Exposición Individualsept 2019 - nov 2019· Por Santiago Rueda

Fernando Arias

Foro.Space

Finalizadas las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, algunos, quizá de manera ingenua, creíamos que genuinamente estábamos entrando en un nuevo momento en la historia colombiana, donde la verdad sobre lo sucedido en cinco décadas de guerra saliera a la luz, y empezáramos a respirar otro aire y a vivir por fin en un territorio donde los conflictos no se resuelvan cobrando sangre. Sin embargo, esto no ha sucedido, y el panorama es bastante preocupante. Desde el 2016, y cuando los combates cesaron, empezó una campaña de exterminio de los llamados líderes y lideresas sociales, es decir, de quienes tanto en el campo como en la ciudad organizan las comunidades, vigilan los recursos, tanto naturales como públicos, defienden el agua y el territorio, y, en esencia, son la semilla para la germinación de un nuevo futuro.

Este nuevo despertar de la violencia en contra de ellos, que se ha cobrado cerca de 700 víctimas, apenas ha sido investigado, y los líderes, mal protegidos, están siendo eliminados, en un promedio de seis asesinatos al mes. Estratégicamente, esta atrocidad tiene muchas similitudes con la padecida por la izquierda civil en los años 80, el llamado “baile rojo”, cuando murieron más de 4.000 militantes de la Unión Patriótica (UP), un movimiento que se escindió de las FARC y se dedicaba solo a la vida política. Pero, a diferencia de lo sucedido hace tres décadas, las reacciones de la sociedad civil hoy han sido numerosas y variadas.

Exposición Individual: Fernando Arias  — imagen 1
Fernando Arias. 0566 (contador de víctimas), 2019. Luces LED sobre aluminio. 78 x 176 x 10 cm (30 45⁄64 x 69 19⁄64 pulgadas). Tabla de corte, 2019. Polietileno de alta densidad. Dimensiones variables. Cortesía: FORO.SPACE.

En Foro.Space, Fernando Arias presentó 0566 (Contador de víctimas), una instalación dominada por un tablero compuesto de luces led de un rojo brillante, formando esa cifra de cuatro números, el total de líderes asesinados en el momento de realizar esa pieza –556–. Frente a este mural eléctrico, cuatro moldes en polietileno de tablas de carnicería fueron dispuestos en fila hacia el contador, para evocar, si se quiere, un altar. Menos no podía esperarse de Arias, un artista para quien el cuerpo, la carne, la sangre y los fluidos han sido materiales utilizados para cuestionar aguda y valientemente su propia sociedad.

Precisamente, 0566 (Contador de víctimas), nos conecta directamente con las primeras instalaciones del artista. En 1992, realizó una sorpresiva exposición en el Museo de Arte de la Universidad Nacional, titulada “Análisis”. Sorpresiva, porque era la primera vez que un artista colombiano se ocupaba frontalmente en hablar de la crisis del sida. Sorpresiva, por la muy innovadora manera de hacerlo, utilizando fotografías de sí mismo y plaquetas de laboratorio con huellas de sangre. Sorpresiva, por la juventud del artista. Sorpresiva, por su valor, pues los enfermos de sida eran tratados como parias.

En 1994 realiza Seropositivo, una instalación que consistía en una habitación cubierta de las ya mencionadas plaquetas de laboratorio con pequeñas marcas de sangre, como evidencia de un test o análisis médico colectivo, y bajo ellas, una fotografía de 5 x 5 metros de un hombre desnudo, el propio artista, como un crucificado, iluminado bajo una luz negra o luz ultravioleta. Con esta gigantesca probeta, una sala de velación cyber punk, Arias trataba el desespero y la frustración por los que pasaban los afectados por una enfermedad en ese entonces terminal, y que aún hoy en día no tiene cura. Era tal el desconocimiento de la enfermedad en ese momento, que el público asistente al museo se negaba a entrar, por el miedo que le producían el espacio y el clima creados por el artista.

Dos décadas después, recurre a los mismos elementos básicos –la luz, los objetos extraídos de otro contexto, las huellas corporales, un título contundente– para reclamar por una nueva generación de víctimas. 0566 (Contador de víctimas) no tiene el aspecto de cuarto frío de Seropositivo. El rojo hiriente de los potentes led escogidos por el artista imposibilitaba cualquier tipo de reacción o pensamiento, desorientando con esa irresistible sensación que producen los espacios inundados de luz, un altar de sacrificios donde las plaquetas han sido reemplazadas por los tres bloques rectangulares de carnicero, por los que también corrió mucha sangre. En ellas, las huellas del cuchillo del carnicero, hendiduras de tantos golpes hechos para cercenar músculos, huesos y tendones, observados de cerca, presentaban su superficie rugosa y estriada, semejando un terreno abrupto, similar, si se quiere, al maltratado tejido social colombiano. En suma, la instalación era una demostración del minimalismo perverso que Gerardo Mosquera identificó a fines de los años 90, el minimalismo caníbal, antropofágico, propio de los artistas latinoamericanos de fines del siglo XX.

No era la primera vez que Arias se ocupaba de la violencia política. En el 2007, en uno de los más siniestros momentos de la historia colombiana reciente, tuvo el valor de realizar la exposición “País para quién”, en la sede de Mapa Teatro, en Bogotá. Allí transformó los iconos nacionales, para criticar el pensamiento unilateral y el guerrerismo dominantes. Al utilizar el edificio republicano de Mapa Teatro, con sus artesonados, arcos y columnas afrancesados, recuperaba una imagen de alta resonancia en el imaginario latinoamericano, la casa del poder, donde la burocracia, el ejército y la Iglesia se reúnen. La muestra consistía principalmente en esculturas en bronce, videos y tapices. En Tapiz: bala y Escudo bronce, montó en la imagen del escudo nacional el cuerpo de una bala, presidido por la imagen de un bravío cóndor de alas extendidas que portaba el lema Libertad y desorden. En el “despacho presidencial” que hacía parte de la instalación, se encontraba otro tapiz, Águilas, en el que el escudo nacional sirve de asidero a cinco águilas negras, en clara referencia a la poderosa organización paramilitar del mismo nombre, revivida hoy y señalada como una de las culpables de esta nueva oleada de violencia. Frente a él, un tapete, una bandera de Estados Unidos en el suelo, donde las bandas blancas de la insignia norteamericana eran cambiadas por bandas amarillas, el color principal de la bandera colombiana, creando un nuevo estandarte que fusiona a los dos países.

La reflexión sobre los símbolos patrios no lo abandona, y en el 2016, Más Arte Más Acción, la fundación creada junto con Jonathan Colin, organiza el proyecto Re Bandera, en el que se invitó a veintiséis artistas para crear una nueva bandera nacional, en conmemoración de los 500 años de la Utopía de Tomás Moro, y también, como un gesto de apoyo a la búsqueda de la paz, ya que, de hecho, las banderas se exhibieron frente al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, en Bogotá.

Esta serie de actividades desembocan finalmente en “0566 (Contador de víctimas)”, la primera exposición de Foro.Space, que inició así su tarea con uno de los más relevantes artistas colombianos de hoy, quien, después de haber sido un pionero en la lucha contra los prejuicios, la ignorancia y la estigmatización de los enfermos de sida, de ser un activista en Nuquí, en el Pacífico colombiano, sede de Más Arte Más Acción, entre otras tareas y proyectos relevantes, con su lenguaje rotundo, áspero, y certero, con su minimalismo antropofágico y sus ecos litúrgicos, reclama por las víctimas políticas de la Colombia de hoy, madres, estudiantes, profesores, campesinos, cuyo único crimen ha sido querer a su gente y a su territorio.

SANTIAGO RUEDA

Fernando Arias, por Santiago Rueda | artnexus