Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Ricardo Pohlenz

Helen Escobedo

Proyectos Monclova

Helen Escobedo fue una artista visionaria. Según dice la crítica Rita Eder, se consideraba a sí misma una “solucionadora de problemas”. Con una trayectoria que se movió a matacaballo entre su obra y la gestión cultural (destaca el haber estado frente al MUCA de 1961 a 1978, y luego, en el Museo de Arte Moderno, de 1982 a 1984), sentó las bases –en gran medida– de una escena que se dejaba venir en México, y que corrió paralela con la escena internacional. Vino a disponer, como puentes de campaña, los vasos comunicantes que hicieron del espacio un lugar de tensión, discusión, fascinación y asombro. No estaba sola (y aquí cabría una lista inmensa) en este proyecto de intervención y transformación del entorno/paisaje, en el que se valía de una multiplicidad de materiales para desarrollar una portabilidad formal que decía y hacía (sin que pudiera trazarse una verdadera separación entre estas dos acciones) al mundo. Vivió tiempos excepcionales con una disposición natural para lo excepcional, y a nueve años de su muerte, la actualidad de su obra nos sigue fascinando como una continuidad, como un proceso que sigue abierto, que se levanta como un edificio que tiende o emula o vierte (tantos verbos como metáforas del ver y hacer) en su línea de horizonte (y sus narrativas posibles): tanto al árbol milenario como la nave sideral.

Exposición Individual: Helen Escobedo — imagen 1
Helen Escobedo. Eclipse, from the Muros Dinámicos (Dynamic Walls) series, 1968. Lacquered wood. 79.13 x 29.92 x 28.74 in. (201 x 76 x 73 cm). Photo: Ramiro Chaves. Courtesy: Fondo artístico Helen Escobedo and PROYECTOSMONCLOVA.

E incluso en su despedida dijo que lo único que lamentaba fue no haber logrado sus proyectos.

Helen Escobedo ha sido relanzada con una exposición retrospectiva singular de Proyectos Monclova, una muestra de 79 piezas –entre dibujos, collages, maquetas y pinturas realizadas entre los años 60 y 80– que tienden un mapa de narrativas y procesos. Este, junto con otros proyectos, surge de la iniciativa que tuvieron en 2017 Andrea y Miguel Kirsebom –hijos de la artista– para sacar el acervo de una bodega, donde estuvo guardado siete años, y abrir el Fondo Artístico Helen Escobedo con la intención de volver a poner su obra y legado en circulación en museos, ferias y galerías. El Fondo es dirigido por la curadora Sandra Cerisola y es representado por Proyectos Monclova. Según las palabras de Polina Stroganova, directora de la galería, acordaron hacer un inventario, a partir del cual decidirían qué obra se iría a museos y cuál se pondría a la venta. Todo lo cual acabará de definirse cuando se tenga el registro total de las piezas y en qué condiciones están. El acervo está ordenado según los criterios de la artista. Sandra Cerisola acotó que, aunque algunas piezas estuvieran disponibles al público, se buscaba que los compradores fueran realmente coleccionistas, previendo que en el futuro las piezas estuvieran disponibles en préstamo a instituciones y no acabaran en el mercado secundario. Una de las maquetas de Coatl fue vendida a Luis Pérez Oramas, excurador del Museo de Arte Moderno de Nueva York, para la Colección Hochschild de arte latinoamericano, en Perú.

La exposición retrospectiva abreva o tiende su territorio (para seguir con los verbos como metáforas) de la paradoja entre las posibilidades latentes de realización en las que está su obra y la imposibilidad de que sea ella quien las haga. Reúne una representación a escala de lugares posibles tanto en el tiempo como en el espacio. Algunos de los cuales sucedieron. Preside la exposición la maqueta de Coatl, que dice (por no decir que invoca o lleva) en la brevedad del cubo blanco la extensión polícroma de cuadros de la serpiente guardián que habita el Espacio escultórico de la UNAM (en cuyo proyecto también colaboró activamente con Mathias Goeritz). Pero muchos de sus proyectos para esculturas monumentales se quedaron esbozados en el papel o armados en maqueta. El título de la exposición viene a ser su descripción literal. Las piezas seleccionadas del acervo constituyen una potencialidad. Presuponen, arman o tienden una obra en proceso a un futuro indeterminado.

Las piezas seleccionadas fueron realizadas entre los años sesenta y ochenta siguiendo la investigación efectuada por la artista sobre arquitectura, escultura y espacios públicos en esos años. Según las palabras de Rita Eder: “En la trayectoria de Helen aparecen tres características significativas: pensar la escultura desde una nueva materialidad, sujetar esta última a una idea de estructura seriada y el desinterés por crear un estilo reconocible”.

Además de la maqueta y los bocetos de Coatl están los dibujos de Urbe, Eclipse (que es su último muro dinámico), los fotomontajes realizados con Paolo Gori, la maqueta de Doble barda caída, la maqueta de Barda caída (que tuvo que ser restaurada), la maqueta del hemiciclo “Homenaje al cigarro”, la maqueta de Homenaje a Octubre (donde las líneas de tensión en el espacio pasan a convertirse en signos en los que se articula y desarticula la palabra), entre otras maquetas de proyectos que nunca se ejecutaron, junto con pinturas abstractas en pequeño formato. Puede apreciarse su renuencia a rendirse a los rigores formales de lo geométrico; jugando con las posibilidades de lo orgánico, con una vocación tribal para lo abstracto, compone y construye, con humor y de manera meticulosa, los gestos e improntas de las formas y los colores, imaginando los lugares –esa fue su prerrogativa y consuelo– para todas esas esculturas en potencia.

RICARDO POHLENZ

Helen Escobedo, por Ricardo Pohlenz | artnexus