La ironía y el humor han sido elementos que siempre han estado presentes en la obra de Miguel Calderón (Ciudad de México, 1971), y no podían faltar en su nueva exposición en kurimanzutto, la galería que lo representa y que está cumpliendo veinte años dentro del arte contemporáneo en México.
En esta ocasión, la exposición cuenta con diversos formatos y toma el título del video que el artista crea a modo de homenaje y falso documental al ficcionalizar y recrear el incidente vivido por un empleado de limpieza del gobierno de la ciudad durante el trágico sismo de septiembre de 2017, en el que se queda encerrado en el sótano de la fuente de Las Cibeles, en la colonia Roma. El artista se interesa en su historia y en sus vivencias, y se vuelve cercano a él y a los demás trabajadores, y, así, a partir de un suceso, desarrolla el video El placer después.

Para el artista, este personaje es un voyeur que observa una serie de sucesos aleatorios desde la fuente de todos los transeúntes, como chicas que salen de madrugada de los bares cercanos en estado de ebriedad y que acaban entre risas metidas en la fuente, entre un sinnúmero de historias que ve pasar ante sus ojos de manera constante. La fuente evoca en sus formas la mitología griega, y la actividad actual crea una mitología de personajes que interactúan con el entorno de una manera errática.
Emilio, el empleado de limpieza, recrea y protagoniza su propia historia, en la que se encuentra en constante pugna con algunos de los vecinos que viven en los alrededores de la fuente y que salen a pasear con sus perros sin recoger sus excrementos. En especial, hay una mujer que se porta grosera y que desafía todo el tiempo a Emilio.
A modo de venganza, Emilio decide comprar croquetas y envenenarlas para dárselas al perro de la mujer grosera. Antes de lograr su cometido, sucede el terrible sismo y Emilio queda atrapado dentro de la fuente, sin alimento. Después de unos días, los rescatistas y sus perros que trabajaban por la zona lo detectan y rescatan, para su sorpresa y arrepentimiento, ya que después de odiar a los perros por tener que limpiar sus heces de la fuente y de las áreas verdes de la glorieta, un perro lo salva y se siente agradecido por ello.
Después de este acontecimiento, los trabajadores de limpieza le relataron al artista que por varios días cargaban croquetas en sus bolsillos por si volvía a ocurrir otro sismo, y poder así ser encontrados por los perros rescatistas. De aquí surge la idea de Amuletos para un temblor, en donde el artista crea diseños de joyería montados en plata o en hilo y elabora collares y aretes con las croquetas que están montadas sobre tanques de gas. El humor no puede faltar en las propuestas de este artista, que gusta de exhibir la que llama “estética del desastre”, tan familiar en un país como México, donde conviven de manera cotidiana la realidad y la catástrofe.
En este mismo sentido, aparece la serie La plenitud de la nada, que son fotografías con una visión abstracta del desastre, por medio de un viaje a lo largo de un socavón infinito, hecho a partir de cortes de material de archivo noticioso.
En un tono ya más personal, inconsciente, quizá, el artista muestra una serie de acuarelas, disciplina que siempre ha llamado su atención, pero en la que recién incursiona para crear imágenes con destellos de burla, erotismo y liberación personal. Aunque el uso de la acuarela podría parecer un elemento demasiado tradicional y ajeno a la obra de Miguel Calderón, logra hacer de ella una herramienta para seguir explorando los temas e inquietudes que siempre lo han obsesionado, a través de su característico desenfado y desde su postura crítica de la sociedad contemporánea.
