Esta exposición marca un momento de plenitud en la obra del pintor peruano Jorge Cabieses. Una veintena de cuadros unificados por un mismo e impecable campo de color homogéneo –modulado rítmicamente por figuras geométricas y líneas de color que fugan al infinito– dan testimonio de que su prolongada búsqueda de un lenguaje propio ha alcanzado el punto en el que el cálculo, la exactitud y la precisión se imponen como las normas que gobiernan su pintura. Atrás han quedado las etapas de su trayectoria artística en las que las formas geométricas se utilizaban deliberadamente como contrapunto de soportes tan variados como los gobelinos o las láminas de madera contra chapada, en las que dichas formas irrumpían de manera agresiva. Estrellas de muchas puntas, rombos y ensamblajes de trapecios de colores planos y rotundos proclamaban a voz en cuello la voluntad del artista de desafiar y transgredir. E igualmente daban fe del deseo de apropiarse y reinterpretar las agresivas imágenes de la cultura popular, así como la omnipresente señalética publicitaria y urbana, sumado a la voluntad de descubrir nuevos y más intensos medios expresivos mediante el cruce de la pintura con la serigrafía y la utilización de los grandes formatos y de soportes poco o nada convencionales.

Insisto: esta virulencia desmedida ha quedado atrás para dar paso al refinamiento y a la serenidad. El dinamismo muy crudo de entonces ha sido reemplazado por un delicado juego de tensiones entre formas geométricas puras y las líneas de color que apenas riza el impecable plano de color donde tienen lugar. Y las evocaciones elípticas de la cultura popular y la señalética han sido dejadas completamente de lado hasta el punto de que Cabieses puede afirmar sin equivocarse que su pintura se ha vaciado no solo de imágenes sino también de formas. Las que restan en sus cuadros son los pasos de una coreografía y no los elementos, cuya presencia en la tela se justifica por la necesidad de definir y estabilizar una forma.
Viendo estas nuevas obras suyas no cabe menos que pensar en las de César Paternosto o en las de cualquiera otra figura histórica de la abstracción geométrica latinoamericana, a cuya élite se incorpora plenamente Cabieses con sus nuevas obras. Y lo hace con estas desafiantes palabras: “En mi obra pretendo, a través de una problematización del espacio, confrontarme a ciertos cánones de la imagen latinoamericana: la obsesión por la narración, el sentimentalismo exacerbado, el morbo de lo privado. Frente a ellos se establece una tensión constructiva en búsqueda de algo más universal, a pesar de mi propia angustia por la armonía”.
El programa de Perú en ARCO incorporó muchas y muy buenas exposiciones de arte peruano, varias de ellas en unas cuantas galerías madrileñas, pero no cabe duda de que la de Cabieses fue una de las más destacadas.
CARLOS JIMÉNEZ
