Liminal de Erlich

Leandro Erlich. Port of Reflections (Puerto de memorias), 2014. Estructura metálica, cubierta, barcas. Dimensiones variables.

Exposiciónsept 2019 - nov 2019· Por Victoria Verlichak

Liminal de Erlich

MALBA Buenos Aires

La misma semana que se puso en venta el mítico palacio de los deportes Luna Park de Buenos Aires –estadio cubierto construido en 1931 y testigo de grandes acontecimientos del país, como el velatorio de Carlos Gardel en 1935, el vergonzoso mitin nazi de 1938, memorables peleas de box, el flechazo amoroso entre Perón y Evita en 1944, la presentación de Frank Sinatra, el encuentro de Juan Pablo II con la comunidad polaca en 1987, el casamiento de Diego Maradona en 1989– apareció el cartel “Se vende” en la fachada del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Con razón, muchos se sorprendieron y pensaron: ahí se va otro icónico edificio de la ciudad. Porque si venden el Luna Park, bien podrían estar vendiendo el MALBA para ¿un shopping? Pero no; su dueño, Eduardo Costantini, aún sostiene con entusiasmo este emprendimiento cultural (que, es de presumir, da pérdidas), que le costó instalar, ya que muchos vecinos del exclusivo barrio donde está erigido temían por su tranquilidad; ahora es una presencia ineludible en el paisaje urbano porteño.

Exposición: Liminal de Erlich — imagen 1
Leandro Erlich. Classroom (El Aula), 2017/2019. Madera, ventanas, escritorio, sillas, puerta, vidrio, luces. Dimensiones variables.

El cartel dice: “Erlich Propiedades. Excepcional propiedad. Apto para todo destino. 680 obras de arte (Tarsila, Frida, Diego, etc.) Cine, auditorio, biblioteca, tienda y bar. Terraza de 218 m2/Parking. Piscina climatizada”. El anuncio, Se vende (2019), es un engranaje central de la exposición “Liminal”, precisamente porque se constituye en el umbral que conduce hacia el mundo de Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973): está afuera, pero pertenece a la exposición que está adentro. Otro site-specific ubicado en la explanada es Window and Ladder. Invisible Billboard, la versión argentina de una escalera y una pared con ventana que no conducen ni contienen nada, distinta –por los materiales, la construcción se asemeja a la de los barrios populares– de la pieza similar creada para Nueva Orleáns, cuando fue arrasada por el huracán Katrina.

Artista conceptual, en “Liminal” Erlich plantea incertidumbres y discurre entre el cuestionamiento de cierta cotidianeidad, trampas perceptivas, corrimiento de la frontera entre ficción y realidad. Las instalaciones parecen simples por su apariencia arquitectónica estándar. Pero maravillan y ofrecen varios niveles de experiencia y comprensión. Con sus efectos ópticos, interrogan lo preestablecido, expanden la capacidad de percepción, debaten el sentido común y ofrecen ilusorias perspectivas. Invitan al juego y a la reflexión, a la imprescindible participación de los observadores, quienes, seducidos, activan las piezas con su deambular; según su bagaje cultural, cada uno sabrá qué ver y pensar. A Erlich le interesa el arte como instrumento de integración, quizá por eso es un artista que busca, y ha logrado, instalar innumerables obras en el espacio público.

Exposición: Liminal de Erlich — imagen 2
Leandro Erlich. Hair Salon (Peluquería), 2017/2019. Madera, espejo, sillas, accesorios de peluquería, fajas de aluminio, luces. Dimensiones variables.

“Liminal” reúne un conjunto de veintiuna instalaciones de gran impacto visual, producidas desde 1996 hasta la fecha, seleccionadas por el curador Dan Cameron y expuestas sin sentido cronológico. “El impacto acumulado de experimentar varias obras de Erlich en una sola exposición intensifica nuestra conciencia de una dualidad inherente a lo real, y hace que nos preguntemos en qué circunstancias podríamos afirmar con seguridad que estamos efectivamente aquí o allá”, sostiene Cameron.

Esta es la primera antológica de Erlich en el continente americano. Antes realizó dos muestras grandes en Japón, y, actualmente, este artista globalizado despliega –simultáneamente con la del MALBA– la exposición “The Confines of the Great Void” (Los límites del gran vacío) en el prestigioso museo CAFAM (Central Academy of Fine Arts Museum, Beijing) de China.

Aunque la obra de Erlich se exhibió aquí en varios encuentros artísticos, el público argentino lo conoció masivamente como el artista que se “robó la punta del Obelisco”. Una mañana muy nublada de 2015, inquietos transeúntes y automovilistas llamaron a radios y canales de televisión (las redes sociales aún no eran tan populares) para avisar de una anomalía. Esa estructura (la punta) tiene cuatro ventanitas pero no es de acceso público, así que instaló el símil “robado” en las puertas del MALBA, y en su interior proyectó cuatro videos mostrando qué se observa desde las aberturas que están a 70 metros de altura del monumento porteño. Luego se supo que la obra, La democracia del símbolo, fue vista por millones (por internet, prensa gráfica, “en vivo”) de personas.

Los observadores se involucran físicamente en las provocadoras instalaciones de gran formato, ingresando a ellas. No hay magia; sin embargo, el talentoso Erlich convierte lo ordinario de El aula (2017), Hair Salon (2017), La pileta (1999), en extraordinario. Cualquiera puede traspasar un vidrio e instalarse en el banco de un aula algo abandonada, ir a la peluquería y perder la imagen propia o ingresar vestido a una pileta, caminar debajo del agua y salir sin haberse mojado. Todos pasean por La vereda (2007), se acercan a Las nubes (2018), tienen la sensación de viajar en El avión (2011). En La vista (1997), se asoman por una ventana a la vida de las personas que viven enfrente, tratan de espiar a los Vecinos (1996), emprenden un Vuelo nocturno (2015), y tanto más como ir a un lavadero de ropa, viajar en subterráneo (el metro). Y, así, en las obras –algunas con acentos borgeanos en su insistencia con el infinito– desfilan varios temas centrales de la actualidad –precariedad, inestabilidad, memoria– que suscitan variadas emociones, como libertad y encierro.

Exposición: Liminal de Erlich — imagen 3
Leandro Erlich. Swimming Pool (La Piscina), 1999. Estructura metálica, madera, plexiglás, agua, escalera metálica. Dimensiones variables.

Las piezas de “Liminal” fueron realizadas en coproducción entre el MALBA y Estudio Erlich; demandó más de un año de trabajo y un equipo de 150 personas. Son de sorprendente perfección, hechas incluso para soportar la interacción de la multitudinaria concurrencia. Con catálogo bilingüe español e inglés de 200 páginas, profusamente ilustrado, que incluye el ensayo curatorial de Dan Cameron “Atravesar el umbral” y los textos “Los órdenes arbitrarios” del artista Luis Camnizter y “Las cosas como son, como no son” de la editora Julia Napier.

En paralelo a la muestra en el MALBA, la galería Ruth Benzacar exhibió durante un mes Próximamente, una instalación que tomó enteramente el espacio expositivo, con cartel afuera de la galería simulando la marquesina de un cine. Los espectadores tenían la sensación de ingresar al hall de una sala de cine. Y mientras esperaban a ser llamados a ver la película, que nunca se proyectó, podían ver afiches publicitarios de filmes dirigidos por un tal Charlie Lendor (anagrama de Leandro Erlich); eran pinturas al óleo de Erlich que simulaban anuncios de filmes basados en sus renombradas instalaciones.

VICTORIA VERLICHAK

La autora aguarda la aparición de su libro Mildred Burton. Atormentada y mordaz.

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