Ríos Intermitentes

Ernesto Millán. White Sheets: Transparency (Sábanas blancas: transparencias), 2018-2019. Sábanas con impresiones fotográficas, cuerda. Dimensiones variables. Foto: Mariano.

Bienaljul 2019 - sept 2019· Por Carol Damian

Ríos Intermitentes

Proyecto de María Magdalena Campos-Pons / XIII Bienal de La Habana 2019, Matanzas

Bajo la dirección de un equipo curatorial internacional, la plataforma conceptual rectora de la Bienal, “la construcción de lo posible”, se amplió a un lenguaje visual que se concibió como un espacio para el intercambio de ideas entre sociedad, cultura y medioambiente, utilizando el arte como un acto vivo y una experiencia continua de interacción para el visitante.

Este año, la XIII Bienal de La Habana se extendió más allá de los límites de la ciudad y llegó a vecindarios tan alejados como Matanzas, una animada ciudad a unos 96 kilómetros al este, con un extraordinario pasado, que fue restaurada para recuperar su belleza colonial. Desde el siglo XIX, Matanzas, que alguna vez fue el corazón de la industria azucarera de la isla, ha sido conocida como “la Atenas de Cuba”, famosa por sus talentosos artistas, poetas, filósofos, músicos y bailarines. El proyecto Ríos intermitentes, organizado por la distinguida artista matancera y profesora de Vanderbilt María Magdalena Campos-Pons, se refiere a su ubicación en la Ciudad de los Puentes, en la que diecisiete puentes cruzan sus tres ríos. Campos-Pons organizó exposiciones e intervenciones a lo largo y ancho del casco histórico y más allá, sobre las riberas de los ríos y dentro de ellas. Consciente de que su ciudad natal y sus artistas nunca han recibido el reconocimiento que se merecen, la artista sacó ventaja del alcance y la importancia de la Bienal de La Habana para reunir generaciones de artistas matanceros con sus colegas internacionales, incluidos artistas de la diáspora africana, para exponer su propia herencia con una perspectiva global. Bajo la dirección de un equipo curatorial internacional, la plataforma conceptual rectora de la bienal, “la construcción de lo posible”, se amplió a un lenguaje visual que se concibió como un espacio para el intercambio de ideas entre sociedad, cultura y medioambiente, utilizando el arte como un acto vivo y una experiencia continua de interacción para el visitante. Más de quince proyectos se organizaron en la ciudad con el fin de mostrar sus ricas tradiciones culturales y atraer la atención sobre una historia a menudo cargada de trauma y dolor, aunque revitalizada en forma continua por las artes. Los artistas de Ríos intermitentes se sumergieron en la ciudad y sus alrededores y presentaron una visión contemporánea para el futuro.

Bienal: Ríos Intermitentes — imagen 1
Maurizio Cannavacciuolo. Tatanto Totonta, 2019. Lápiz, pintura sobre papel. Foto: Mariano.
Bienal: Ríos Intermitentes — imagen 2
Tracey Snelling. Untitled (Poverty) (Sin título [Pobreza]), 2019. Construcción mural en medios mixtos. Foto: Mariano.

Ríos intermitentes tuvo su sede en el antiguo Palacio de Justicia, en la actualidad la oficina del Conservador de la Ciudad, con la exposición de algunos de los artistas más importantes del proyecto. Los artistas matanceros cuyas obras se expusieron incluyeron a Lorenzo Padilla, el artista gráfico José Ramón Chávez, y Jorge Y. Salomon y Claudia Padrón. En un atrevido e impresionante movimiento, Campos-Pons incorporó a artistas afroamericanos tan importantes como Carrie Mae Weems, Tracy Snellings, Melvin Edwards, Paul Stephen Benjamin, Alicia Henry, Jamaal B. Sheets y Brandon J. Donahue. Su presencia junto con los artistas cubanos fue un testimonio del éxito de una visión curatorial que incluyó exposiciones en todos los medios, instalaciones específicas para el sitio, performances, eventos de estudio abierto, música, danza y teatro, y numerosas oportunidades de debate entre los artistas y la comunidad. Todos los días del mes que duró el programa estuvieron llenos de eventos que rindieron homenaje a la ciudad, en especial a su arte y su importancia musical en la historia cubana, que se enriqueció con la presencia africana.

Bienal: Ríos Intermitentes — imagen 3
Olu Oguibe. Sin título, 2019. Hierro, acrílico sobre papel. Foto: Mariano.

La exposición principal del Palacio de Justicia ocupó espacios interiores y exteriores, con una instalación en el jardín, White Sheets: Transparencies, [Sábanas blancas: Transparencias] 2018-2019, que de inmediato activaba, desde el punto de vista arquitectónico, el hermoso edificio colonial y cautivaba a la comunidad. El fotógrafo matancero Ernesto Millán (Cuba, 1973) compró 31 sábanas y las serigrafió con imágenes fotográficas exclusivas para luego entregarlas a una familia por un tiempo definido, pidiéndoles que documentaran, mediante videos y fotografías tomadas con celulares, cómo las habían empleado. El edificio también reunió las obras más impactantes de artistas famosos, a la vez que exhibió el tema de la Bienal de Matanzas, que resonaba con conmovedoras e impactantes referencias a la diáspora africana por la ciudad. Cada salón exhibía obras de arte únicas. La monumental e impresionante instalación de Jorge Y. Salomón (Cuba, 1987), artista y sacerdote de Ifá, The Way of the Ancestors, The Fear and Faith of the Cimarrons (El camino de los ancestros: El miedo y la fe de los cimarrones), hacía referencia a la fe persistente de los esclavos fugitivos con simbolismo religioso del Ifá y títulos inscritos sobre esteras que recordaban alfombras de oración, y grandes paneles de bambú sobre las paredes, con numerosas incrustaciones de objetos ceremoniales. Ifá es una religión yoruba y un sistema de adivinación, y los objetos de su obra se referían a las bandejas de adivinación utilizadas para invocar el espíritu de los dioses yorubas, tan sagrados para la herencia africana de Matanzas. Esa devoción continuaba en una instalación escultórica del famoso artista estadounidense nacido en Nigeria Olue Oguiba (Nigeria-Estados Unidos, 1964) que incluía veintiuna piezas en forma de pequeñas bancas o de recipientes, forjados en una siderúrgica de la ciudad, que también hacían parte de rituales sagrados. Sobre las paredes había dibujos de diseños africanos que complementaban las piezas para piso. El impacto de la diáspora africana era evidente a lo largo de las exposiciones. El artista afroestadounidense Melvin Edwards (Estados Unidos, 1937), un pionero del arte contemporáneo afroamericano, continuó con su compromiso con temas de raza, identidad y la diáspora, soldando objetos de metal como anzuelos, herramientas y maquinaria para crear una nueva estética de sencillez y poder que reflejaba su conexión personal con África. Cosmo Whyte (Jamaica, 1982) colocó un carro para equipo DJ con cámara, sonido y artículos de su archivo personal con el título Well-Traveled African (Africano cosmopolita), como recordatorio del viaje, el pasado y el presente. Tracey Snelling (Estados Unidos, 1970) abordó los temas de pobreza que acompañan el desplazamiento forzado y la adaptación en sus construcciones, que incluían partes de casas, letreros de señalización y materiales encontrados, en los que insertó videos que confirmaban la vulnerabilidad, combinada con la fortaleza que viene con la supervivencia. Esta última fue un mecanismo presente en los paisajes murales fantásticos de Maurizio Cannavacciuolo (Italia, 1954). Trabajó con lápiz, pintura y papel para crear Tatanto Totonta, basada en partituras interrumpidas por adiciones tan extrañas como diseños, señales, juguetes, entre los desechos del caos humano, que no era más que otro comentario sobre los “ríos interrumpidos” de civilización que sobreviven a la constante conquista y el control externo.

Bienal: Ríos Intermitentes — imagen 4
Cosmo Whyte. The Well-Traveled African (El africano cosmopolita), 2019. Carro para equipo DJ y otros objetos. Foto: Mariano.
Bienal: Ríos Intermitentes — imagen 5
Jorge Y. Salomon. The Way of the Ancestors, The Fear and Faith of the Cimarrons (El camino de los ancestros: El miedo y la fe de los cimarrones) 2019. Medios mixtos. Foto: Mariano.

Las intervenciones en las plazas y a lo largo de los ríos con performances durante el tiempo del proyecto incrementaron la dinámica de la ciudad. La calle Narváez, el paseo a lo largo del río San Juan, tenía varias esculturas al aire libre, incluida Banco (2017) del artista local Pedro Luis Cuéllar, y Ofrenda (2018) de Agustín Drake. Para María Magdalena Campos-Pons, quien organizó las actividades, fue una reunión de toda una comunidad cultural proveniente de cerca y de lejos. Su propio proyecto, Bar Matanzas, en el patio del Palacio de Justicia, fue diseñado como un espacio para reuniones, performance y celebración al estilo tradicional matancero. A lo largo de los programas del proyecto, numerosos colectivos y asociaciones de artistas participaron llevando talleres, estudios abiertos, producciones de video, tecnología y actividades educativas para poner en marcha la agenda diaria. Desde el bombero y el pescador hasta escritores, bailarines, músicos y artistas, fue un tiempo para prosperar, desarrollarse y darle a Matanzas un nuevo sentimiento de orgullo en un escenario global. Ella también incluyó a sus estudiantes de Vanderbilt para que compartieran sus talentos artísticos, incluidos performances con su profesora, lo que fue una experiencia extraordinaria para los jóvenes artistas y para el público comprometido con sus actividades. Para representar la importancia de la ubicación y el legado de la ciudad se llevaron a cabo numerosas procesiones al río en honor de los orishas yorubas. El agua del río se convirtió en el vehículo del triunfo que reunió a toda la comunidad y fue un sugestivo punto de partida para la historia de la ciudad y una historia que comenzó con las aguas, tan a menudo interrumpidas, pero desde el camino de los ancestros y, hasta el día de hoy, una hermosa conexión.

CAROL DAMIAN, PHD

Historiador de Arte.