The Print Center, una galería sin fines de lucro ubicada en el corazón del distrito histórico de la ciudad de Filadelfia, exhibió dos series del artista peruano Rafael Soldi. El artista, que reside en Seattle, fue uno de los tres ganadores del ANNUAL International Competition del The Print Center, competencia que, a su vez, es una de las más presagiosas y antiguas del país. Dedicada a exhibir artistas locales e internacionales que cuestionan críticamente los límites de la fotografía y el grabado, la selección de Soldi no es sorprendente. De manera elocuente y novedosa, Soldi utiliza la fotografía no solo como un vehículo para representar su identidad, sino además su imaginación y su memoria. De hecho, imaginación, identidad y memoria son en Soldi no solo paradigmas personales, sino también nociones colectivas del cuerpo y la subjetividad homosexual adolescente.

Soldi nació en Lima en 1987. Durante la escuela superior, que realizó en un colegio católico privado para hombres de clase alta, el artista emigró junto con su familia a Washington D.C. Su padre, un destacado profesional, había sido contratado por la Organización de los Estados Americanos (OEA). Una vez que completó High School, y que sus padres debían regresar al Perú, Soldi decidió quedarse en Estados Unidos, y realizó su BFA en Photography & Curatorial Studies, en el Maryland Institute College of Art. No quería volver a Lima, a esa Lima patriarcal de clase alta de la cual había sido objeto de burlas por su identidad homosexual. Esa Lima católica y severa, donde las minorías sexuales, como la de Soldi, eran atacadas por sus compañeros en actividades “recreativas” como el “Cargamontón”. En lenguaje vernáculo peruano, “cargamontón” significa acosar a alguien entre varias personas. Es un “juego” recurrente entre compañeros de curso, donde se arma una suerte de montaña y el niño acosado queda abajo, y los niños acosadores, arriba. Los cuerpos, entonces, quedan en contacto. Se sienten, se cruzan, se tuercen, se tocan. Lo que comenzó como una burla física y espontánea se convierte entonces en un momento lúdico. Se convierte en deseo. Se trata ahora de una posibilidad que subvierte el discurso heteronormativo dominante y lo torna en placer.
Cargamontón, de hecho, es el título de la exposición de Soldi. Así, Cargamontón es concepto que deviene en fotografía, inmigración, memoria, e identidad. Pero la fotografía, en este caso, está además mediada por las redes sociales y sus posibilidades de intercambio de imágenes y memorias. Hace poco, Soldi recibió un mensaje por Facebook de uno de sus antiguos compañeros de colegio. Eso lo hizo recordar, fotográficamente, su temprana adolescencia. Buscó en internet imágenes de “cargamontón” en Lima, donde aparecen niños con uniformes escolares que demuestran sus privilegios económicos y sociales. Niños mestizos de clase acomodada que a veces ríen y otras no; que a veces quedan en el suelo y los profesores tienen que venir a rescatarlos de su vergüenza, de su condición homosexual. Una de las ocho imágenes de la serie titulada igual que la exposición, Cargamontón (2018), muestra a “ese” niño en el suelo. “Ese” niño es el recuerdo y la realidad de Soldi y de muchos. La imagen de ese niño en el suelo representa el momento después; las secuelas del acoso en una esquina de una sala. El blanco y negro de la fotografía intensifican la rigurosidad de los binarios en la Lima heteronormativa. Unos están arriba, otros abajo. Unos “pertenecen”, otros sufren las consecuencias de no pertenecer por su identidad sexual. Estos últimos están asfixiados debajo de una ruma, pero es esa misma ruma la que proporciona el deseo de libertad sexual. Es allí donde los cuerpos están más cerca, donde se tocan, ambigüedad que Soldi hace visible a través del pixelado. Así, el pixelado es recuerdo a la distancia de una memoria de infancia proporcionada por las redes sociales, por un lado, y abstracción de un deseo que solo posibilita la asfixia colectiva, por el otro. Dolor, deseo y cuerpo coexisten. Como explica Ksenia Nouril, curadora de The Print Center, “para un joven homosexual que crece en el ambiente conservador limeño, cargamontón significa una de las pocas instancias aceptables de contacto físico”.
“¿Cómo hubiera sido mi vida si me hubiera quedado en Perú?”, se pregunta este joven y prominente artista en la segunda serie de la exposición. Titulada Imagined Futures, y elaborada entre 2016 y 2018, esta serie presenta veinticinco autorretratos realizados por el artista en diferentes photo booths casi idénticos entre sí. Para Soldi, la pregunta sobre una idea imaginaria de la vida que dejó atrás es una constante en todo tipo de inmigrantes, cuestión que, una vez más, hace de su trabajo no una memoria personal, sino colectiva. Los ojos del artista están cerrados. El retratado –el artista que se fotografía a sí mismo– no quiere ver, sino imaginar; imaginar colectivamente. Se trata, en suma, de una exposición donde el recuerdo es también imaginación, y esa imaginación tiene el potencial de convertirse en real. La fotografía es aquí el medio que “atestigua”, que sirve de “prueba” de aquella posibilidad intermedia; de imaginar a la distancia un pasado conservador donde el placer, en realidad, no era solo prohibición.
FLORENCIA SAN MARTIN
