Exposición Individualjul 2019 - sept 2019· Por Susana Benko

Fran Camino

Becerra Guzmán Galería

En su reciente exposición individual en Becerra Guzmán Galería, Fran Camino ha demostrado una vez más su dominio en el trabajo con el hierro logrando desafiar su dureza al otorgar a las piezas impresión de ligereza y liviandad. Asimismo, ha tratado de manera efectiva aspectos cruciales en su escultura en metal, tales como la integración del espacio como parte sustancial de su obra, la creación de figuras en apariencia “moldeables” y, sin lugar a duda, su perfección técnica. A todas estas, continúa dando importancia al significado como parte conceptual de su obra, tanto así que el artista ha hecho de ello un distintivo en su trabajo.

El sentido festivo de su escultura puede entenderse como tema –visto en las Serpentinas y en las formas que aluden a otros juegos y entretenimientos–, pero también le sirve para reflexionar sobre sí mismo y su relación con respecto a la tradición plástica abstracto-geométrica de donde él proviene. Es justamente de esta herencia que parte su proceso. Por otro lado, la experiencia adquirida durante el tiempo que laboró en el taller de Carlos Cruz-Diez, así como el oficio que ejerce como restaurador y conservador, le han servido para investigar a fondo en torno al medio expresivo con que trabaja y llegar a conclusiones cruciales sobre cómo entender la relación forma-volumen, espacio y color.

Exposición Individual: Fran Camino — imagen 1
Fran Camino. Serpentina No. 27, 2018. Hierro y pintura acrílica naranja y amarilla. 191 x 75 x 75 cm (75 13⁄64 x 29 17⁄32 x 29 17⁄32 pulgadas). Foto: Luis Becerra.

Ante esto cabe preguntarse si todavía la escultura de Fran Camino se inserta o no en el campo de la abstracción. No cabe duda de que ya con sus Serpentinas, el artista tomó la iniciativa de superar el plano y la concepción de una escultura basada en figuras geométricas. Ello se dio en un proceso gradual. Primero, con formas tubulares; luego, espirales, para concluir, tanto en las Serpentinas policromadas como en las cromadas, en la línea como elemento protagónico. En esta síntesis formal –pero alusiva a un objeto de uso muy popular como lo es la serpentina–, el espacio ocupa un papel predominante como elemento conformador de la figura, así como también la fuerza del color. Sin ambos, la forma serpenteada, vivaz y festiva no se erige del modo tan contundente como la vemos. Por otro lado, el otorgar una carga semántica a la obra implica cierta distancia con respecto a la lógica abstracta. De allí las serpentinas y otros juegos. Sin duda, supera la idea de una escultura sustentada únicamente en la relación de sus elementos formales. Por el contrario, adquiere significado, acercándose más a otras referencias contemporáneas como el Pop Art, por ejemplo, por la manera como magnifica los objetos festivos a los que hace referencia.

Camino demostró en esta exposición haber llegado a otra escalada más en su proceso de maduración –y decantación– de su propuesta creativa que ha implicado interesantes y radicales cambios en su trabajo escultórico. Si poco antes su obra se sustentaba en el color, ahora este queda completamente suprimido, con la particularidad de que su sentido lúdico se mantiene. Si antes el color era portador explícito de sentido, ahora lo asume la forma. Pero no cualquier forma: es la línea en su condición más nítida y pura. En efecto, el artista sustituyó el color pigmentado por el cromado. Y sustituyó el volumen por una línea bidimensional que se expande a su vez en el espacio. Ambas facetas coexistieron en esta exposición demostrándose así dos vertientes escultóricas en torno al mismo tema.

Fran Camino ha suprimido el volumen y el color para llegar a la más pura austeridad lineal. Su escultura se manifiesta ahora como dibujo en el espacio. Su serie Slinky mantiene la referencia al juego y a la serpentina mediante una línea depurada, brillante en sí misma, liberada de color. Podría pensarse que, en este proceso de decantación, Camino se libera al mismo tiempo de anteriores referentes de peso, tales como la herencia cromática que implica, por ejemplo, haber trabajado con Cruz-Diez, y, por supuesto, se libera de la rigidez del plano en función de una determinada geometría. Adquiere conciencia de que el sentido de su obra, en el fondo, no se pierde: se mantiene, al punto de que puede hasta desprenderse del color. Y con ello, se va desprendiendo de otros elementos. Anny Bello, en su texto de presentación lo explica de esta manera: “Va del volumen al plano bidimensional. Dibuja el ángulo frontal y lateral de la serpentina, conquistando la síntesis de la figura, en la que pierde por momentos la relación con el objeto representado”. En efecto, paradójicamente, la abstracción parece volver a tener sentido. La simplificación de la línea es tal, que las referencias específicas parecen comenzar a perderse en algunas piezas, quedando como formas puras que se manifiestan en la sutileza de un trazo caligráfico.

SUSANA BENKO

Fran Camino, por Susana Benko | artnexus