El valor del arte como testimonio histórico es evidente en el proyecto audiovisual de la artista peruana Maya Watanabe titulado Liminal (2019). Este está basado en una investigación realizada a partir del hallazgo de aproximadamente 6.000 fosas comunes no exhumadas, en las que yacen los restos de más de 16.000 personas desaparecidas durante el conflicto interno que tuvo lugar en Perú en la década de 1980, el cual se definió por los actos violentos perpetrados tanto por los grupos guerrilleros insurgentes Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru como por las fuerzas militares del Gobierno.
Al investigar y documentar algunas de las fosas descubiertas recientemente, Watanabe se convierte en una especie de arqueóloga forense al participar en el proceso de exhumación de los restos, que en muchos casos se reducen a fragmentos óseos difícilmente identificables. La realidad dantesca de cadáveres irreconocibles se transforma en una abstracción visual en la que difícilmente se puede reconocer lo que realmente se está viendo.

A medida que transcurre el video de una hora de duración, el lente va mostrando un terreno desenfocado, en el que se identifican suelos mayormente áridos de diversas texturas. Cuando la imagen borrosa se vuelve más nítida, aparecen entre elementos naturales, tales como tierra, raíces y rocas, fragmentos de huesos, dientes, e incluso trozos de tela de las ropas de las víctimas. Marcadores arqueológicos y herramientas de medición corroboran que se trata de cuerpos humanos, pero estos, al igual que los restos, son difícilmente identificables, ya sea por estar desenfocados, o por la velocidad con la que el lente pasa sobre ellos.
La imagen casi microscópica de los detalles captados por la artista contrasta con la magnitud de la temática, el homicidio de miles de personas, cuyo paradero se desconocía hasta hace poco. Tal magnitud se enfatiza en la acertada instalación que realiza la curadora Caitlin Julia Rubin, al proyectar el video en el enorme muro de la Lois Foster Gallery. El espectador debe verlo de pie o sentarse en el suelo y enfrentarse a la narración visual de una hora sin la comodidad de una banca, pero sobre todo sintiéndose tan insignificante e impotente como uno de los pequeños insectos que de vez en cuando pueden verse en la pantalla.
La imagen que aparece durante la mayor parte del video es una especie de paisaje nebuloso, casi abstracto. La velocidad con la que se mueve el lente, a veces lento, a veces más rápido, nos indica que se trata de una búsqueda meticulosa y a la vez desesperada. Solo en el momento en el que se cree encontrar algo, un detalle, un indicio, la imagen se aclara por segundos, pero aun en ese instante es difícil adivinar lo que se está viendo. El cuestionamiento es constante. ¿Fue eso un cráneo? ¿Fueron dientes? ¿Son fibras de tejidos o raíces de plantas?
La monocromía del terreno, que con el tiempo ha absorbido los restos, hace aún más difícil su identificación. A esto se suma el hecho de que Watanabe diluye visualmente las posibles distinciones entre los restos humanos y la naturaleza que se ha apropiado de ellos, luego de más de veinte años de haber sido enterrados, precisamente para generar un estado de reflexión. Quizás lo más fácil de identificar son las vestimentas ensangrentadas, fibras rojas que han sobrevivido al paso del tiempo como testimonio de la forma violenta como fueron asesinadas las víctimas. Aun así, se desconoce cómo fallecieron, por qué razón y de quiénes se trata. De nuevo prevalece la duda.
Como indica Rubin en el catálogo de la exposición, la primera individual de la artista en un museo en Estados Unidos, “Watanabe diluye las distinciones entre estos restos y el entorno en el que se encuentran. Nunca están totalmente representados, nunca son completamente estables o completamente definidos. ‘Liminal’ incita a los espectadores a participar, una y otra vez, en una lucha por el reconocimiento. Restos de una tragedia oculta desde hace mucho tiempo de la historia y con el paisaje como testigo principal, la representación fluida de Watanabe de estos elementos es un reflejo de su estado liminar. A la espera de la identificación forense, están en la cúspide, representados en la coyuntura no del medio. Son restos en el umbral de un retorno a la subjetividad demorado por décadas, que ya no están ‘desaparecidos’, pero que aún deben ser declarados como oficiales y reconocidos como muertos”.
Mediante la realización de proyectos como Liminal, Watanabe asume una importante responsabilidad social, la de contar historias que han sido silenciadas y convertirse en vocera de quienes, a pesar del paso de los años, aún buscan respuestas.
FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG
