Jardinera es el título de la muestra de Susana Pilar en la galería Continua de Les Moulins, Boissy-le-Châtel, localidad próxima a París (Francia), inaugurada el 14 de octubre 2018, y, dada su importancia, se ha visto prolongada hasta fines de septiembre de 2019. La artista vive y trabaja en La Habana (Cuba), donde nació en 1984; desde 1998 hasta 2008 cursó estudios de arte en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, y posteriormente, en el Instituto Superior de Arte de La Habana, entre 2011 y 2013 realizó estudios de postgrado en la prestigiosa Universidad de Arte y Diseño de Karlsruhe (Alemania), donde se diplomó en Medios y Comunicación.
En su obra, las técnicas variadas dan cuenta de los múltiples itinerarios y numerosos recursos de la artista. Susana Pilar sintetiza distintas maneras de ver y construir. Heredera de las imbricaciones étnicas en Cuba, consecuencia de las diversas migraciones, algunas obras hacen referencia a la filosofía oriental y a los orígenes africanos. El espíritu de la naturaleza es un tema que se repite en varias de las obras.

Jardinera traza la producción de estos últimos años, y el título alude a hechos culturales y a las transformaciones realizadas por el ser humano. Las fuentes eclécticas coinciden con la amplitud de técnicas. El arte como un instrumento de conocimiento le permite explorar el mundo interior y exterior.
Los videos e instalaciones parten de estéticas contemporáneas elaboradas, y su lenguaje permanece idéntico a sí mismo. A esto le agrega el fruto de las experiencias de sus viajes, sobre todo a la isla de La Reunión, como sucede en el video Kont pa sï bato mon frèr pou sot la rivièr, de 2011, realizado en la isla que, siendo de dominio francés, fue poblada por colonos y esclavos. La artista afirma su voluntad de llevar al extremo las posibilidades corporales al sostener durante una hora un espejo de gran tamaño.
Dibujo intercontinental es el video y testimonio de la performance realizada en la Bienal de Venecia del 2017, en la que Susana Pilar ejecuta una acción tirando de un barco con una soga y teniendo como escenografía un espacio público de esta ciudad italiana. Sus instalaciones y performances sitúan al espectador en el exterior, provocando así una visión objetiva, casi científica, del acto.
No alejada del compromiso social en su serie de retratos Lo que contaba la abuela, de 2017, plasma especialmente la memoria de sus antepasados destacando la psicología femenina. El conjunto está formado por cajas lumínicas, hechas con paneles de madera e impresiones fotográficas, de dimensiones variables, con espejos en su parte posterior. En una interpretación simultánea, refleja en los retratos de sus antepasados cercanos los estados de ánimo, la subjetividad y el entorno. Presencias armónicas con una concepción del “arte total”.
Susana Pilar posee una estética de escarpelo e intercepta al espectador. Una suerte de empatía se produce a través de la forma y la imagen. Guarda y esconde en la intención la presencia de voces, de algunos elementos de la memoria que, aunque silenciosos, constituyen una partitura sonora. Produce secuencias específicas que ayudarán a la eclosión de diversos estados de conciencia. El uso del espejo en las instalaciones de forma laberíntica, o como instrumento en las performances, es parte del juego psicológico, de la transferencia identificatoria e identitaria que Susana Pilar maneja, como el violinista que tensa las cuerdas del arco. Las fotografías no solo contribuyen a alterar el ambiente o lugar en que se encuentran, sino que también sirven como transmisores, amplificadores de las vibraciones.
De la subjetividad a la praxis histórica, de lo particular a lo colectivo, del individuo al aspecto testimonial, la muestra culmina con Llave maestra, fotografías en impresión digital en blanco y negro, en la que la artista sostiene un machete. El conjunto es sobrio, de excelente efecto y calidad. El color está ausente por lo general, salvo en la instalación en seda, tinta china y sonido de Un chino llega a Matanzas (2015-17), que también alude a su antepasado que llegó a Cuba a fines del siglo XIX.
La artista reescribe el tema de la naturaleza y reconstruye una arqueología final de manera directa y afectiva. Compone un espacio con las obras que trazan líneas de fuerza e interrogan y descifran la esencia de lo humano. Al hacer evidente las parcelas de la historia, da también coherencia a la visión del conjunto.
En síntesis, desea demostrar la complementariedad y antinomia frente a la no siempre pacífica naturaleza y a la cultura como hecho social. Como en un concierto silencioso dedicado en parte a la lógica de la naturaleza, esta es mostrada en todos sus aspectos, lo que ella nos ofrece desde la contemplación, el éxtasis y la crueldad.
SUSANA SULIC
