Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Katherine Chacón

Jesús Soto y Oswaldo Vigas

Gary Nader Art Centre

Entre mayo y agosto se presentó la exposición From Soto to Vigas en los espacios del Gary Nader Art Centre. En esta ocasión, esta institución reunió por vez primera el trabajo de los dos maestros de la modernidad plástica venezolana –Jesús Soto y Oswaldo Vigas–, poniendo de manifiesto y en contraste dos de las vertientes en las que se expresó la renovación moderna de los lenguajes artísticos en América Latina. El conjunto reunió obras de diversas etapas, abarcando un amplio arco histórico, que permitió revisar en paralelo las búsquedas, los hallazgos y procesos creativos de ambos artistas.

Radicado en París desde 1950, Soto se había unido a los círculos artísticos que indagaban la abstracción geométrica. No obstante, desde muy temprano visualizó que sus intereses estaban dirigidos a la experiencia del movimiento y la vibración, lo que sentó las bases para el desarrollo del arte cinético. En la muestra de Gary Nader se exhibieron varias obras pertenecientes a su serie Cuadrados vibrantes, inaugurada a principios de la década de 1960. En piezas como 7 et 1 (1963) o Medio vibrante (1976), cuadrados metálicos de colores planos se disponen regularmente sobre fondos rayados, produciendo una vibración por contraste de planos y colores, potenciada por el desplazamiento del espectador. También se pudo apreciar Vibrations métalliques (1969), una de sus Vibraciones horizontales: cascadas de líneas de metal que cuelgan sobre el fondo rayado, y en las que un movimiento real y sutil se hace patente.

Exposición Individual: Jesús Soto y Oswaldo Vigas — imagen 1
Oswaldo Vigas. Seres del Alba, 1993. Óleo sobre lienzo. 170 x 170 cm (66 7/8 x 66 7/8 pulgadas). Cortesía: Gary Nader Art Centre.

Cuadrados y escritura blanca (1979) forma parte de la serie Escrituras, que el maestro comenzó a idear a principios de los años sesenta. Apartándose del rigor ortogonal, Soto incorporó finos alambres curvos que, a manera de trazos en el espacio, estaban dispuestos sobre fondos de líneas paralelas verticales. Esta interacción de líneas curvas y rectas ofreció nuevos derroteros a sus búsquedas sobre la vibración. La muestra incluyó también algunas Ambivalencias, serie comenzada en 1981 y vinculada al estudio que el maestro adelantó sobre el último Mondrian. Son composiciones aleatorias donde los colores primarios crean ambigüedad espacial. Cubo Hilda (1997) y Ovoide azul cobalto (1999) cierran este conjunto, señalando puntos culminantes de una investigación materializada en 1984 con el Cubo de nylon, y en la que Soto incorpora el espacio y su dialéctica de invisibilidad-visibilidad como elemento expresivo.

Oswaldo Vigas se encontraba entre los artistas venezolanos que en el París de la década de 1950 se vincularon a la vanguardia geométrica. Sin embargo, y en contraste con Soto, la obra de Vigas nunca se rigió por indagaciones de tipo racional. Por el contrario, su lenguaje estuvo permanentemente vinculado a lo telúrico, en ocasiones a lo gestual, y de manera recurrente a la nueva figuración.

Vigas venía investigando la abstracción desde 1943, pero al mismo tiempo había comenzado a interesarse por el arte primitivo y precolombino. Es así como, a mediados de los años cincuenta, y después de haber realizado las primeras “brujas”, va sintetizando sus formas, pero yendo en una vía diversa a las derivadas del neoplasticismo. La muestra del Gary Nader Art Centre comienza con la pieza La red, en la que la abstracción está vinculada con lo simbólico, y que el artista realizó antes de marcharse a París, en 1952. Continúa con un Objeto negro de 1951, obra en la cual se verifica la intención del artista de depurar su pintura “de todo lo que no es indispensable a la composición”.

Las obras La novia (1963), Signos de verano VI (1963) y Signos de Cuaresma III (1964) muestran a un Vigas casi desconocido. Corresponden a su etapa gestual, devenida después de un período en el que se interesó por lo matérico y telúrico. Se hallan en el límite de una abstracción expresionista y una figuración en la que se insinúan formas que parecen provenir del subconsciente.

A partir de 1963 Vigas retorna a la figuración, actualizando un universo plagado de personajes imaginarios, provenientes de una cantera ligada con el mundo mítico latinoamericano. Surgen diversas series, en las que las figuras van desde una construcción cerrada y geometrizante –Lúdicas–, pasan por un dibujo de planos definidos hechos con pinceladas rápidas –Transfigurante IV (1972)–, que poco a poco se va haciendo más libre y expresivo, hasta desembocar en formas abiertas, hechas con trazos rápidos y manchas cada vez más matéricas –Isleña (1989)–.

Algunas piezas de su figuración sintética de los noventa y otras de su última etapa –Gran Curandera IV o Gemelares (2009)– reiteran la potencia de su inmenso caudal creativo, vinculado a un imaginario nutrido de la tierra y a una pasión vital que lo dotó de un gran talante expresivo.

“From Soto to Vigas” fue una excelente oportunidad de ver obras magistrales de estos dos grandes artistas venezolanos y comprender, desde una perspectiva que permite seguir hilos históricos, la relevancia que ambos tuvieron dentro del panorama artístico latinoamericano del siglo XX.

KATHERINE CHACÓN

Exposición Individual: Jesús Soto y Oswaldo Vigas — imagen 2
Jesus Rafael Soto. Cubo Hilda, 1997. Madera, nylon y pintura. 271.8 x 124.5 cm (107 x 49 x 49 pulgadas). Colección privada. Cortesía: Gary Nader Art Centre.
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