Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Carlos Jiménez

Nacho López

Instituto de México en España

Nacho López (1923-1988) es probablemente la figura más destacada de la generación de fotógrafos mexicanos que, surgida después de la Segunda Guerra Mundial, toma el relevo de la extraordinaria generación de entreguerras que encabezaron Gabriel Figueroa y Manuel y Lupe Álvarez Bravo, y que estuvo profundamente marcada por la impronta de maestros de la fotografía internacional que pusieron a México en su objetivo: Edward Weston, Eduard Tissé, Tina Modotti, Henri Cartier-Bresson y Leo Matiz. Él inició su carrera en el fotoperiodismo, bajo el gobierno del presidente Miguel Alemán, quien deseaba que su política desarrollista fuese acompañada y promovida con una reluciente imagen de modernidad. Es la época de la Torre Hispanoamericana, un desafiante rascacielos que rompe abruptamente el perfil todavía porfiriano del centro histórico de la ciudad, de la construcción de nuevas avenidas y la popularización del automóvil. Nuevas realidades a cuya divulgación se dedican la prensa gráfica de la época, los noticieros cinematográficos e, incluso, el cine. Alemán quiere dar por cerrada la estética del indigenismo y de la exaltación del campesinado, característica del período de entreguerras, en beneficio de una imagen de modernidad a la americana que pronto seduce a la naciente –y creciente– clase media urbana.

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Nacho López. Sin título, México D.F., ca. 1960. Col. SINAFO-FN-INAH. Cortesía: Instituto de México y Secretaría de Relaciones Exteriores de la República de México.

Nacho López nada sin embargo a contracorriente y registra con su cámara la cara oculta de esa modernidad desencadenada representada por la pobre gente que por esas mismas fechas protagonizó la película Los olvidados de Luis Buñuel, por entonces exiliado en México. En esta exposición, realizada entre mayo y septiembre en las salas de exposiciones del Instituto de México de Madrid, hay unos buenos ejemplos de esta faceta del trabajo de López. Destaco la fotografía captada en la tristemente célebre prisión de Lecumberri, donde vemos salir unas manos implorantes de la cochambrosa hendidura practicada a ras de suelo en una de las puertas metálicas con las que allí se cerraban las celdas.

Pero con todo, las reveladoras pesadillas que acompañan los sueños de modernidad no resumen, sin embargo, el arte de Nacho López de la época. Su ingenio le dio para inventar un género enteramente nuevo en México que reinterpretó las promenades surrealistas de los años 20 y anticipó a su manera los happenings promovidos por Allan Kaprow en Nueva York en la década de los sesenta del siglo pasado. Y que en esencia consisten en poner a alguien a realizar una acción insólita o completamente inesperada en la calle o en cualquier otro espacio público, para luego registrar las reacciones de los sorprendidos transeúntes u obligados espectadores. Esta exposición incluía secuencias fotográficas de varias de ellas. La más sorprendente la protagoniza un hombre del montón que va por la calle tirando de un minúsculo carrito al que va atado un cerdo. Una escena rural transformada de golpe en una imagen surrealista. Aunque la verdad es que es igualmente impactante la secuencia fotográfica que documenta el paseo por el centro de la ciudad de un hombre modesto y pobremente vestido que transporta un blanco y fantasmal maniquí femenino. Y había una tercera serie, más previsible. Registra las reacciones de los transeúntes masculinos al paso de una joven y bella mujer vestida con un traje muy ceñido.

Pero tampoco en estas series se agotó el talento de López, que también supo desplegarse en la experimentación formal. Como lo hizo en una foto que es legendaria, y en la que se ve al emblemático Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México a través de un globo de cristal. O en esa otra muy compleja que desmonta o deconstruye, si se quiere, al entero dispositivo fotográfico: el ojo que mira y es mirado, el encuadre, la cámara, la lente, el espejo.

Esta exposición es una versión reducida de la extraordinaria retrospectiva que dio cuenta del ingente trabajo fotográfico de Nacho López, celebrada en el Palacio de Bellas Artes de México en 2016, con ocasión del treinta aniversario de su muerte. Quien, además de fotorreportero y documentalista, fue director de cine, teórico de la fotografía y maestro de las nuevas generaciones de fotógrafos en la Universidad Autónoma de México y en la Universidad Veracruzana. La opción de Alberto Tovalín y José Antonio Rodríguez, los curadores de esta muestra, fue la de centrarse en las obras realizadas por López en México DF.

CARLOS JIMÉNEZ

Nacho López, por Carlos Jiménez | artnexus