Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Pilar Altilio

Silvia Rivas

Rolf Art

Combinando muy bien la experiencia de instalación inmersiva, donde los videos conviven con otras materialidades, Silvia Rivas desarrolla en “Fuerza diagonal” un nuevo contenido en su extenso trabajo sobre el tiempo. Aunque retoma un plan en el que trabajó en 2004, aquel denominado Todo lo de afuera, que también era una instalación, estaba basada en una serie donde los cuerpos ejecutaban coreografías pugnando por ocupar un mismo espacio, a la vez que se retenían de manera recíproca cada vez que alguno de ellos amenazaba con renunciar a la lucha. Un conjunto de personas metaforizan el conflicto de la imposibilidad o el impedimento como devenir. Ahora, en “Fuerza diagonal”, “el nudo aquel se destraba en una posibilidad desde lo individual, generando así un contrapunto con su antecedente”, explica la curadora Jazmín Adler. Este giro en grado positivo se nutrió de lecturas que le produjeron resonancias, iluminaciones, y que Rivas se encargó de acercar a todos los espectadores para que pudieran leerlas en la sala. Ella reconoce que nunca se inspira en ideas ni en textos, sino que, regularmente, son situaciones plenamente intuitivas, que no tratan de literalizar un texto, sino de metaforizar con diversos elementos su propia poética.

Exposición Individual: Silvia Rivas — imagen 1
Silvia Rivas. De la serie Fuerza diagonal y Nudo III, consideraciones, 2019. Video-instalación de un canal de video para monitor HD 24’’, vidrio, hierro, terracota, Video HD (HD Video). 4’ 27” en loop. 37 x 55 x 20 cm (14 9⁄16 x 21 21⁄32 x 7 7⁄8 pulgadas).

En Superviviencia de las luciérnagas, editado en 2009, el teórico francés Georges Didi-Huberman encuentra un aspecto interesante en el texto Hombres en tiempos de oscuridad de Hannah Arendt. Se describe ese género de tiempo donde “el dominio de lo público ha perdido el poder de iluminar”, y, por esto mismo, no nos sentimos ni iluminados por el razonamiento ni radiantes en relación con los afectos, sino como una fuerza que decae. El otro aspecto, en el texto Entre el pasado y el futuro: ocho ejercicios sobre la reflexión política, 1954-1968, de la misma filósofa alemana, argumenta sobre la fuerza diagonal. Fuerza que está descripta como un concepto que fractura la metáfora de un movimiento temporal rectilíneo por la inserción de la acción humana, que “quiebra el continuo y produce, aunque sea mínimamente, una trayectoria angular”, una brecha entre pasado y futuro, un lugar en el tiempo, “una posición desde la que podría juzgar las fuerzas en pugna con ojos imparciales”. Un sujeto tal vez frágil puede cambiar con una pequeña acción el rumbo de algo infinitamente mayor a su propia existencia. Convirtiendo esta práctica en acción humana y usando algunos planos inclinados, los cuerpos en el video juegan a ocupar un mismo espacio medido; brincan para no dejar subir más arriba de una línea demarcada por un haz de luz, en una especie de lucha sin violencia, así consensuada, que en algunos casos se expande en el espacio por fuera de las pantallas para estar sutilmente acompañadas de otras materialidades. Las hechas por la artista como la ropa teñida, en armonía de tonos terrosos bajos y medios que acompañan los movimientos con gracia; el arenado rectilíneo de un vidrio que se coloca delante de una pantalla, o una plancha de gres cuadrada y fija que oculta una parte de lo móvil que sucede atrás. Todo sucede sin sonido, ya que el silencio se desactiva por el juego combinado de las paredes, el piso y el techo, junto con los dispositivos instalados que inducen un ritmo que se actualiza con el propio desplazamiento del espectador. El plano de la sala tiene marcado un horizonte donde se percibe el abajo-arriba del espacio; algunas piezas de las instaladas son fijas y están muy altas sobre el horizonte, como réplicas evasivas. Una gran pantalla inclinada sobre un ángulo hace pasar la proyección a través de su trama hacia el espacio vacío de la esquina, mientras el movimiento de esa corporalidad aglutinada no cesa de adecuarse a un pequeño espacio que reverbera en otro ampliado. Dos pequeñas pantallas sostenidas por un pie alto se acercan en un plano inclinado y se contagian la misma secuencia.

En un reportaje sobre su obra, afirmó: “Creo que trabajo básicamente con el tiempo tanto desde la sensación vivencial como de su misma materialidad, pero también el espacio como resabio de la escultura, y, por supuesto, el sujeto como parte, engranaje necesario, a los que sumo distintas materialidades que me dan ciertas tecnologías, desde las más remotas hasta las más binarias. No hago narrativas largas, son situaciones que duran entre 3 y 5 minutos”. Dice buscar “aquello que no tiene palabra, que no se puede decir, que está justo en el medio, y, por esto mismo, el pensamiento está absolutamente ligado” a todo lo que hace. Explorar la sensibilidad y curiosear las tecnologías para ajustarlas a una investigación que se despliega en obra, pero que siempre comienza en el boceto hecho a mano. Silvia Rivas puede mostrar su afinada producción en esos planos y acercarnos una experiencia.

PILAR ALTILIO

Silvia Rivas, por Pilar Altilio | artnexus