La exposición al aire libre Estructuras del vacío es una propuesta de sitio específico con la que la artista Lydia Azout ha tenido la oportunidad de ocupar el espacio público del MAMBO. Una de las más acertadas apuestas del museo ha sido la de activar sus alrededores de tránsito, en este caso la carrera 6, desde la calle 24 hasta la 26. Además, esta exposición vuelve a traer a esta artista, quien ya en 1986 realizó una de sus primeras exposiciones en el museo, en la que ya desarrollaba su propio lenguaje, adquirido tras estudiar con el maestro David Manzur. En una ciudad donde la idea de espacio público es casi inexistente, uno de sus museos se expone, de puertas para afuera, generando intercambios con los visitantes o con los transeúntes. Las obras de Azout están pensadas para generar, en sí mismas, espacios de interacción para que el público se introduzca física y visualmente en las piezas. Azout se define como una artista con dos facetas: parte ingeniera, parte alquimista. Como las dos caras del dios Jano, tradicionalmente el dios de los comienzos, las puertas, las transiciones y los finales. Estas dos identidades, al servicio de la creación artística, son el motor de la obra de Azout, quien, independientemente del formato de las obras, genera portales de formas y tramas sagradas. En este caso, tanto ingeniería como alquimia han sido necesarias para poner en pie –tanto física como conceptualmente– las obras que vemos desde las escaleras de subida al museo hasta la entrada.

A menudo, el arte en el espacio público es estático y meramente contemplativo. Esta serie de esculturas invitan a ser recorridas y penetradas. La puerta o salida de la exposición se efectúa a través de Umbrales dinámicos II, una pieza de cinco círculos concéntricos que, a modo de espiral, recorre la escalera, simulando que la obra entra y sale del piso, dando pie a una serie de binomios, como visible/invisible, dentro/fuera. La idea de umbral apela también al espacio liminar o de transición, aquel en el que entramos de una manera y salimos siendo otros. El espacio de tránsito simboliza un momento de metamorfosis. Este umbral nos conduce a la obra Fuerzas femeninas. De trama algo más personal, reúne círculos y triángulos, rectas y curvas. En su trabajo, Azout juega siempre con contraposiciones; una de ellas alude a lo masculino/femenino, no tanto en cuanto a género, sino en cuanto a energías de distinta índole. Esta pieza combina círculos con formas triangulares haciendo de pieza bisagra entre la anterior y las dos siguientes: Estructuras del vacío I y Estructuras del vacío II. En estas dos obras, la artista pone al desnudo tanto el proceso de creación de una pieza como la compleja composición geométrica de ambas. Estructuras del vacío I es el esqueleto, la ausencia, el aire; compuesta por 64 tetraedros que emergen de la Flor de la Vida, y que en el centro alberga un corazón dorado en forma de octaedro. Podemos ver a través de las entrañas de las formas que se van conectando las unas con las otras, como si viéramos el funcionamiento de un sistema vital.
Su complementario es Estructuras del vacío II; este es piel, recubrimiento, sólido; como dice Azout, es “la gemela vestida” que deja ver la superficie, la belleza exterior, sin dar pistas de lo que hay dentro. Con ambas piezas, Azout ahonda en su mundo de los sólidos platónicos, no como una forma estructural, sino como un claro despliegue de su estudio de las formas sagradas. Los poliedros pertenecientes a los sólidos platónicos han sido fuente de estudio y conocimiento por su naturaleza geométrica, estética, simbólica, mística y cósmica. Estos han sido considerados como puertas de comprensión de la estructura de la realidad. Independiente de una religión, la geometría sagrada ha sido una forma de entender el mundo y sus misterios. Este es el centro del interés de la artista; esto es lo que junta las dos identidades mencionadas antes: ingeniería y alquimia dan la clave que conjugan la ciencia con el experimento y la intuición.
Como la artista ha venido desarrollando de forma constante, Estructuras del vacío despliega, en gran formato, las formas y las tramas que más le han interesado a la artista desde siempre: las que evocan lo femenino, lo masculino, la energía y fuerza de las geometría sagradas diseccionadas y reinterpretadas desde intereses personales. A través de estas tramas, la artista hace visible lo invisible y lo misterioso, que en potencia casi ni se puede nombrar. Azout propone un recorrido que se realiza con el cuerpo, y como parte de este, con la mirada, aunque ella nos invita a supeditar esta al movimiento para que este sea parte fundamental de cómo cada visitante deambula por todos los planos posibles de la exposición.
CARIDAD BOTELLA
