Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Carol Damian

Marcelo Bonevardi

Lowe Art Museum

En esta minirretrospectiva de la notable obra del artista argentino Marcelo Bonevardi (1929-1994) se advertía de inmediato que un singular vocabulario personal surgió en respuesta a las tendencias que dominaron en América Latina y Nueva York a mediados de siglo. Después de trasladarse a esa ciudad en 1958, el artista absorbió, y rechazó, elementos del minimalismo, la abstracción geométrica y el constructivismo para crear, en sus propias versiones de las tendencias, complejas composiciones elaboradas con una variedad de materiales. Infundidas en un léxico personal de símbolos y un espíritu visionario, las obras expresaban una fascinación con las matemáticas, las construcciones arquitectónicas, la astronomía, los rituales y la metafísica y el arte antiguo, entre otras inquietudes intelectuales. Además de distinguir su arte del de sus contemporáneos, fue su dominio magistral del dibujo y de los elementos formales de la creación artística el que dio como resultado obras cuya elegancia y espectacular composición van a la par. La formación arquitectónica de Bonevardi inspiró sus procesos, aunque cada obra va más allá de una mera descripción constructivista que insinúa una formación estrictamente geométrica basada en subconjuntos arquitectónicos, a menudo con poco contexto narrativo. Para los abstraccionistas geométricos y los constructivistas latinoamericanos, sobre todo, su obra se trataba casi estrictamente de composiciones matemáticamente estructuradas. Bonevardi utilizó sistemas constructivistas para configurar formas tomadas de la realidad matemática y traducirlas en un esquema simbólico, inspirado en su conocimiento de fuentes atemporales del arte antiguo, con su propio lenguaje ideogramático, combinado con referencias a experiencias de vida que atormentaban a su patria. En forma similar a lo que hizo en su obra el maestro uruguayo Joaquín Torres García –quien incluyó el mensaje intrínseco de antiguas formas de arte, en particular las lenguas aborígenes de las Américas, con un genuino aprecio por sus connotaciones religiosas y culturales–, Bonevardi también creó obras inspiradas en sus propios estudios de la importancia de estas. Nunca hubo una apropiación indiscriminada de los diseños y elementos del arte aborigen y antiguo, desde lo mítico hasta lo astronómico, sino que se incluyeron con el fin de elevar las formas abstractas a nuevas estructuras arquitectónicas que fueron fundamentales para su exclusivo y personal proceso creativo.

Exposición Individual: Marcelo Bonevardi — imagen 1
Marcelo Bonevardi. Entablature II (Entablamiento II), September 1986. Acrílico sobre yute cosido y estuco pigmentado sobre construcción de madera, talla de madera pulida. 169.5 x 87.5 cm (66 3/4 x 34 1/2 pulgadas). Colección privada.

La instalación de la exposición fue muy ingeniosa al sacar ventaja de la colección enciclopédica del Lowe Art Museum, un museo universitario que con orgullo exhibe obras que abarcan 5000 años de la historia del arte. Antes de entrar en las galerías principales de la exposición, los visitantes tenían un primer contacto con Bonevardi mediante un lienzo monumental, Entablature II (Entablamento II, septiembre de 1986), que servía como prefacio a su método de construcción y su incorporación de símbolos, círculos, diseños repetitivos, y otros arreglos que hacían eco a los objetos históricos de la colección permanente del museo, creando un diálogo entre lo viejo y lo nuevo que es especialmente importante para la obra del artista. Después, se invitaba al espectador a entrar en la Colección Kress de Arte del Renacimiento, donde una de las obras más fascinantes de Bonevardi, The Annunciation (La Anunciación, julio de 1980), estaba instalada entre una selección de las obras religiosas de principios del Renacimiento pertenecientes al museo, incluida The Annunciation (La Anunciación) (Italia, 1370/1373-1452) de Bicci di Lorenzo; The Annunciation and the Journey to Bethlehem (La Anunciación y el viaje a Belén) de Guidoccio Cozzarelli (Italia, 1480-1490), y The Annunciation (La Anunciación), tallada en un arco de mármol (1461), todas en diálogo directo con las obras de estructura arquitectónica de Bonevardi; Revelando en forma clara la atracción del artista por los temas relacionados con el ritual, la espiritualidad y la metafísica como parte de un lenguaje universal que trasciende el tiempo y el lugar, The Annunciation (La Anunciación) era una obra pequeña. Estaba acompañada de dibujos y cosas efímeras que ayudaban a dilucidar el proceso conceptual del artista de abstraer los aspectos claves de una imagen tradicional de la Anunciación. Descrita como “ensamble de ensambles” en el ensayo de Terence Riley para el esclarecedor catálogo que acompañaba la exposición, la palabra ensamble denotaba la estructura de la obra ejecutada con acrílico y carboncillo sobre papel periódico y cartón, y combinada con elementos de madera pintada, y también la formación de signos utilizados para recrear y reinterpretar en la narrativa más simple y básica este tema tan reverenciado: la Madona, el Ángel Gabriel, el tradicional interior abovedado, el místico anunciamiento. La obra estaba enigmáticamente reducida a formas geométricas básicas: el óvalo era María; el Ángel era un simple rectángulo con alas interpretadas como bandas de colores. Este mismo ensamble místico y simbólico de materiales y lenguaje se repetía en otras obras que se enfocaban en la espiritualidad, incluidas Talisman (Talismán, de 1969) y Trapped Angel I (Ángel atrapado I, de 1979), de forma que las diversas partes se convertían en elementos reconocibles de su obra y en evidencia de su obsesión por el tema.

Las galerías principales de la exposición estaban divididas en temas recurrentes que presentaban obras monumentales, dibujos, objetos del estudio del artista y una colección de papel periódico y otros materiales, todos los cuales ampliaban nuestra comprensión del proceso conceptual de Bonevardi. Grandes ensambles como Astrologers Table III (Mesa de astrólogos III, enero de 1965) demostraban su habilidad con el equilibrio compositivo y la discreta reverencia, a la vez que hacían referencia a antiguos altares, muros y ventanas que recordaban a los incas, una civilización que lo intrigaba. Había secciones sobre Navegación Celestial, Cabezas, Pieles y Biombos, Hábitats y Jaulas, que hacían eco al aliento de las influencias de Bonevardi, y una serie de obras que también podían entenderse como un reflejo de la época. Entre su fascinación por lo astrológico y lo mítico, presentó las inquietantes reminiscencias del desastre en imágenes ensombrecidas cargadas de ganchos y otros amenazadores dispositivos de tortura que eran una respuesta personal a los aterradores sucesos que tuvieron lugar durante las dictaduras militares en Argentina (y otros países latinoamericanos) en las décadas de los setenta y los ochenta.

En esta exposición, las construcciones y los ensambles moldeados y pintados de Marcelo Bonevardi presentaron la búsqueda intelectual de una persona de las formas geométricas dentro de espacios arquitectónicos, siempre llenos de un profundo significado conceptual que manifiesta la mágica intersección entre forma y espacio.

CAROL DAMIAN

Marcelo Bonevardi, por Carol Damian | artnexus