El ingenio del artista brasilero Artur Lescher ha sido el motor de una incesante investigación llevada a cabo para poner en evidencia el temperamento de las formas escultóricas en el espacio y, así, accionar la percepción sensible acerca de sus dispositivos de orden geométrico.
Creador de un lenguaje muy particular, codificado en obras que desafían las nociones más elementales de peso y contrapeso –al reordenar las premisas de la vida tridimensional de objetos localizados casi siempre en los límites de la tradición constructiva latinoamericana–, Lescher instituye un campo de fuerzas tensionadas.
Cuando una iniciativa de proyecto expositivo desdobla las capas de un ejercicio cotidiano de décadas de trabajo, como recientemente ocurrió en São Paulo en gran angular, reencontramos las tesis de un investigador de la inteligencia geométrica.
La muestra “Artur Lescher: Suspensión”, en el cuarto piso de la Estación Pinacoteca –local que también abrigó el Departamento Estatal de Orden Político y Social, órgano de represión y confinamiento de presos políticos, actualmente ocupado por el Memorial de la Resistencia–, entregaba al visitante una experiencia de pasaje y reinvención de la vida.
Una vez más, el conjunto de la investigación plástica de Lescher permitía al visitante moverse entre péndulos, plomadas, hilos metálicos, objetos en aluminio, madera, fieltro, y, entre un módulo y otro, encontrarse con la vida fabulosa de la materia en acción.
La vida de la materia y la personalidad de los materiales trabajados por el artista han sido una zona de intenso debate cuando la crítica de arte se asoma a su producción.

Cada etapa de investigación procesada por Lescher, conjugada con el plano geométrico de sus objetos escultóricos, alcanza contornos de una ficción creada para inquietar.
En cada creación, una ficción materializada como ejercicio de tridimensionalidad –que invade las órbitas de la arquitectura de los edificios que reciben sus objetos escultóricos– reactiva todo el proyecto de Lescher cuando lanza las bases de su inventario de formas.
En las formas reconocemos las bases procesales que unen su inventiva al legado de una tradición constructiva que redescubre en el uso del cilindro, del cubo, el sentido de una rigurosa convivencia que acepta el ambiente como elemento integrador.
Asentado en las inquietudes estéticas del artista, su inventario de mundo, madurado en el rigor geométrico de la fabricación de objetos escultóricos, reacciona al entendimiento más usual de las relaciones entre diversos materiales.
Seguimos las más de ciento veinte creaciones con la presentación de una ambiciosa narrativa, que organizaba la producción del artista en tres líneas de raciocinio: Narrativas líquidas, Suspensión –que titulaba la muestra– e Ingeniería de la memoria.
En Narrativas líquidas, el interés del artista en investigaciones procesuales gravitaba en la inestabilidad de flujos asociados al deslizamiento maleable de mallas metálicas de acero inoxidable, de tiras de fieltro y de ondulaciones de tiras de papel, en obras como Río Máquina, del 2009, o en su serie Afluentes, de 2013, 2015, 2017 y 2018.
Lescher embarulla nuestra comprensión habitual de la dimensión física de los materiales al establecer relaciones que remiten a sus opuestos. En sus pesadas tramas metálicas percibimos el escurrimiento o derrame de un supuesto derretirse de la malla de acero inox por el piso de la sala expositiva, en una transgresión calculada.
Para la sala llamada Suspensión, el raciocinio estructural del espacio armaba un módulo de expresión vertical muy importante y disponía las obras seleccionadas para el núcleo –casi fluctuante– con péndulos, agujas, filamentos delgados brillantes y metálicos, en un diálogo lineal sustentado por relaciones ascensionales.
Acomodado en vitrinas horizontales, el registro de la investigación plástica del artista reunía sus cuadernos de estudio. En sus apuntes se encontraba la dimensión reflexiva continua de las obras y se revelaba el recorrido de sus creaciones.
En los coloridos cuadernos, el ingenio de sus propuestas registraba paisajes, esbozaba estructuras, probaba colores, calculaba planos, listaba cortes y medidas para el trabajo posterior del montaje de las piezas que algún día dirigieron inquietudes, e, invariablemente, anotaba pensamientos sueltos que servían casi como una guía para el visitante.

La tercera sala expositiva, Ingeniería de la memoria, retomaba un importante interés del artista que parece accionar la singularidad de cada arquitectura que acoge sus obras para crear un renovado diálogo con el entorno cultural.
Allí, la reunión de objetos escultóricos en latón y aluminio traía a la memoria como un monumento que celebra un hecho digno de conservación, por el sí o por el no, dadas las debidas circunstancias, siempre un hecho casi inolvidable.
En este módulo, los trabajos titulados Finial #06, Finial #07 y Finial #08, del 2017, reunidos en una solemne disposición y directamente asociados a la identificación de elementos proyectuales calculados para la finalización de un plano arquitectónico. dialogaban con el interior y con el espacio exterior de la sala expositiva.
Así, un componente decisivo para el cierre de un compromiso arquitectónico con su destino, un finial, alcanzaba contornos de monumento y ampliaba su presencia.
Las obras, dispuestas en bases regulares, se destacaban junto con las imponentes ventanas del edificio proyectado por la oficina de Ramos de Azevedo (1851-1928) para los despachos y bodegas de la Estrada de Ferro Sorocabana, y, silenciosamente, apuntaban para el techo de la sala, que, aunque restaurada, se mantiene casi aislada, en medio del abandono de una zona de la ciudad cercada por la violencia de un entorno degradado.
Cabe mencionar, en el conjunto de la iniciativa promovida por la Pinacoteca, la concepción de otro registro sobre la trayectoria del artista: un catálogo bilingüe portugués-inglés. Con presentación de Jochen Volz, texto curaturial de Camila Bechelany, ensayo de Juliano Garcia Pessanha y entrevista con el artista realizada por Lilian Tone, la publicación, sin duda, colabora con la escritura de la historia del arte brasilero.
En este panorama, la exposición “Artur Lescher: Suspensión”, al reunir esculturas, cuadernos de estudio, dibujos, películas, maquetas e instalaciones de gran formato, trajo una buena parte de la creación del artista en una propuesta, de hecho, relacional.
CLÁUDIA FAZZOLARI
Vicepresidente de la Sección Brasil, AICA.

