Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Mercedes Casanegra

Gabriel Chaile

BARRO Arte Contemporáneo

Gabriel Chaile presentó Genealogía de la forma, un conjunto instalativo de esculturas realizadas en adobe y hierro en el gran espacio de la galería Barro, con curaduría y texto de Andrea Fernández.

El artista nació hace 34 años en la provincia de Tucumán, vive en Buenos Aires en el barrio de la Boca, y en estos días realiza una estadía en Berlín, donde trabaja para una exposición que llevará a cabo en la galería ChertLüdde, en septiembre próximo.

Tucumán pertenece a la región del noroeste argentino, junto con las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca y Santiago del Estero. Tucumán es, además, la provincia más pequeña en superficie de aquella zona, cuenta con una ubicación central y su territorio tiene una forma semejante a la de un corazón. En su ciudad capital se declaró la independencia argentina de los españoles en 1816, luego de las guerras de liberación. Para muchos, esa provincia es el corazón de la patria.

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Gabriel Chaile. Genealogía de la forma, 2019. Vista de la exposición. Foto: Santiago Ortí. Cortesía: BARRO Arte Contemporáneo.

“Pienso esta exposición como a esa vitalidad que todavía está presente, esas culturas que sobreviven en mi cara, en el rostro de los norteños o de las poblaciones más pobres de la Argentina”.

Un vínculo sutil entre las obras de Chile y las piezas cerámicas realizadas por las culturas tanto precolombinas como actuales del noroeste argentino, en materia y forma, es parte central en el imaginario del artista.

El conjunto de esculturas que configuró la instalación en círculo fue realizado en adobe y hierro, y las piezas estuvieron conectadas entre sí a través de caños que yacían en el piso de la galería, tal como si conformasen un sistema. La pieza central fue un tipo de horno con dos cabezas antropomórficas, una representación de la madre tierra, tal vez, junto a las otras de identidad geométrica: cilindros verticales u horizontales y esferas. El conjunto total sugería una atmósfera de paisaje fabril del siglo XIX de manera sutil, como si la acción de esas “máquinas” fuese a desencadenarse de un momento a otro.

La intervención del metal es sutil, pero sustancial, ya que, en la mayoría de los casos, hierros delgados sostienen a las piezas, y una cañería de cierto diámetro las conecta en un sistema único. Las superficies de algunas poseen un trabajo de líneas ornamentales y geometrizantes en suave relieve, o puntos abultados organizados en líneas.

Algunas tienen semejanza con máquinas de vapor, en paralelo con la respiración. Una esfera toma el lugar de un cuerpo con los brazos en alto, y la corona una cabeza pequeña. En tres casos, la parte inferior de los cuerpos geométricos son conos invertidos, señal de mínimo equilibrio.

“La genealogía de la forma es un concepto que saco de las investigaciones a las cuales me lleva mi propio trabajo, no es que mi obra sea memoria del pasado. Tiene que ver con las historias de las formas de los objetos, con entender el proceso por el que las superficies de las cosas adoptan con el tiempo determinada forma y en ese proceso continúan mutando bajo una línea genealógica”, afirma el artista.

Andrea Fernández, escritora y compañera de estudios de Chaile en la Universidad de Tucumán, quien además trabaja con comunidades wichi en el interior de la provincia de Salta, escribió el texto para la exposición, que incluye un poema, donde ella se coloca en primera persona imitando aquella transmutación que algunas comunidades indígenas ponen en función de abandonar la forma humana con sentido ritual y explorar formas de la naturaleza. De manera tácita, está sugerida una conexión con un espíritu propio del surrealismo.

Todo el conjunto fue pensado por el artista como una pequeña empresa productora, como una panadería, por ejemplo, en funcionamiento imaginario. Al hacer esta mención, resulta difícil no relacionar Construcción de un horno popular para hacer pan (acción urbana), de 1972, de Víctor Grippo, paradigmática obra en la historia del arte argentino.

“La genealogía de la forma que propone Gabriel Chaile ansía presentarse como la construcción de un poema, con materiales representativos de diversas historias culturales que convergen, que se subyugan, y con las múltiples paradojas que conforman la experiencia humana (moderna, contemporánea)”. Estas palabras de Andrea Fernández, curadora de la exposición, describen esa sincrética esencia del trabajo del artista, en la ajustada síntesis poética de esas formas plenas de historia, humanidad, cultura, naturaleza.

La obra de Chaile fue realizada en Buenos Aires en el siglo XXI, en su taller de la Boca. Su imaginación poética, tal vez, haya leído o no algún poema del escritor y poeta de origen tucumano Fausto Burgos (1888-1930), quien vivió cien años atrás en una Argentina más conectada con el mundo, que con su vasta propia tierra. “Detrás de sus llamas, coqueando su coca, / Callado volvía el viejo pastor, / Cuando de repente vio a la Pacha-Mama, / sentada en el filo de rojo pedrón”.

Así describían algunos de sus versos la tierra que da lugar hoy a “una genealogía de la forma” de Gabriel Chaile, construida de manera poética, con certeza adivinatoria y alimentada por la savia de los mismos árboles, y piedras de aquellos montes, algunos de los cuales habrán habitado la tierra que vio nacer a nuestro artista con gran anticipación.

MERCEDES CASANEGRA

Gabriel Chaile, por Mercedes Casanegra | artnexus