Las dos generaciones más jóvenes de artistas y arquitectas mexicanas plantean un panorama diversificado e interesante. No se despegan de sus orígenes, a la par que los revelan en lenguajes de amplio espectro global, en cuanto a pluralidad en las problemáticas, los materiales y enfoques. Mariana Castillo Deball es una artista visual (Ciudad de México, 1975) que inició sus estudios en México y los terminó en Europa; vive actualmente en Berlín. Aunque está arraigada a su país de origen, según ha declarado en algunas entrevistas, “necesito distancia de México para poder hacer mi obra […] así no soy entendida como una artista muralista”, consideración que ha circulado mundialmente durante décadas, por la fuerte difusión que los gobiernos dieron a esos artistas.
Mariana Castillo Deball explora la antropología y la arqueología de México con profundo interés y con una mirada progresista. Desde su inicio profesional, la artista ha investigado en archivos históricos, colecciones etnográficas públicas y privadas, así como en bibliotecas alemanas, holandesas y adyacentes. Cada exposición implica una serie, en la cual ella ofrece su mirada diagonal sobre documentos que revelan y/o recuerdan la riqueza de México en sus diversas etapas fácticas. Castillo Deball aporta desde lo multidisciplinario trabajando en instalaciones, dibujos, grabados, fotografía y escultura posconceptuales. Las realizaciones que aparecen en cada exposición ponen en evidencia la importancia para ella del proceso de trabajo y sus resultantes.

Luego de su exposición en el Museo El Eco (Ciudad de México, 2011), se sucedieron otras prestigiosas internacionales. En 2014, “Vista de ojos” es su primera individual, en la galería Kurimanzutto de Ciudad de México. Las artes coetáneas, lo vernáculo y lo indígena generan una de sus expresiones más destacables: un pavimento. La artista, alejada voluntariamente de su “piso” natal, lo traza en casi todas sus exposiciones, variado, diferente, pero siempre mexicano. Como la obra que abarca de pared a pared, en madera grabada, con el dibujo que representa a la ciudad de México y sus alrededores en 1550, basado en el que se encuentra en la Universidad de Uppsala (Suecia)1. Además, presentó “el mapa libro” encuadernado por secciones, donde se analiza lo que fue la preurbanización de aquella ciudad.
En 2019, en Nueva York, la artista expuso “Point” en la galería Kurimanzutto de dicha ciudad, con tres vertientes: con soportes de papel en técnicas mixtas, en impresos intervenidos (perforados/taladrados) de su serie de The Museums of the World, y con miniinstalaciones en mosaicos de concreto, acuarela y tinta, tales como And the in is between the two, de 38 x 45 cm. También dinamizando la exposición se encontraban los títulos en náhuatl, latín e inglés, como Pentlacoatl III, una estera entretejida de serpientes –cuyas cabezas apuntan en diversas direcciones– que atiende a diversos sentidos mitológicos. Esta acuarela y tinta sobre papel bordea la tradición indígena catapultada internacionalmente por Francisco Toledo, mientras que Castillo Deball resume en esta exposición sus orientaciones múltiples.
También en este año, en el New Museum de Nueva York, “Finding Oneself Outside/Encontrándose uno fuera” se titula la presentación de la artista. El título puede entenderse desde varios ángulos, entre ellos, el sentido más directo es “encontrándose afuera de ciertas culturas”, que se amplía con el hecho de que coexisten diversos portafolios de la autora en esta exposición. Todo funciona como una gran instalación. Allí conviven sus investigaciones con sus reflexiones acerca de materiales y moldes, del original y la copia, así como del espacio que ocupa un objeto como más importante que el objeto mismo, y de sus aplicaciones de estructuras geométricas y de leyes matemáticas. Estas nociones de diversidad aportan al espectador. Cual islas, la colección de libros perforados con base de madera de cedro es para el visitante otro enfoque dado, en el que Castillo Deball no se remonta a los moldes de originales precolombinos ni a instalaciones de piso ni a las Distorsiones Matemáticas sino al libro impreso, y con estos, atiende a la publicación de obras en diversos espacios y colecciones, o sea, a la intervención de una externalización de la reproducción de escenas de arte en ciertos espacios.
No solid form can contain you es un molde en fibra de vidrio verdoso tomado directamente de la Coatlicue original, la cual se encontró en la posición en que Castillo Deball nos la presenta. El molde –que pertenece a la Colección del Museo Amparo de Puebla– es una obra de 2010 que parece tener secciones un tanto al derecho y un tanto al revés, como el molde rearmado en contrastes de sus concavidades y con zonas de un cierto descuido, propio de la condición histórica del original y del realizado por Castillo Deball. Las referencias cruzadas entre artes visuales, arqueología y críticas al colonialismo –entre otras– hacen de sus trabajos unos lenguajes profundos, aunque no pesados, que la autora aligera por la interacción con emergentes actuales como intervenciones y desmaterializaciones.
El Mapa de Teozacoalco es una instalación de piso con diversas maderas que refiere, reproduce e inquieta; es otro de los aconteceres mesoamericanos imbricado en una presentación actual. Las linoleografías en papel de algodón y los moldes de papel explican la amplitud del ejercicio de Mariana Castillo Deball más allá de las técnicas tradicionales en este y en cualquier otro medio, y dan para un extenso ensayo, no por ser mujer sino por la poderosa manifestación operística.
NOTA
1. Se desconocen muchos aspectos del mapa, pero sí se coincide en que puede haberlo realizado un tlacuilo, nombre que se daba en México a los dibujantes de origen indígena.
GRACIELA KARTOFEL
