El fotógrafo Antonio Caballero nació en 1940 en la colonia Guerrero de Ciudad de México. Desde adolescente, le interesa la fotografía, por lo que comienza a retratar su cotidianidad en la colonia. En esos mismos años de juventud, 13, para ser exactos, logra colocarse como asistente del gran fotógrafo Héctor García, y es de él de quien aprende el oficio, en un inicio, enfocado al fotoperiodismo. Pero sus intereses van más allá del foto-reportaje, por lo que también incursiona en la fotografía social y el retrato.
A pesar de haber expuesto su obra en diversos países como España, Francia, Italia, Corea y Estados Unidos, estuvo relegado de la escena artística por mucho tiempo, hasta que en 2004 el investigador Alfonso Morales y el galerista Ramón López Quiroga retoman su obra, y es cuando su larga trayectoria comienza a ser revalorada por críticos, curadores y coleccionistas.

En México, esta exposición es su primera retrospectiva y coincide con los diez años de ingreso de su obra a las colecciones del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, institución de la que depende el Museo de Arte Moderno y que la acoge.
Dividida en cuatro partes, el primer módulo da cuenta de su obra temprana y de su paso por el fotoperiodismo, en donde lo mismo logra captar la crudeza de la nota roja como retratar otros temas como arquitectura y moda para las revistas de la época: Guerra al crimen, Revista de Policía y Nota Roja.
En 1955 comienza a trabajar en la revista Cine Mundial, lo que empieza un parteaguas en su carrera, ya que descubre su pasión por la farándula.
En el módulo Las muchas caras del retrato, se manifiestan los retratos de las vedetes de la época, así como las muy famosas fotografías de Marilyn Monroe visitando México en 1962, de las que su autoría fue reconocida hasta años más tarde, pero que ahora resulta totalmente icónica.
Sus historias aparecieron en las revistas y los periódicos más importantes de la época, tanto nacionales como internaciones, en Le Figaro, Crónica, Jueves de Excelsior, Vogue, Revista de Revistas, Mañana, Siempre! y Madame, entre muchos otros.
Es considerado un gran retratista, y su archivo en este ámbito es muy completo, ya que tiene tomas de estudio, comisiones, publicidad, prensa y hasta portadas de discos. Su clientela no se limitó a celebridades cinematográficas, también abarcó políticos, siendo especialmente admirado por el presidente Adolfo López Mateos, y trabajó también con modelos, escritores, cantantes y deportistas.
Dentro del mundo del espectáculo, Caballero no solo se limitó a tomar fotografías, sino que hacia finales de 1960 se aventura con su propia agencia artística: Representaciones Artísticas Cinematográficas, lo que le permite manejar a artistas de varios países y llevar las relaciones públicas de los artistas más reconocidos de ese momento. Así, fue construyendo la imagen de numerosas celebridades y generando una red de importantes actores y actrices, que luego llevó a las páginas de las fotonovelas.
Sin duda, uno de los logros más importantes de la trayectoria de Caballero es ser considerado el padre de la fotonovela. La primera, editada en 1965, Generación Jet, fue escrita, fotografiada y armada por él mismo.
Al inicio la idea fue publicarlas dentro de revistas como Nocturno y Rutas de Pasión, pero tuvieron tanta aceptación, que el público deseaba un ejemplar completo de estas historias, a veces románticas y a veces melodramáticas.
Las fotonovelas implicaban muchos retos, además del buen reparto con el que ya contaba Caballero, gracias a sus buenas relaciones con el medio artístico. Incluían, además de lo fotográfico, mucho personal, que, al igual que en la televisión, se encargaba de los vestuarios, maquillajes, iluminación, ambientación, etcétera.
Con una habilidad notable para producirlas, contaban con alrededor de 32 páginas, con 120 imágenes cada una, para las que tomaba unas 300 fotografías que después ya seleccionaba. Así, a lo largo de veinte años, Caballero creó más de 500 fotonovelas. Este género logró consagrarse por alrededor de veinte años; sin embargo, dejó de ser negocio para las editoriales, y la televisión comenzó a ser un medio masivo, dejando atrás a este tipo de publicaciones.
El año 1985 marca el retiro de este fotógrafo, ya que, a causa del sismo, pierde su estudio en la colonia Roma con parte de su archivo. Años más tarde, vuelve a retomar su lente, ahora con un interés enfocado en el registro científico.
El recorrido que hace la exposición por su trayectoria, a través de la selección de 143 obras, muestra, desde el ojo preciso de este artista, un panorama de tres décadas del acontecer político, social y cultural de México.
