Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Elisa Rodríguez Campo

Marco Montiel-Soto

Centro Atlántico de Arte Moderno - CAAM

El artista multidisciplinar venezolano Marco Montiel-Soto (1976) desembarca en Las Palmas de Gran Canaria con su más reciente propuesta expositiva, curada por Lidia Gil Calvo, que nos acerca al vastísimo universo creativo del artista. Un centenar de piezas han sido dispuestas en torno a más de 200 m2 de exposición, un recorrido prendado de hallazgos y complejas instalaciones que invitan al visitante a explorar el amplio trabajo de investigación que hace cuatro años comienza el artista en las Islas Canarias, paralelamente a su dedicado estudio de la realidad venezolana desde muy diversas metáforas artísticas.

La muestra está estructurada al mejor estilo de los “gabinetes de maravillas”, aquellos que hicieron las delicias de aficionados a los innumerables tesoros de tierras apenas descubiertas, que más tarde capturaron la atención de científicos, intelectuales y comerciantes. Naturalia, artificialia, exótica y científica fueron las categorías de tantos elementos hallados, que a partir del siglo XVIII y XIX, se dividieron entre museos de historia natural y museos de arte. No obstante, “Mal de mar hacia un triste trópico: notas sobre la otra isla” da cuenta del espléndido botín contemporáneo que ha venido depurando Marco Montiel-Soto con agudo sentido crítico y no menos poético, para demostrar desde múltiples perspectivas los estrechos vínculos que históricamente han hermanado a las Islas Canarias y a Venezuela, considerada como “la octava isla”.

Exposición Individual: Marco Montiel-Soto — imagen 1
Marco Montiel-Soto. Barroso II, 2019. Bamboo, cuerda. 650 x 170 x 170 cm (255 29⁄32 x 66 59⁄64 pulgadas). Cortesía del artista.

El principal argumento desarrollado por el artista consiste en la localización y la consecuente deslocalización de un magnético destino llamado Venezuela, esplendoroso país petrolero cuya bonanza económica y semejanza climática atrajeron a tantísimos emigrantes canarios a partir de la segunda mitad del siglo pasado, tras la promesa de un mejor futuro, lejos de la Guerra Civil y la dictadura de Franco. Por desgracia, aquel florecimiento hoy representa un espejismo. La historia reciente del país caribeño ha girado abruptamente la brújula en sentido inverso. La mayor parte de su población manifiesta la intención de querer escapar del que fuera durante siglos un paraíso prometido.

Iniciamos el recorrido con un frondoso jardín artificial, seguido por El comandante y la india Tibisay (2016), el traumático paradigma que supone para Venezuela el exlíder populista Hugo Chávez, quien es representado en una talla popular de madera sobre un podio, levantando el brazo izquierdo frente a la princesa indígena Tibisay, alegoría popular en yeso de un pueblo que ha sido disminuido. Seguidamente, Venezuela el más bello país del trópico (2014), collage que subraya cómo los pintores viajeros envolvieron al Nuevo Mundo en un halo sublime. Más adelante, la instalación Muerte en la tierra tropical naranja (2019) desgarra uno de estos paisajes al filo de un machete.

Continuando el recorrido encontraremos espectaculares instalaciones como Mal de mar hacia un triste trópico (2015), que titula la muestra, en la que Marco Montiel-Soto fusiona objetos encontrados a lo largo de la geografía canaria, desde rocas volcánicas, pasando por su pasado precolonial, protagonizado por los aborígenes Guanches. Las enigmáticas pintaderas halladas en Gran Canaria son reelaboradas, disponiendo pulcramente una variedad dentro de una vitrina. El conjunto se completa con representaciones de los veleros o balandras desde las cuales zarpaban furtivamente canarios rumbo a América. El artista se ha documentado en fragmentos de diarios de navegación recogidos en el libro Historia de la emigración clandestina a Venezuela de José Ferrera Jiménez (1989), los cuales recita en un paisaje sonoro que puede escucharse en sala. Su voz, su cadencia, produce nostalgia, lontananza.

Complementa el recorrido por el pasado tri-continental canario, un cañón del siglo XVI y un mapa de las islas facilitado por la Museo Colón, así como pequeñas barcas elaboradas por el artista sobre las que coloca diversas estatuillas de etnias africanas facilitadas por la Casa África.

El visitante frecuentemente es advertido sobre la profusión de la crisis venezolana, sobre un irónico y triste trópico: veintiséis piezas de la serie La verdad no es noticia (2016), con titulares verídicos de prensa venezolana que resaltan sobre campos de color aplicados al papel. En otra serie, Sucesos de día a día (2015), veinte collages con animales criollos de facsímiles de los 70 parecen recitar escalofriantes sucesos extraídos de la prensa actual venezolana. Destaca el enorme Papel tapiz (2019) de 6,50 x 3,5 m de alto, confeccionado con auténticos e inservibles billetes de 100 bolívares.

Encontramos también Postales desde Venezuela (2019) –serie de monumentos y paisajes venezolanos vintage–, enviadas por españoles a sus familias en Europa, que pueden apreciarse recto/verso. La utopía tropical, hoy inalcanzable, se mece sobre una hamaca en una de las salas. También, la representación de la torre petrolera Barroso II, cuyo profuso chorro disparó 40 metros de crudo por dos semanas consecutivas. Maracaibo, región natal del artista, famosa por el petróleo que salía de sus entrañas, es de las regiones más castigadas.

Marco Montiel-Soto documenta este contraste en sendos videos grabados desde el espejo del retrovisor de un coche. Por una parte, ha registrado un paseo por la totalidad de las islas. Expedición en las Islas Canarias (2019) da cuenta del retorno de los nietos de aquellos emigrantes que hoy progresan al desandar los pasos de sus abuelos, quienes levantaron a sus familias en Venezuela. Mientras que Recorrido Maracaibo (2019) documenta el estado actual de una sociedad saqueada, que debe hacer largas colas para poder conseguir alimentos, y cuyos derechos elementales han sido cercenados.

Una bandera de Venezuela se viste de luto y pende a media asta en un museo en Canarias.

ELISA RODRÍGUEZ CAMPO

Marco Montiel-Soto, por Elisa Rodríguez Campo | artnexus