum coca alude a un ciclo de vida –el de la planta de la coca– que se ve materializado en la configuración de su instalación: según se avanza por el espacio, las plantas van aumentando de tamaño, pasando de brotes a tallos más robustos, sugiriendo la idea de desarrollo; asimismo, el sistema de cañerías metálicas que las contienen y riegan no solo cruza la sala de exhibición, sino que por momentos atraviesa algunas de sus paredes (algo que recuerda al proyecto de la artista Arquitectura del humo, de 2015); por último, están las escaleras que pasan sobre estas estructuras de regadío y que permiten al público deambular por toda la instalación, y a los jardineros, cuidar de las plantas.

Exposición Individual: Ximena Garrido-Lecca — imagen 1
Ximena Garrido-Lecca. Lecturas Botánicas: Erythroxylum coca, 2019. Instalación. Dimensiones variables. Foto: Juan Pablo Murrugarra. Cortesía: Proyecto AMIL.

La ubicación de la sala –Proyecto AMIL queda en un sótano– lleva a asociar la instalación con lo recluido y oculto, algo que pone en marcha los imaginarios policiales de laboratorios clandestinos de la droga. Pero, contra las imágenes de laboratorios químicos, aquí está en juego, más bien, una jardinería high-tech, pues la artista está experimentando con tecnologías de cultivo hidropónico.

Sin embargo, el ciclo de procesamiento de las hojas que Garrido-Lecca implementa está alejado tanto de lo químico-farmacéutico como de lo agrícola, y más bien pone en juego una referencia mística y esotérica que atraviesa todo el proyecto, al punto de darle nombre: la “lectura botánica”. La referencia es a la lectura de la hoja de coca, que está además literalmente presente mediante el programa de sesiones adivinatorias –conducidas por un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias Metafísicas Orientales–, que tiene reservada una sala de la exposición dedicada exclusivamente a ello.

Las hojas empleadas en estas lecturas son procesadas en otro ambiente por estudiantes de la Universidad Nacional Agraria La Molina, vestidos con mandiles blancos, que usan este material para crear un muestrario botánico. Se trata de un peculiar herbario que es, a la par, un catálogo de las preguntas que guiaron la adivinación. En tal medida, en estos documentos convergen los discursos científicos occidentales (ligados al estudio y catalogación de las plantas), las tradiciones místicas ancestrales de los Andes (propias de la adivinación) y los presentes ordinarios de la gente local, vía sus anhelos, ansiedades e incertidumbres vitales, a los que la lectura intenta darles respuesta.

La dimensión acumulativa del proceso de creación de herbarios abre el proyecto a otras lecturas, de guiño más sociológico. Las muestras van formando un gabinete botánico, donde son catalogadas según los tipos de preocupaciones que subyacen a cada lectura: relaciones amorosas (que, predeciblemente, quizás cuenta el mayor número de entradas), trabajo, dinero, familia, matrimonio, divorcio, hijos, salud, proyectos en general, inmuebles, viajes, negocios, estudios y capacitación, entre otros, formando un creciente archivo botánico-místico de la vida diaria.

Pero así como la obra de Garrido-Lecca aborda los ciclos de vida de las personas, estas trayectorias están necesariamente mediadas por la hoja de coca. En ese sentido, la gran pregunta que la artista propone gira en torno a las maneras de relacionarnos con la planta, que emerge, simultáneamente, como símbolo cultural, como producto, como materia prima y como un ser vivo que demanda cuidados.

La artista implica, así, un arco histórico que se remonta al pasado precolombino, pasa por el aislamiento del alcaloide en 1855 y su posterior uso como analgésico hacia fines del siglo XIX, y llega a su largo auge como droga ilegal. Esta trayectoria permite establecer un continuum entre las hojas de coca chacchadas (masticadas) por campesinos en los Andes, las rayas de cocaína esnifadas por un aspirante a lobo de Wall Street en cualquier fiesta, en cualquier parte, y las hojas usadas en una adivinación (por ejemplo, las que se hacen en la misma exposición), articulando así creencias y tradiciones ancestrales de tiempos precolombinos, formas feroces de capitalismo y necropoder, y nuestras propias preocupaciones existenciales.

Ximena Garrido-Lecca abre, pues, la pregunta por los trasvases entre la ciencia y la creencia, la modernidad y el pasado premoderno, y la vida y la muerte. Y en un país como Perú, tanto en la historia de la nación como en los pequeños grandes dramas cotidianos de su gente, la milenaria planta de coca parece siempre asomar a lo lejos en el horizonte.

MAX HERNÁNDEZ CALVO

Ximena Garrido-Lecca, por Max Hernández-Calvo | artnexus