Beatriz González

Beatriz González. Cuentos para citaniños VII La niña y la zorra, 1973. Tinta y contact sobre papel mantequilla. 20 x 25 cm (7 7⁄8 x 9 27⁄32 pulgadas). Foto: Juan Rodriguez Varón.*

Exposiciónsept 2019 - nov 2019· Por Julia Buenaventura

Beatriz González

Apuntes gráficos. Espacio ArtNexus

La exposición Beatriz González: apuntes gráficos, curada por Francine Birbragher-Rozencwaig, en el Espacio ArtNexus, reúne un conjunto de aproximadamente cien obras –como el nombre de la muestra indica–, gráficas, esto es, seriadas, de original múltiple, venidas de una matriz y numeradas: grabados, serigrafías, litografías e impresiones digitales, que abarcan desde final de los 60 hasta el presente.

Beatriz González comenzó a trabajar grabado en Holanda, cuando fue con su marido Urbano Ripoll, a ese país, a causa de una beca en Arquitectura otorgada a este último. Allí, la artista se interesó por una técnica que desconocía, debido a que en la universidad faltaban los equipos.

De cualquier modo, aunque González asuma tardíamente el grabado, es necesario afirmar que su obra tiene un fuerte vínculo con la gráfica. De un lado, porque, González ha desarrollado una obra que parte, la gran mayoría de veces, de imágenes ya configuradas –impresiones o imágenes de imágenes–; de otro, porque el original múltiple es usado por González, no solo como un recurso de reproducción, sino como cuestionamiento directo a la categoría arte, y sus dos grandes bastiones en Occidente: la originalidad y la autoría.

Exposición: Beatriz González — imagen 1
Beatriz González. Recorte de periódico con noticia “La niña y la zorra”. Fotógrafo: Manuelhache, Periódico EL TIEMPO.*

En suma, la gráfica, más allá de servir a Beatriz González para reproducir su obra, es en sí un campo de cuestionamiento; así, el medio deja de ser medio para tornarse objeto de reflexión. Desde que realizó Fragmento de La rendición de Breda, en 1963, cuadro elaborado a partir de un afiche de Velázquez –y mírese bien: no de un Velázquez sino de un afiche–, y pintó Los Suicidas del Sisga, en 1965, este recurso ha resultado fecundo. La rendición es copia de la copia; Los suicidas es copia de un periódico, El Tiempo, el cual, por lo demás, tomó la imagen de otro periódico, El Espectador, que sí había pagado por la foto original. En resumen, tenemos una imagen digerida y vuelta a digerir, una imagen repetida que González torna única, en una especie de antípoda: la copia se convierte en original, lo que es una abrupta contradicción en los términos.

Contradicción que tiene mucho que decir sobre América Latina, la cual copió desde los nombres de sus ciudades, York, Cartagena, Medellín, Rosario, sus planos –pues, tal como señala Ángel Rama, los planos-damero venían de Europa para levantar la ciudad en América-–, hasta los cuadros –divulgados justamente a partir de grabados– y los santos. América Latina copió, copió y copió hasta que tornó la copia en pieza única, convirtiéndose en algo que ya no puede ser copiado. Desde ese punto, la obra de Beatriz González es una indagación sobre nosotros mismos.

En este orden de ideas, la exposición Apuntes gráficos entra en el meollo del cuestionamiento de Beatriz González, de su trayectoria y de un amplio espectro de asuntos desarrollados en décadas de producción. Ver los grabados a partir de impresos, ver las reproducciones de reproducciones, muchos de periódicos, se convierte en un ejercicio que brinda una de las claves para comprender la obra de esta maestra del arte en Colombia.

Exposición: Beatriz González — imagen 2
Beatriz González. Recorte de periódico con noticia de la cena ofrecida al presidente Turbay. Fotógrafo: Rojas.
Exposición: Beatriz González — imagen 3
Beatriz González. Decoración de interiores, 1981. Serigrafía sobre tela a color. Taller de Victor Alfandari. Dimensiones variables.*

En la muestra, el visitante se topa con joyas, poco divulgadas, tales como La niña y la zorra, de 1973. Una imagen sencilla que va acompañada de un texto; vemos, pues, una carreta, una niña en el suelo, una persona recogiéndola y un carro con su conductor; ahora bien, es a partir de la narración que comprendemos lo sucedido. Entonces, la yegua de la niña que va todos los días a recoger las sobras de los restaurantes en el centro de Bogotá, se topó con un gato que la arañó, cosa que salió al galope desde la calle 23 hasta la calle 19, para terminar cuando una de las ruedas colapsó, lo que generó un verdadero caos urbano. La noticia es tan humilde como curiosa, y la forma de reproducirla de González arroja nuevas claves. Primero, imagen y texto se entrecruzan, uno depende del otro, la imagen es narrativa, cosa que es muy propia de los grabados y emblemas, donde el título devela/configura el misterio del dibujo; y, segundo, hay una democracia en la imagen misma, pues en una página de periódico se pueden encontrar, la “niña de la zorra” o una figura internacional, dígase, por ejemplo, Jacqueline Onassis, cuya imagen encontramos justamente en otra pared de la muestra. Bajo el título Jackeline Oasis, tenemos la imagen de la norteamericana que ha salido en el periódico porque se encuentra de paseo en los desiertos egipcios. En suma, ambas figuras –la niña anónima o la señora Onassis– acaban compartiendo la misma jerarquía, imágenes de periódico u obra de arte.

Beatriz González entra en la gráfica develando sus problemáticas profundas: la contradicción copia-original, el carácter narrativo-alegórico que suele tener la reproducción múltiple y, por último, su democracia profunda, tanto por su capacidad de distribución como por la jerarquía minada propia de la prensa. Pero aún falta un elemento que también es posible advertir en la muestra: la antípoda entre arte y mercancía, entre pieza única y producto fabril.

Exposición: Beatriz González — imagen 4
Beatriz González. Recorte de periódico con la imagen de Jacqueline Onassis a lomo de camello. Periódico EL TIEMPO.*
Exposición: Beatriz González — imagen 5
Beatriz González. Jackeline Oasis, 1975. Serigrafía sobre papel. Edición de 25 Taller de Enrique Hernández. 50.4 x 50.5 cm (19 27⁄32 x 19 7⁄8 pulgadas). Foto: Juan Rodriguez Varón.*

En la exposición, uno no puede dejar de ver Decoración de interiores, obra de 1981, una cortina realizada en serigrafía sobre lienzo, en que otra foto de periódico, esta vez del entonces presidente Turbay y sus acompañantes en una fiesta, es copiada en un patrón que se repite a lo largo de la tela. El juego entre la cortina y la política (dígase la hipocresía propia de cualquier cortina: manto que esconde la luz, tela que oculta) es explotado en la obra con un humor único y muy colombiano. En Apuntes gráficos había unos tres metros de la obra. Vale recordar que desde que Beatriz González vendió la tela llamada Diez metros de Renoir, de 1977, por centímetros, ya hay una subversión de los parámetros del arte; la obra se vende como se venden las telas de una fábrica; de hecho, González la firmaba arriba y abajo, para garantizar el origen del fragmento comprado. Esta desacralización del arte, me atrevo a decir, viene de la gráfica, que, en su carácter de reproducción múltiple, es de suyo subversiva.

Finalmente, menciono la obra Desplazados, de 2017. Se trataba de un rollo de papel descolgado, en donde impresiones de personas cargadas van “subiendo” la pared. El rollo le adjudicaba al desplazamiento su carácter infinito, imparable, cíclico, en los ciclos del capitalismo y la expropiación de la tierra, siempre arrasadores, siempre nuevos, aunque sean viejos. El objeto rollo le presta a la imagen un contenido enorme. Me explico, si cortamos el papel y lo dejamos sin rollo, se pierde una gran parte de la riqueza semántica de la pieza. Lo que sucede porque todo habla en la obra de Beatriz González.

Así, esta exposición de imágenes parlantes u objetos alegóricos, lejos de mostrarnos simples métodos de reproducción de la obra de una pintora específica, acaba por revelarnos la matriz del código, las líneas fundamentales de sus problemas plásticos o, por lo menos, de un buen espectro de ellos.

*Catálogo Razonado Beatriz González. Cortesía de la artista y del Banco de Archivos de Artes en Colombia de la Universidad de los Andes.

JULIA BUENAVENTURA

Crítica e historiadora de arte con énfasis en América Latina.

Beatriz González, por Julia Buenaventura | artnexus