Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Sylvia Werneck

Macaparana

Dan Galeria

Los paisajes que habitamos, las personas con las que nos relacionamos y las situaciones que experimentamos a lo largo de la vida tienden a quedar guardados en rincones más o menos evidentes, en nuestro repertorio afectivo, tomándose este término como todo aquello que nos afecta, ya sea agradable o doloroso. Este “patrimonio emocional”, que influencia nuestras escogencias y moldea nuestros procederes, puede activarse por medios no siempre obvios y traducirse en la forma como vamos construyendo nuestro estar en el mundo. Incluso aquello que se presenta desde fuera gana significado a partir de las referencias, que no son las mismas para dos personas: cada cual monta su percepción del mundo a partir de la interpretación única y subjetiva de un conjunto de elementos y eventos con los que se enfrenta.

El arte de Macaparana contempla su historia –el “sertão”1 pernambucano donde creció, tan emblemático en la constitución social del país– en forma bastante sutil. Su trayectoria se desenvuelve de manera bastante fluida, manteniendo un equilibrio sereno entre lo que le pertenece por vivencia y lo que le llega a través del encuentro con otros artistas, con el medio del arte y las transformaciones del mundo. Imbuido de la voluntad de captar el universo amplio y árido en el que se crió, el artista aprende su oficio solo, comenzando sus experimentos a través de la pintura. Del paisaje, Macaparana pasa a abordar la cultura (o hasta la religión), pero específicamente la tradición de los exvotos.

Exposición Individual: Macaparana — imagen 1
Macaparana. Carambola, 2015. Cartón. 41 x 35.5 x 16.5 cm (16 9⁄64 x 13 31⁄32 x 6 1⁄2 pulgadas).

Entretanto, no es el elemento humano el que aparece como predominante, sino el material empleado: la madera, sus texturas, sus colores, sus formas. Experimenta con los volúmenes en composiciones cada vez más distantes del tema que le sugirió la materia prima, que pasa a ser la protagonista de su investigación visual. En la pintura también explora las vetas, los tonos y particularidades de cada tipo de madera. Las formas geométricas serán cada vez más importantes en sus proyectos, que, según el artista, siempre empiezan en el papel y después suman versiones que pueden desdoblarse en diferentes composiciones, tanto en el plano bidimensional como en formas que invaden el espacio. En las obras de Macaparana, el color siempre está simplificado, y casi nunca dispuesto en gradaciones. Hay cierta preferencia por los colores primarios, y a veces el artista rinde un homenaje explícito al neoplástico Piet Mondrian, como en la pintura p.m., del 2017. Tampoco pasa desapercibida la influencia del universalismo constructivo de Joaquín Torres García. Macaparana le dedicó al maestro uruguayo, en 1983, una serie de pequeños gouaches sobre papel. Su proceso creativo pasa por el estudio de las estructuras de los artistas que admira. Mientras tanto, esa influencia se traduce en el estudio de aquellas estructuras, pero como práctica que le permite crear un repertorio de composiciones que ponen en evidencia el carácter marcadamente urbano de su poética.

El encuentro con el trabajo de Willys de Castro le causó tal impacto, que hizo que el arte del pernambucano se sumergiera en la abstracción geométrica. El artista se aproxima al movimiento neoconcreto y su práctica se concentra en lo esencial del dibujo: las rectas, las formas básicas como el círculo, el cuadrado, el triángulo, son exploradas en todas sus posibilidades, llegando incluso a alargamientos y distorsiones. La ampliación y proyección de estas en el espacio son también práctica frecuente.

“Formas/Soportes” es el título de la individual de Macaparana en Dan Galeria. Y es exactamente este el contenido de que trata la muestra, que exhibe más de treinta obras, realizadas entre los años 1970 y la actualidad. El conjunto permite una visión panorámica de la trayectoria de este autodidacta que, inspirándose, al principio, en el paisaje árido de su alrededor, acercándose a las costumbre locales y ancestrales, fue, poco a poco, puliendo su método, casi que en un proceso de “purificación” del vocabulario plástico. De los temas naturales, pasa al acto de componer el espacio pictórico orientándose por las formas y líneas hasta llegar al meollo de su investigación: las innumerables posibilidades de cada uno de estos elementos básicos. La individual exhibe trabajos del inicio de la carrera y trabajos recientes: hay un gouache y pastel sobre papel de 1978, de modestas dimensiones, que retrata la vegetación retorcida y rala típica del “sertão”; hay también obras más recientes, en las que impera el uso de materiales industriales en composiciones totalmente abstractas, como en la tridimensional Relieve en negro y blanco, del 2004, que llega a desafiar su clasificación como escultura, dado que se compone mucho más de vacíos, que de materia.

La muestra ofrece una vista bastante amplia del conjunto de la obra de Macaparana, seudónimo que José de Souza Oliveira Filho escogió para relacionarse con el mundo del arte. Curiosamente, este nombre, que es el de una pequeña ciudad de tradición agraria, contrasta con la pulsión urbana de sus propuestas. Aunque aquella realidad lo hubiera acunado, fue la metrópolis la que le brindó buenas cosechas.

NOTA

1. N.T.: el “sertão” es una amplia región agreste en el interior del nordeste de Brasil.

SYLVIA WERNECK

Macaparana, por Sylvia Werneck | artnexus