Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Viviana Saavedra

Margarita Paksa

Herlitzka + Faria

Margarita Paksa (1932) trabajó siguiendo los preceptos del minimalismo en los primeros años de la década del 60. Pero la voluntad de despojarse de todo, de ir solo al encuentro de lo esencial que perseguía este tipo de arte, se problematiza cuando el acontecer en el mundo se vuelve demasiado intrincado, turbio, revuelto. Cuando los signos, aunque codificados en lenguajes diversos, se contraponen y se enciman, nos confunden.

La artista reflexiona sobre los cambios en su forma de producir obra: “Me preguntaba a mí misma, si luego de los sucesos de mayo del 68 había tenido dificultades para continuar con mi obra, y debo responder que sí las tuve. Tuve un problema ético: ¿qué sentido tenía expresarme con el minimalismo frente al momento de profundas revueltas que estaba viviendo el mundo y el hambre y la miseria imperantes en nuestro país?”.

Exposición Individual: Margarita Paksa — imagen 1
Margarita Paksa. El arte ha muerto, viva al arte, 1979/2005. Neón sobre acrílico. 120 x 190 x 8 cm (47 1⁄4 x 74 51⁄64 x 3 5⁄32 pulgadas).

Marcel Duchamp fue el primer artista que supo ver el carácter convencional de las imágenes usándolas como signos. Agregó un bigote a La Gioconda de Leonardo en el momento en que esa imagen había sido reproducida lo suficiente como para ser reconocida como obra paradigmática del arte occidental, pero, a su vez, mezclada en la marea con tantas otras imágenes en el mundo de la reproductibilidad técnica. Bigote y Gioconda se superponían, capa sobre capa, obra maestra y broma en una misma imagen: dos signos reconocibles que proponían al espectador establecer una nueva forma de codificar que nunca llegaría a ser norma. El germen del arte contemporáneo ya estaba establecido.

Los signos y su codificación son tema central en esta muestra, así como el lenguaje y las imágenes. Pero hay también un tercer elemento, fundamental, el que vuelve visibles todas las cosas: la luz.

Estridentes letras de neón sobre una de las paredes de la galería Herlitzka + Faria vociferan un doble mensaje, El arte ha muerto, viva al arte (1979-2005). Las interpretaciones y repercusiones de estos enunciados, que relacionan el arte con la vida y con la muerte, fueron mutando a lo largo de los casi treinta años en que se desarrolló esta obra. Ella contiene en sí misma innumerables referencias. Por ejemplo, la vitalidad del arte se liga a las vanguardias a fines de los setenta en el ámbito local. Margarita Paksa forma parte del colectivo de artistas Tucumán Arde, que se comprometen con cuestiones sociales y actúan para hacer visibles las injusticias que el gobierno militar pretendía silenciar. El arte se entrelaza con la política operando concretamente en el campo social. Por otra parte, la cuestión de la muerte del arte, tal como la planteó Danto a finales de la década del 90, está relacionada con el fin de una historia, el fin de una novela romántica en la que el héroe, el arte, cumple el derrotero que lo lleva a encontrarse a sí mismo. Es allí donde el paradigma contemporáneo impone su gesto y el arte irrumpe, sin duda, sin lineamientos ni limitaciones.

Las obras expuestas se conforman mayormente por series. En Escrituras secretas, pequeñas ruedas de colores de igual tamaño fueron montadas sobre placas de aluminio. Se pone en juego la configuración del lenguaje; la sutileza de la percepción se desplegará en la búsqueda del ángulo y la distancia justos que permitan descifrar el mensaje. En Ojos ciegos aparecen el dibujo y la pintura, cuatro láminas realizadas en papel artesanal, en las que se repiten signos, objetos cotidianos y fragmentos de rostros con los ojos en blanco que expresan, con poquísimos trazos, las emociones humanas. Dibujos Rorschach hace referencia al test creado por el psicólogo y psiquiatra suizo Hermann Rorschach, en el que, mediante un conjunto de diez láminas con manchas de tinta, se analiza e interpreta al paciente. Paksa utiliza estas manchas a la manera de mapas, “vuelve a colocar en capas imágenes desconectadas que se mezclan detrás de ojos cerrados, esta vez utilizando la metáfora para explorar la estructura del inconsciente”, analiza Julia Detchon en el texto curatorial. La última serie es La Guerra de Irak, un grupo de textos-collage en los que se superponen idiomas: español, árabe y hebreo.

Dos instalaciones completan la muestra: Pisa Fibonacci II (2009), que remite a su trabajo dentro de la corriente minimalista, y El avance urbano (1996), un cuadrado de tres metros por tres metros de pasto real semicubierto por un cuadrado de hierro del mismo tamaño. La privación de luz es casi total; sin embargo, los brotes más cercanos a los bordes logran mantenerse vivos gracias a la profusa luz de día que se filtra por los techos de la galería.

VIVIANA SAAVEDRA