El Museo de Arte de la Universidad Nacional presentó la exposición “La naturaleza de las cosas: Humboldt, idas y venidas”, que se enmarcó en los eventos conmemorativos de los 250 años del nacimiento de Alexander von Humboldt. La muestra ocupó las cuatro salas con que cuenta el museo y exploró el trabajo de artistas que entre los siglos XIX, XX y XXI, han cruzado sus prácticas creativas con el trabajo realizado por este importante científico alemán, con relación a la noción de naturaleza.
Los viajes de Humboldt por algunos países de lo que hoy es América Latina ocurrieron en el cambio de siglo entre el XVIII y el XIX, de modo que las representaciones culturales que elaboró a partir de ellos funcionarían como una suerte de matriz primigenia que sustentaría la creación de un imaginario cultural en torno a la esfera de la naturaleza y la sociedad del “Nuevo Mundo” para futuras generaciones, entre las que se encontrarían los científicos y los artistas modernos.

La exposición proponía indagar acerca de la persistencia del espíritu de la obra de Humboldt en el arte colombiano y latinoamericano contemporáneo hasta hoy, en diálogo directo con documentos y obras de arte del pasado que parecieran hacer eco a los cruces entre arte y ciencia, presentes en la construcción moderna de la noción de naturaleza, así como en la apropiación y extrapolación de procedimientos científicos dentro del campo del arte, tales como la lógica del viaje, o los instrumentos de medición, o los sistemas de clasificación científica.
Junto con las piezas de los casi treinta autores históricos, entre científicos y artistas, estuvo presente el trabajo de diecisiete artistas contemporáneos –Alfredo Jaar, Oscar Santillán, Regina de Miguel, José Luis Bongore, Nathália Favaro y Gianfranco Foschino, y los colombianos José Alejandro Restrepo, Liliana Sánchez, Camilo Echavarría, Carlos Motta, David Guarnizo, Andrés Matías Pinilla, Nicolás Gómez Echeverri, Luis Carlos Camargo, Antonio Bermúdez y Mapa Teatro, e incluso de la artista japonesa Miki Yui–. Fueron alrededor de cien piezas, entre obras y documentos.
El enfoque curatorial de la exposición consideró siete ejes conceptuales, que se hicieron presentes bajo la noción de “diálogos”, con el fin de explorar desde distintos ángulos los cruces entre arte y ciencia en torno a la noción de paisaje, o para revisar el entrecruzamiento de la metodología del viaje por parte de científicos y artistas, o llegar a entender de qué manera proponer una revisión desde una perspectiva queer de la figura y la obra de Humboldt. Respecto a este último diálogo, resulta muy pertinente mencionar la manera como logró poner en cuestión el silencio que guarda la historiografía convencional respecto a las sexualidades no normativas de los personajes que estructuran la vida pública, olvidando que, si bien el sexo y los placeres que lo determinan se inscriben en la esfera privada, la sexualidad y las representaciones culturales que produce estructuran plenamente la esfera pública y, por tanto, funcionan como una caja de resonancia de su pensamiento.

El recorrido por las diferentes salas ponía en escena esos diálogos, que se enriquecían por la heterogeneidad de las referencias culturales que se desprendían de las distintas piezas, para llevar a los espectadores del pasado al presente, y viceversa. En ese sentido, fue crucial la presencia recurrente de paisajes, que son las imágenes que mejor conjugan las tensiones entre las representaciones, tanto científicas como artísticas, acerca de la naturaleza. Muchos de esos paisajes eran piezas históricas ligadas a los lugares que fueron claves para Humboldt dentro de sus viajes, y, por esa razón, fue muy relevante acompañarlos de obras contemporáneas que abordaban de otra manera los mismos lugares, entre los que se destacó el trabajo de Camilo Echavarría, que tenía unas piezas realizadas en fotografía, así como una instalación de video. Las fotografías incluidas, que registran los volcanes Chimborazo y Cotopaxi, hacen parte del proyecto Atlas de los Andes, en donde Echavarría se aproxima al paisaje a partir de las relaciones que la humanidad ha establecido con el territorio, que implican ejercicios de idealización que se anteponen a la propia experiencia perceptiva del lugar. Dado que estos dos volcanes aparecen registrados en varias piezas pictóricas y en algunos documentos históricos dentro de la exposición, terminan funcionando como una actualización de la carga emocional y subjetiva sobre el territorio, cuando se logra dar forma a la lógica del paisaje.
Las aproximaciones discursivas a las pinturas de paisaje a lo largo de la historia han tendido a interpretarse al menos desde dos perspectivas contrapuestas. Es posible que el tema abordado dentro del paisaje pueda ser el hecho fundamental a la hora de establecer su significación, dado que ese lugar representado procede de unas coordenadas geográficas particulares que pueden tener un valor simbólico asociado a los usos sociales que ha tenido ese lugar. Por esa razón, el paisaje puede servir como evidencia de la manera como la naturaleza está configurada por representaciones culturales. Desde este punto de vista, se llega a pensar que es la diversidad de lugares latentes dentro del género del paisaje lo que le da sentido a esta práctica.
La otra perspectiva que debe considerarse a la hora de encontrarle sentido al paisaje, es la experiencia subjetiva latente en la decisión del artista de buscar la idea de paisaje en un determinado lugar de la geografía. Desde aquí, se puede llegar a ver un cierto nivel de continuidad entre los rasgos formales y conceptuales que subyacen a todas las pinturas de paisaje. Como han señalado varios autores, el paisaje como género pictórico parece anticipar el encuentro de tal tipo de escenas en la realidad, al punto que algunos han llegado a decir que cada paisaje encontrado en el mundo es una copia de un paisaje previamente pintado. Es decir que todas las pinturas de paisaje son la copia de la copia de la copia. Esta sería una perspectiva que asume que todos los paisajes son el mismo tipo de situación espacial y que la única singularidad del paisaje solo ocurre en el tiempo en que es percibido como paisaje. El pedazo de mundo que el artista ve como un paisaje solo existe durante los pocos segundos en donde las condiciones lumínicas y atmosféricas hacen que se parezca precisamente a un paisaje. Es con ese punto de vista que coincide el espectador.
También fue muy pertinente la presencia de obras realizadas en medios, como la instalación de video, y otro tipo de procesos temporales, como fue el caso de la obra Cauca de Camilo Echavarría, o las videoinstalaciones de José Alejandro Restrepo El cocodrilo de Humboldt no es el cocodrilo de Hegel, que es una obra que revisa la manera como se ha construido un estereotipo cultural sobre América Latina como un lugar subalterno, en torno a las representaciones culturales de la naturaleza, proyectadas desde distintas instancias de poder, y el Paso del Quindío, que revisa los relatos acerca del paso desde la cordillera Central de Colombia hacia el Pacífico, en donde existe un tapón natural que impidió la colonización, pero que también facilitó la marginación social y económica del Pacífico colombiano frente al resto del país. La imagen del carguero que llevaba en una silla en su espalda al colonizador invierte la lógica de poder del amo y esclavo, porque bastaría un sacudón para arrojar por el precipicio la carga que lleva en su espalda.
Finalmente, resultaba muy significativa dentro de la exposición la obra Kosmos de Oscar Santillán, que consistió en retirar la tinta de uno de los ejemplares del emblemático libro de Humboldt que lleva ese nombre, con la ayuda de un reactivo químico, para presentarlo como un libro vacío, en donde cualquier historia podría ser escrita, y acompañarlo de la tinta comprimida como si se tratará de una gema que condensa todo lo que estaba dicho por Humboldt frente al universo.
Con esta exposición se logró constatar que muchas de las ideas que elaboró Alexander von Humboldt respecto a la noción de naturaleza, a partir de sus viajes por América Latina, han generado importantes diálogos a lo largo del tiempo, y que muchos artistas de la región han revisado, revisitado y resignificado muchas de ellas, para expandir la manera de comprender el territorio en que vivimos.

