Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Janet Batet

Rafael Domenech y Ernesto Oroza

Fredric Snitzer Gallery

En Cuba existen dos extendidas expresiones populares asociadas a la mata: “Ir a la mata” y “Eso se cae de la mata”. La primera refiere a ir siempre al origen, la raíz de un asunto y/o problema, mientras que la segunda designa algo que por obvio no necesita explicación. Así, “la mata” ha devenido en el acervo popular cubano una suerte de panacea o piedra filosofal: el origen, meollo y solución de un problema.

“La mata (the perennial sprout)” es el título de la exposición a cuatro manos abierta al público en Fred Snitzer Gallery, en el Downtown de Miami. La mata… es una instalación colaborativa a cuatro manos, a cargo de Ernesto Oroza (La Habana, 1968, vive y trabaja en Miami) y Rafael Domenech (La Habana, 1989, vive y trabaja en Nueva York). Ambos creadores, con sólidas trayectorias artísticas, tienen en común el interés por el arte ecológico a partir del uso y resignificación de elementos constitutivos y de desecho de la cultura urbana. Es justo este interés por el intersticio entre producción, reciclaje y creación lo que lleva a la instalación de carácter inmersivo La mata.

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Rafael Domenech y Ernesto Oroza. “La Mata” (The Perennial Sprout), 2019. Instalación. Cortesía: Fredric Snitzer Gallery.

Motivados en los procesos productivos y los materiales que conforman el entorno urbano, el dueto asume el vinilo industrial o PVC –uno de los materiales más versátiles y extendidos en la industria comercial– como materia prima. Hialeah es el enclave elegido como punto de partida. Siendo la sexta ciudad más grande de Florida y la ciudad con mayor porcentaje de población cubana y cubano-americana en Estados Unidos (más del 70%), Hialeah es una ciudad industrial y de servicios, donde se funden las demandas de la industria y el savoir-faire de una comunidad orgullosa de sus tradiciones y raíces.

Asumida como inicio metafórico de la cultura industrial y comercial de Hialeah, la instalación a cargo de Oroza y Domenech asume morfológicamente la tipología del árbol frutal. El visitante avanza, así, bajo el dosel de luz tamizada, constituido a partir de numerosas y coloridas lámparas de vinilo –todas diferentes–, que como fruto cuelgan del entramado de cables/ramas invitando a la recolección. Para los avisados, la complicada y a ratos aleatoria madeja es también un clin d’oeil (guiño de ojo) a los caprichosos entuertos eléctricos improvisados en La Habana como mecanismo de supervivencia.

La habitación, cálida y acogedora, obliga al visitante a sortear cada uno de los elementos –todos únicos– pintados a mano que exhiben diferentes motivos geométricos. Los materiales constitutivos proceden todos de la industria local: vinilo, plástico, bombillas led, cables eléctricos y varillas de acero inoxidable van generando esta suerte entramado vivo, mutante, de sustrato ético-estético.

La mata (the perennial sprout) debe ubicarse dentro de la vasta tradición inaugurada por el movimiento Art and Craft de fines del siglo XIX. Nacido como reacción al primer estilo industrial marcado por el delirante y relamido eclecticismo, el Art and Craft propone rescatar lo artesanal frente a la creciente mecanización y producción en serie, y al mismo tiempo preconiza la coexistencia entre arte y artesanía y la noción de producción estética que rechaza el concepto vacuo de la belleza per se.

La mata pareciera una metáfora y un tributo a la obra de John Ruskin Las siete lámparas de la arquitectura (1851), donde sacrificio, verdad, poder, belleza, obediencia y memoria van mano a mano. Propuesta, donde lo lúdico, lo funcional y lo ecológico se inscriben dentro de la floreciente tendencia neoartesanal contemporánea.

JANET BATET

Rafael Domenech y Ernesto Oroza, por Janet Batet | artnexus